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La UD Ibiza rompe el techo de cristal y sube a Segunda División

El conjunto ibicenco bate al UCAM Murcia con un gol de Ekain de penalti y abre las puertas de la LFP

UD Ibiza - UCAM Murcia

UD Ibiza - UCAM Murcia

Al tercer puñetazo la Unión Deportiva Ibiza ha destrozado el techo de cristal del fútbol ibicenco. Uno a cero y de penalti llegó el ascenso que le ha quitado el sueño a cuatro generaciones diferentes de aficionados. Tres de ellas estaban ayer en las gradas del Nuevo Vivero, tocando, por fin la gloria que por unas o por otras siempre se escurría. Menos de seis años después de que la familia Salvo pusiera el club en marcha, el tercer club de Vila que subía a Segunda B superaba la trampa del playoff después de un encuentro a cara de perro contra el UCAM Murcia.

El Ibiza quiso marcar territorio desde el inicio. El UCAM no le dejó y los primeros quince minutos fueron puro tanteo. Un chut de Javi Lara que paró yendo al suelo Biel Ribas desató la tormenta. Lo hizo, eso sí, en dirección contraria. De Vicente avisó con un disparo desde fuera del área que se fue alto para culminar una jugada que presagiaba el mal rato que estaba a punto de pasar la mejor defensa de Segunda B. El tiro del capitán del UCAM llegó después de una pérdida de balón de Grima ante Liberto y de dos apariciones providenciales de Rubén y Javi Pérez para taponar sendos chuts murcianos desde la frontal. Morillas volvió a ejercer de muro poco después para que el intento de Alberto Fernández quedara en anécdota. El extremo derecho del UCAM estaba solo en el costado derecho del área cuando recibió y su lentitud para armar la pierna le dio oxígeno a los celestes.

Algo más, una vida extra, otorgaron al Ibiza los reflejos de Germán cuando el crono corría por el minuto 23. Goldar remató involuntariamente contra su portería y el arquero demostró por qué solamente ha recibido nueve goles en este campeonato despejando a córner. Los nervios no se los sacudió el Ibiza hasta que empezó a apretar al UCAM aprovechando la potencia de Ekain.

El empuje del vasco –reconvertido de delantero a centrocampista para que Javi Pérez tratara de llenar en el pivote el hueco que ha dejado Manu Molina– sacó una falta peligrosa a poco más de veinte metros del arco murciano. Era perfecta para Javi Lara, pero la barrera evitó problemas a Biel Ribas y un fuera de juego frustró el córner. La acción a balón parado sirvió para reanimar al equipo de Carcedo. Ekain remató poco después con mucho peligro un córner que botó Lara al segundo palo y Castel estuvo a centímetros de allanar el camino con una estocada semiacrobática en boca de gol que Biel Ribas acertó a atrapar con el guante como si fuera un oso sacando al salmón del lecho del río.

Grima se jugó la vida desplazando con demasiada contundencia a Liberto dentro del área mientras protegía el balón. García Verdura no apreció penalti, en un aviso a navegantes nada más comenzar el segundo tiempo: cualquier error se iba a pagar muy caro. Jordi Sánchez dibujó una vaselina para ponerle la guinda a una contra eléctrica del UCAM tras un córner del Ibiza donde Javi Lara perdió la pelota. El fondo celeste respiró cuando la pelota aterrizó en la parte superior de la red. El público murciano despertó de su letargo para corear el lanzamiento de una falta lateral que le costó la amarilla a Goldar. Germán atrapó el centro de Viti, pero los amarillos empezaban a salivar ante la posibilidad de deshacer el empate que les condenaba.

El Ibiza, sin dominio en el centro del campo, se veía cada vez más exigido. En busca de la adrenalina necesaria para reaccionar Carcedo mandó a Rodado vestirse de corto. Mientras el ariete esperaba su turno para salir, el Ibiza sacó un córner, Goldar puso en aprietos con un centro chut a Biel Ribas y en la continuación de la jugada derribaron a Kike López en la frontera del área. ¿Dentro o fuera? García Verdura dudó pero su asistente le señaló el punto fatídico. Y hasta allí, serenísimo, horas después de que sus amigos de Amorebieta hubieran demostrado que el fútbol a partido único es una factoría de milagros tras eliminar al Badajoz ante su público, se dirigió Ekain Cenitagoya Arana, vizcaíno de Durango, otro que no entraba en las quinielas. El hombre en la sombra que, al mismo tiempo, sirve para todo se puso bajo el foco. Y, como ha ocurrido tantas veces en el cine, el actor secundario era el propietario de la frase más recordada de la película.

Dos pasos, disparo con la derecha y locura en el fondo donde estaban las peñas del Ibiza, que vieron la pelota entrar en la portería de forma inmejorable. Salmerón introdujo dos cambios de golpe (ninguno fue Aketxe, que tuvo que esperar hasta el 85 para suplir al compañero que le ha quitado el puesto, Xemi), Carcedo paró rápidamente el cambio de Rodado y le puso el mono de trabajo a Pardo, que entró por Ekain, roto muscularmente al despejar una pelota en defensa apenas cuatro minutos después de haber marcado el penalti.

Veinte minutos infartantes

Quedaban veinte minutos infartantes. La megafonía recordaba que la euforia no vulnerara la prudencia pandémica y el Ibiza creía que la mejor prudencia es una buena contra. Conducida por Castel y transformada en pase de gol por Javi Vázquez, que acababa de entrar en el campo, Davo estuvo a punto de transformar en el segundo una buena cabalgada del Ibiza. El trallazo del guaje de Gijón se estrelló en el larguero y rebotó contra el césped sin nadie cerca para tumbar definitivamente a la UCAM. La esperanza murciana, sin embargo, estaba hecha trizas desde el penalti de Ekain. Quedaba esperar al pitido del árbitro, que finalizaba un playoff y, al mismo tiempo, daba inicio a un tiempo histórico: el de un club ibicenco en Segunda División.

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