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OPINIÓN

¿Un gran actor?

Un gran actor? Ante la comparecencia de Messi ante la prensa nacional e internacional en Barcelona, es la principal pregunta que cualquier espectador objetivo se podría formular. Porque tras las consabidas lágrimas iniciales - de cocodrilo o sinceras, un clásico en las despedidas de futbolistas - el astro argentino enhebró un discurso vacío y lleno de generalidades. Sin aportar nada nuevo a las informaciones ya conocidas.

A medida de que los periodistas iban preguntando, se desveló una actitud calculadamente neutral, casi fría. Porque muy probablemente, había algo que ocultar.

Como por ejemplo, que tenía atado su futuro desde hace tiempo. Con un cruel mensaje final: «Aquí os quedáis, que yo seguiré ganando». Ha hecho bien el jugador en no rebajarse aún más el sueldo viendo que sus compañeros de vestuario no se han dignado a ello. Tampoco es en absoluto censurable el cambio de equipo, pues la vida del futbolista es corta. Futura escuadra que es directa rival del Barcelona en la próxima Liga de Campeones. Habrá quien se sorprenda de la voluntad del jugador a seguir al máximo nivel y no aceptar un retiro dorado en la liga norteamericana o en el Golfo. Pero hablamos de un ganador nato: más que la «Champions» - que también - su objetivo es el próximo Mundial. Ganarlo le aseguraría entrar en el Olimpo del fútbol, si no lo está ya. Al lado de Johan Cruyff y de su ídolo, Afredo Di Stéfano. Es por ello que necesita jugar en Europa. No en Japón o Qatar, tal como hicieron en su día Iniesta o Xavi.

¿Improvisado? Difícil de creer. Quien sepa algo de negociaciones deportivas, sabrá que en según qué contratos - se habla de 70 millones de euros entre ficha y prima - intervienen decenas de profesionales: abogados, asesores fiscales, economistas, gestores patrimoniales…. incluso notarios. Por las dos partes, por cierto. Por todo ello, suelen constar de centenares de folios y lo que es obvio es que no se improvisan en cuarenta y ocho horas. Se pedía pues sinceridad, nada más. Lamentablemente, ni el club - el otro gran silente de la situación, algún día se deberá saber el porqué Laporta escuchó más a Florentino que a Tebas - ni el jugador han dado una versión razonable de la marcha del «diez».

Ante todo, gratitud por las tardes de buen fútbol ofrecidas. Pero sinceramente, para este viaje, no se necesitaban alforjas. Como epílogo, la desafortunada alusión a un «estado de «shock»: hubiera sido más elegante ahorrar el comentario con setenta millones por cobrar. Más que nada, por delicadeza hacia todos los enfermos mentales de este país. Que, por cierto, lloran solidariamente la marcha del que haya podido ser el mejor jugador del mundo... hasta que venga otro.

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