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Cartulina morada | El trauma no es de Osaka, es de Toni

Naomi Osaka

Después de cantar línea, hace solo unos días, con la polémica felicitación al Villarreal tras la consecución de la Europa League, los Nadal -sobrino y tío- han repetido bingo con unas lamentables declaraciones realizadas, al ser cuestionado el primero y sin venir a cuento el segundo, sobre la depresión que ha llevado a Naomi Osaka a abandonar Roland Garros. Por méritos, empiezo con el tío de la criatura, que se las trae. Tras conocerse que la número 2 del mundo abandonaba hace ahora una semana el Abierto francés, incapaz de hacer frente a las ruedas de prensa post partido por la ansiedad y angustia que en ella provocan, Toni, que de tenis debe saber mucho, pero que del trato con las personas ha demostrado saber más bien poco, decidió escribir una columna en El País poniendo en duda el estado anímico de la tenista nipona. Seguramente aburrido, después de que su nuevo pupilo cayera en la primera ronda del torneo parisino, el exentrenador de Rafel sorprendió con lindeces del tipo: «Me parece inaudito que, si (Osaka) estaba afectada por tales males, no lo comunicara a la organización del torneo mediante un parte médico», «es cuando menos sorprendente que la angustia le devenga ante los periodistas, en mayor medida que ante sus contrincantes» o «su postura daba una impresión ciertamente retadora para venir de una persona que está sufriendo problemas emocionales tan perturbadores». Son solo tres ejemplos, aunque les puedo asegurar que podría pegar en estas líneas la totalidad de su mezquina columna. Hasta donde yo sé, ni el Grado de Psicología, ni el de Medicina, constan en su currículum de entrenador al lado de los 69 títulos que le ha proporcionado su sobrino en el palmarés. Ni conoce las circunstancias de Osaka, ni es quién para poner en duda su estado psíquico o psicológico. Sus afirmaciones son despreciables y rastreras y su falta de empatía con la tenista, repugnante. Lo más triste de todo es que, antes de leer su columna, me la podía imaginar. Por su parte, Rafel se mostró algo más comedido, tarea harto sencilla teniendo en cuenta los precedentes. El manacorí aseguró entender «la postura de Osaka, pero… -¡Ay! Esos dichosos ‘peros’- «pero por otro lado, sin la prensa, sin la gente con la que normalmente viajamos o que está con nosotros, que escribe las noticias de los logros que tenemos en todo el mundo probablemente no seríamos los atletas que somos hoy». Esa prensa de la que habla Rafel no debe ser la misma a la que intenta evitar saliendo por la puerta de atrás en el aeropuerto de Son Sant Joan, cuando aterriza tras disputar alguno de los grandes torneos. Era tan fácil empatizar con Naomi y mostrarle su apoyo, que de verdad me cuesta entender esta falta de condescendencia. Ojalá Rafel nunca tenga que pasar por lo mismo que Osaka, o sí, y así quizás podría empezar a entenderla.  

¿En serio? La gimnasia artística no tiene derecho a comportarse con Cintia Rodríguez como lo ha hecho

Si alguna vez tengo niños les impediré practicar gimnasia o hacer natación. A niveles extremos, me refiero. Me parecen las dos disciplinas deportivas más sacrificadas que existen. En la mente del gimnasta y del nadador solo existe una meta, la de los Juegos, y da igual las horas y el sufrimiento que ello suponga si el fin es ese. A Cintia Rodríguez una lesión en la rodilla le ha hecho poner punto y final a su sueño olímpico cuando ya lo rozaba con las dedos y de verdad que me parece lo más injusto que he visto en el deporte profesional en los últimos años. Ánimo Cintia, la vida te devolverá tanto esfuerzo depositado.  

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