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Diario de Mallorca

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Opinión

Otra lección de vida de Rafa Nadal, por Emilio Pérez de Rozas

Rafa Nadal celebra el triunfo en Australia.

Vince Lombardi es de los hombres importantes en la historia del deporte. Vince Lombardi fue un gurú, casi un dios, del fútbol americano, tanto que el trofeo de la Super Bowl, la guinda que corona uno de los mayores espectáculos deportivos de cada año, lleva su nombre.

Y Lombarbi, además de muchísimas citas y frases, dejó escrita una verdad única que viene que ni pintada a la trayectoria del que ya todos consideran uno de los grandes monstruos del deporte mundial y mejor tenista de todos los tiempos, el mallorquín Rafael Nadal Parera: “El único lugar donde el éxito está antes que el trabajo es en el diccionario”.

Por si alguien lo dudaba, Nadal se ha convertido este domingo en el tenista más grande de todos los tiempos al conseguir su Grand Slam nº 21 y desempatar con otros dos monstruos: Roger Federer y Novak Djokovic. Y Nadal, 'Rafita', lo ha conseguido emergiendo del infierno, superando seis horribles meses sin competir, una lesión que no tiene cura y un covid-19 de última hora, en plena preparación del Open de Australia. Ya es el mejor (de momento) y lo es después de demostrar que su cabeza es más dura que su cuerpo y que, cuando uno antepone el trabajo a todo, acaba convirtiéndose en el mejor de la historia.

Lo dijo el otro día: “Estoy orgulloso de estar físicamente vivo”. Y es que Nadal (y todo su maravilloso equipo, liderado por Carlos Moyá) se concedió una nueva oportunidad cuando ni siquiera sabía si, con el escafoides roto de su pie izquierdo, podría volver a jugar a tenis, no ya a competir, no ya a ganar, ¡a competir!

Nadal no viajó a Melbourne a por su Grand Slam nº 21, Nadal no perseguía la gloria (la tiene a toneladas y bien merecida) en ese viaje a Australia. Nadal quería sentirse vivo, recuperado, competitivo, tenista al fin. “Rafa ha trabajado muy, muy duro durante los últimos meses para tratar de volver a empezar y lo ha hecho con gran intensidad y sacrificio, pero con mucha incerteza por la evolución de su pie izquierdo. Y, cuando estaba ya listo para subirse al avión, rumbo a Australia, se contagió de covid-19 y lo pasó fatal”, cuenta un miembro de su equipo.

Pero Nadal tiene algo que muy pocos tienen: autoexigencia y una capacidad increíble de superación. Su único objetivo fue ilusionarse de nuevo, volver a ser competitivo, disfrutar del tenis. Y lo ha logrado. La victoria épica, inmensa, de las que entrarán en la historia del tenis (como tantas otras del manacorí), no entraba en sus planes pero al llegar a la final, esa mente, ese cuerpo, ese equipo, esa pasión se transforman y hacen que ni siquiera perder los dos primeros sets sea obstáculo para conseguir su mayor triunfo de todos los tiempos. Como diría Lombardi, el éxito ha sido su trabajo, su sacrificio, volver a estar ahí, en el lugar donde solo están los mejores, los únicos, los privilegiados.

Y hacerlo, sobre todo, con las maneras, el estilo, la personalidad y el ‘tarannà’ que solo posee Rafa Nadal. Nadal hubiese sido incapaz de montar el 'show' de Novak Djokovic y, mucho menos, de hacer trampas para entrar en Australia. Nadal hubiese sido incapaz de hacerle una peineta al público como hizo Nick Kyrgios en la semifinal de dobles. A Nadal jamás se le hubiera ocurrido justificar una derrota llamando “corrupto” al árbitro, como hizo Denis Shapovalov. A Nadal nunca hubiese llamado “¡imbécil!” al juez de silla español Jaume Campistol como hizo Daniil Medvédev.

Puede, sí, que muchos lo consideren excesivamente correcto, hasta inmaculadamente perfecto. Puede. Pero Rafael Nadal Parera, a sus 35 años y ya 21 grandes títulos en sus vitrinas, solo quiere seguir disfrutando en la pista y, como acaba de reconocer el no menos inmenso John McEnroe, hacer disfrutar a los demás con su despliegue físico y tenis al límite.

“A Nadal lo ves jugar y te preguntas ¿de dónde ha salido este hombre?”, explica McEnroe. “Yo jamás pensé que se podía jugar así a tenis. Sin duda es quien más amor y pasión pone en la pista. Todos creíamos que, viéndole jugar con esa intensidad durante los últimos 15 años, no podía durar mucho, pero está rodeado de un equipo increíble y él es un ser humano de los que rara vez te encuentras en la vida, de esos que, con la mente, supera todos los problemas corporales. Tiene una fuerza mental que es una locura, hasta el punto de que ha mantenido una actitud positiva cuando la mayoría de las personas estarían apagadas, abatidas o ya habrían abandonado. ¡Ojalá dure más años así!”.

Así es Rafael Nadal Parera, alguien que persigue el éxito con trabajo, con pasión, con dedicación intensa e inigualable, consciente, sabedor, de que hoy está en la final de un Grand Slam como premio a su sacrificio y entrega. Y vivir esa nueva (vieja) experiencia tras seis desesperados meses de incertidumbre es su mayor éxito. El de siempre. Ya ven, una nueva lección de vida. Cinco horas y 24 minutos que jamás olvidaremos, como tantas otras gestas de este ejemplo de deportista, único.

Como diría el gran Cantinflas "lo difícil lo hago de inmediato, para lo imposible tardo un poquito más"

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