Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Minuto 91

Al Mallorca le urge un presidente que viva en Palma

Kohlberg aterriza el domingo en la isla después de tres meses, demasiado tiempo para un club que necesieta un alto ejecutivo que trabaje en el día a día y dé la cara

Javier Aguirre se dirige a los jugadores en el día de su estreno como entrenador del Mallorca.

La enésima crisis que cada cierto tiempo afecta al Mallorca ha vuelto a demostrar la necesidad que tiene el club de que el día a día de la entidad deba ser administrado por un alto ejecutivo, a poder ser accionista. Y desde Palma. Alfonso Díaz, CEO de Negocios, tendrá muchas virtudes, pero no se encuentra entre ellas el don de la palabra. Aumentado en el caso del director deportivo Pablo Ortells, nervioso cuando tiene que hablar en público y fuera de sitio en muchas de sus manifestaciones. Que para tomar una medida drástica, como lo es siempre la destitución de un entrenador, se tenga que consultar la decisión a nueve mil kilómetros de distancia, clama al cielo. El Mallorca necesita un presidente ejecutivo que viva a diario lo que ocurre en el club. Andy Kohlberg, que reside en San Diego (California) llegará el domingo a Palma tras ver al equipo en Getafe tres meses después de que lo hiciera por última vez. El 2 de enero vio al Barcelona en Son Moix y ya no se le ha vuelto a ver el pelo por la isla, ni siquiera con motivo de la visita del Real Madrid el pasado día 14. Al club le hace falta un ejecutivo que sepa lo que piensa el aficionado, cómo respira, lo que los medios de comunicación dicen de la entidad, un presidente que se siente en el palco cada domingo. La decisión de destituir a Luis García fue de Ortells, que precisaba de la aprobación de Kohlberg. ¿Pero qué papel ha jugado Graeme Le Saux, miembro del Consejo de Administración, persona de confianza de los propietarios en temas deportivos? Dejar todo en manos de Díaz y Ortells, por muy en permanente contacto que estén con Estados Unidos, resulta arriesgado en un club de Primera División, donde cualquier mala decisión te puede costar muy caro. 

Riesgo máximo

Hasta ahora no hay porqué dudar del compromiso de Sarver y sus compañeros para con el Mallorca. Dijeron que se marcaban un plazo mínimo de cinco años y ya llevan seis. Cogieron un club con una deuda astronómica y ahora está saneado. Pero un posible descenso a Segunda, ahora más cerca que nunca, crea dudas sobre lo que puedan hacer los propietarios norteamericanos. Sobre todo en la reforma de Son Moix, que si nada se tuerce debe comenzar cuando finalice la temporada. ¿También con el equipo en Segunda? La Primera División es el mayor activo de la entidad. Que el club siga en ella dependerán la mayoría de las decisiones que se tengan que adoptar, la primera la continuidad o no de los actuales propietarios.

 

La ínfima presencia de jugadores

en la despedida de Luis García no es la mejor señal para intentar vender la pretendida unión del vestuario. Solo seis jugadores hicieron acto de presencia, muy pocos, en una plantilla en la que hay futbolistas con motivos para estar molestos por su escaso o nulo protagonismo a lo largo de la temporada. La indiferencia ante la salida del madrileño ha sido su respuesta.

Ya te Bale

Este es el magnífico titular del diario AS tras los dos golazos del galés con su selección a Austria, que le mantiene vivo en su lucha por estar en el próximo Mundial. Y es que Bale ha jugado más en el último año con su selección que con el club que le paga 17 millones por temporada. Ante el Barça se borró por unas molestias. Un profesional lamentable.

Compartir el artículo

stats