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Entrevista
Natalia Romero Atleta y profesora de la UIB

«Ahora entiendo a la gente que se tatúa los aros de los Juegos Olímpicos»

«Cuando me clasifiqué para Tokio me felicitaron hasta mis alumnos», destaca orgullosa la profesora de Fisioterapia de la Universitat

Natalia Romero, en el Campeonato de España en Getafe. |  RFEA/MIGUELEZ TEAM

Natalia Romero, en el Campeonato de España en Getafe. | RFEA/MIGUELEZ TEAM

«Trabajo en la universidad a jornada completa. Soy profesora en la Universitat de les Illes Balears (UIB) en el grado de fisioterapia. Llevo siete años», explica Natalia Romero que, a los 32 años, se ha clasificado para el 800 de los Juegos Olímpicos con una brillantez que despierta la pasión. Su actuación en el Campeonato de España fue memorable. «Llevo veinticinco años entrenando y al fin lo he logrado», explica ella misma, ejemplo insobornable de voluntad. «Tengo épocas muy malas en la universidad. De septiembre a enero tengo muchas clases. Puedo tener días de hasta 8 horas de clases prácticas y lo compagino con el volumen de los entrenos seis días a la semana. En esos meses intento hacer las series los fines de semana. De otra forma, con el cansancio, no puedo. Y, aunque yo no paso de los 60 kilómetros semanales, meto mucha intensidad», destaca.

Doble mérito el suyo entonces.

Bueno, pero como a mí me gusta mucho…

Una profesora universitaria en los Juegos Olímpicos.

Ahora que lo dice.

Ha llegado usted a tiempo.

Yo hacía 400 hasta hace seis años. Fue cuando entré a la universidad. Me cambié de prueba porque en 400 no avanzaba. Me veía limitada porque, además, mi primer año en la universidad fue muy duro. Era difícil entrenar, sobre todo la velocidad y entonces pensamos en probar en el 800 antes de dejar el atletismo porque, sin prepararlo específicamente, ya tenía 2:06.

Pero hoy quiero analizar con usted la carrera de Getafe en el campeonato de España. Tiró a muerte desde la primera zancada.

Me gusta salir rápido el primer 200 y pasé en 59 e iba cómoda. Entonces me dije, ‘vamos a mantener esta velocidad de crucero’ y, aunque el último 200 se me hizo difícil, lo logré.

¿No da vértigo salir tan rápido?

Sí, da vértigo. Pero, ¿sabe?, yo solo me planteaba cada paso. Nada más. Miraba el reloj sin interpretarlo. Solo era información para mí, porque iba totalmente concentrada en correr. No pensaba en nada.

¿Se corre mejor sin pensar?

Cuando piensas demasiado no te ayuda, te limita, lo tengo más que comprobado. Si me pongo a pensar en lo que me duelen las piernas yo misma me limito. Y no quiero eso para mí. Por eso no pensé en nada. Ni siquiera donde estaban las demás. No quise saber nada de los riesgos. Preferí evitarlos.

¿Y sin pensar se puede ser finalista olímpica?

No le sé decir. Pero es lo que buscamos. No quiero pensar en nadie más que en mí porque todo puede depender de mí. Estoy para hacer marca personal. Si toco el 2:01 y si sale una buena carrera ¿por qué no voy a hacer 2:00? Pero no queda otra que salir a disfrutar. No quiero terminar y decir ‘se podía haber hecho mejor’. Es lo único que no quiero que pase.

A una profesora de universidad la imagino perfeccionista.

A veces demasiado. Sobre todo soy muy, muy exigente. Pero, mira, en el segundo semestre del año conmigo no ha suspendido ningún alumno. Pero también es verdad que nadie ha sacado un diez.

¿Va a sacar usted un 10 en los Juegos Olímpicos?

Si paso una ronda, creo que sí

Y a los 32 años. Usted ya tiene 32 años.

Nunca he entrenado a saco. Nunca he doblado sesión. No me he machacado mucho. Las lesiones me han respetado excepto una lesión el año pasado en la fascia plantar. Pero estoy bien quitando esas molestias que vienen y van para todos los atletas. De hecho, no he tenido que modificar este año ningún entrenamiento por una molestia.

Todos somos Natalia Romero.

Gracias.

¿Vive usted en una nube?

Vivo en un ‘boom’ de emociones. La noche tras el Nacional no pude ni dormir de la emoción. Al día siguiente tampoco. Me pusieron la vacuna Pfizer y me dio fiebre y tampoco dormí. Y luego cuando se actualizó el ‘world ranking’. Y no quiero ni contar cuando salió mi nombre en la selección. Me felicitaron hasta mis alumnos porque salió en la prensa.

Es usted importante.

Cada uno en su casa lo es.

Siempre le quedará el verano de 2021, Natalia.

Ahora entiendo a la gente que se tatúa los aros de los Juegos.

¿Y usted se los va a tatuar?

Nunca me he hecho un tatuaje pero si me haría alguno sería ese: los aros de los Juegos.

Quedará para toda la vida.

Pero es que los Juegos me van a marcar para toda la vida. Llego tarde pero a tiempo con 32 años. Pero ahora es cuando estoy mejor de mi carrera deportiva. Y he sabido llegar. He podido llegar. Siempre sentí inalcanzables los Juegos. Yo los veía desde mi casa. Sentía que eso era para otros, que ahí no estaba mi lugar.

¿Y cómo se vive en una nube?

Se vive muy bien. Pero por suerte mi novio le pone cabeza. Él es mi compañero de entrenamiento porque mi entrenador está en Madrid y mi novio sabe interpretarlo. Sabe lo que me viene bien por exceso o por defecto, si necesito una más o una menos. Pero la verdad es que estamos muy contentos, «la que hemos liado», nos decimos y disfrutamos al escucharnos.

La que hemos liado, dicen.

Nunca lo pensamos. Hasta mis padres están locos de felicidad y como Jaén, que es mi ciudad, es una ciudad pequeña… Sobre todo en mi barrio en la Alcantarilla todo el mundo se ha enterado. Y cogen a mis padres. Y los paran por la calle. Y me han escrito hasta antiguos compañeros de carrera que llevaba sin verlos desde 2009 cuando terminamos.

¿De quién se acuerda ahora?

En 25 años he pasado de todo. También las ha habido malas. Muy malas, sobre todo en pista cubierta. Pero todos los deportistas deben saltar obstáculos para llegar a unos Juegos. La clave es no tirar la toalla y no es tan fácil. Pero lo he logrado.

¿Qué entrenó hoy?

Hoy hice 2 miles en 2:49 y 2:46 y dos 400 en 60 segundos con un minuto de recuperación.

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