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Clásicas
Lluís Mas Ciclista del Movistar

«Hay momentos de la París-Roubaix en que comes fango, no ves»

El ciclista mallorquín admite que sufrió en la clásica de un día, pero desea volver: «Llego a disfrutar en este tipo de carreras»

Un momento de la clásica París-Roubaix. | MOVISTAR

El corredor de ses Salines, que el próximo día 15 cumple 32 años, asegura que viene de participar en lo más parecido al infierno, la París-Roubaix, que acabó junto a otros 95 ciclistas, de 174.

La París-Roubaix es conocida como el ‘Infierno del Norte’. Un nombre que ni pintado. ¿Estamos hablando de una prueba de supervivencia?

Es una carrera muy complicada por las condiciones meteorológicas, pero al fin y al cabo es una carrera más. Me molestan las manos, pero me voy recuperando del esfuerzo.

¿Qué le pasa a sus manos?

Es como si las tuviera golpeadas. Por culpa del pavés hay mucho impacto, me han salido dos llagas. Tengo los dedos hinchados, como si te hubieras pegado con alguien. Con el pavés vibras todo el tiempo, en total corrimos 60 kilómetros sobre adoquines. Es muy peligroso porque es como si fueras sobre una placa de hielo. De ahí tantas caídas. Sobre seco es muy dura. La rueda cabe entre dos adoquines según el tramo, y sobre mojado esto se acentúa. La gente caía sola, y te la encontrabas en el camino. Lo mejor es no tocar el freno e intentar esquivar al que tienes por delante de la forma que sea.

Usted ya conocía la París Roubaix de su etapa de juvenil.

Sí, pero no tiene nada que ver a la carrera del domingo. Aquel día hubo una ola de calor. No había participado en la París-Robouix de profesional, pero he hecho tramos en otras carreras por los que había pasado. El kilometraje es como el Tour de Flandes, sobre los 250 kilómetros. La vibración te fatiga más que cualquier otra carrera.

En una carrera de este tipo se sufre. ¿También se disfruta?

Es la carrera más dura, pero a la vez tiene este algo especial. Se sufre pero también se disfruta si te gustan este tipo de carreras. A mí me gustan. La tenía pendiente. Sufrí mucho, pero estoy deseando que llegue el año que viene para volverla a correr porque ahora sé dónde me he equivocado y qué cosas tengo que corregir. Sabes dónde te has de colocar, lo que hacer. Este año iba a ver cómo iba la carrera, sin más pretensiones que acabarla.

¿Se la imaginaba tan dura?

Fue como me la imaginaba. Dos días antes vimos repetida la París-Roubaix de 2002, el último año que llovió, y sabía a lo que me enfrentaba. Si sales con la mentalidad de que habrá fango y lluvia, ya te elimina en parte.

Habla usted de que había mucha miseria en la carrera. ¿A qué se refiere?

Porque lo pasas muy mal, ves a la gente que cae, que pincha, corredores que esperan a que le traigan una rueda. Tengo un compañero que esperó tres minutos a que le trajeran una nueva bicicleta. Hay momentos que comes fango, que no ves.

¿En una etapa así da tiempo a pensar?

A pensar en alcanzar al grupo que tienes delante o ir en compañía de otros corredores para que no te dejen solo, para tener una referencia.

La prueba solo la acabaron 96 corredores de 174 ciclistas. Esto lo dice todo.

Sí. Yo acabé el 94, con un tiempo de seis horas y 28 minutos, a algo menos de dos minutos del vencedor (el italiano Sonny Colbrelli). Por dos minutos no me quedé fuera de control. Detrás mío llegaron más corredores, pero fuera de control, por lo que no quedaron reflejados en la clasificación.

¿Llegó a temer por su integridad física?

En el tercer tramo caí, y poco después rompí el cambio, y después tuve otro problema con la bici. Todo se quedó en un golpe en las costillas. En los primeros tramos temes una caída y hacerte daño por la gran cantidad de corredores que hay, pero con el paso de los kilómetros cada vez quedaba menos gente e ibas más tranquilo. Vas muy alerta a no caer.

¿En algún momento se le pasó por la cabeza abandonar?

La verdad es que no. Tras la caída me levanté lo más rápido posible para no abandonar el grupo. No tuve problemas de debilidad. El objetivo era seguir y llegar a meta.

¿Qué sintió al llegar al velódromo de Roubaix? ¿Entrar a meta en estas condiciones es como ganar?

Mucha emoción, toda la gente con las gradas llenas que te animan, la satisfacción propia de que hemos llegado. Un compañero de entrenamiento, Xavi Llovet, antes de empezar la prueba me dijo que en el velódromo de Roubaix solo hay un ganador, pero no hay perdedores. Y tiene razón. Llegar a meta fue una gran alegría.

¿Sabía que llegaba dentro del tiempo?

No tenía ni idea. Faltando 50 kilómetros sabíamos que íbamos a doce minutos del líder. Perdí la emisora en la segunda caída y con ello toda la información.

Un momento de la clásica París-Roubaix.

Un momento de la clásica París-Roubaix. Movistar

¿Es la carrera más difícil que ha corrido nunca?

Diría que sí, pero por las condiciones climatológicas. Es muy parecido al Tour de Flandes, otra clásica de muchos kilómetros. La diferencia reside en si hace o no buen tiempo.

¿Cómo se recupera uno después de una prueba de esta dureza?

Masaje y a rodar. He descansado dos días, pero mañana (por hoy) voy a hacer cuatro horas de entrenamiento. Con la París-Roubaix he acabado la temporada, pero no me gusta terminar de golpe, sino hacerlo de forma gradual.

¿Cuál es el proceso del equipo para elegir a los corredores para una determinada carrera? Usted es un hombre de clásicas. ¿Quería participar en la París-Roubaix?

A principio de año se hace el calendario de lo que tú quieres y de lo que el equipo quiere de ti. Yo hacía las clásicas, y Movistar tiene un equipo de corredores de clásicas. Los tres queríamos ir (Iván García Cortina, que acabó el 27; Imanol Erviti, que se retiró lesionado tras una caída, y el propio Lluís Mas).

Está a punto de cumplir 32 años y pactada su renovación una temporada más por Movistar. ¿Hasta cuándo se ve como profesional?

Ahora los hay que se retiran con 40. Me siento joven. Mientras tenga la misma ilusión por competir no veo el día de dejarlo. Cuando se me quiten las ganas de entrenar será otra cosa.

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