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Tenis

Nadal, el hombre que no se cansa de ganar

Con su increible victoria en el Godó, el mallorquín suma 18 años seguidos conquistando al menos un título, una gesta única

Nadal posa con el trofeo Conde de Godó, conquistado el domingo.

Nadal posa con el trofeo Conde de Godó, conquistado el domingo. Efe

Rafael Nadal Parera (Manacor, 34 años) lo ha vuelto a hacer. En la final más emocionante de las doce que ha disputado en el Real Club de Tenis Barcelona, todas ellas sin mácula, es la que más ha sufrido. Y es que delante tenía al tenista más en forma del momento, el griego Stefanos Tsitsipas, número cinco del mundo, vencedor hace dos semanas en el Masters 1.000 de Montecarlo y que llegaba a la cita con Nadal con 17 sets ganados de forma consecutiva. Por esto y mucho más tiene valor la victoria del mallorquín. Es verdad, es un ATP 500, pero bien podría ser la final del próximo 13 de junio en Roland Garros porque, ahora mismo, y sin menospreciar a otros ilustres, son los dos mejores jugadores sobre esta superficie.

La victoria del nuevo número dos del mundo -ha desbancado al ruso Daniil Medvedev- permite a Nadal seguir su idilio con la victoria. Con su triunfo en el Trofeo Conde de Godó, prolonga a 18 años de forma consecutiva en que finaliza el ejercicio con al menos una victoria, gesta que ningún otra tenista en la historia de este deporte ha alcanzado. Djokovic, con un año menos que Nadal, aparece como segundo en esta estadística, con dieciséis años ganando de forma ininterrumpida. Desde que en 2004, con 18 años recién cumplidos, se impuso en la tierra de Sopot (Polonia), el manacorí no ha parado de levantar trofeos, hasta un total de 87 con el conquistado en Barcelona, lo que le ha permitido ser el jugador que más tiempo ha permanecido en el ‘top 10’ mundial con 813 semanas.

Él más que nadie valora que, a poco más de un mes de cumplir 35 años, el tenis le siga dando tantas satisfacciones. Nadal superó a un chaval de 22 años en casi cuatro horas de partido. Cualquier otro hubiera arrojado la toalla tras perder el segundo set en la muerte súbita. Pero Nadal está hecho de otra pasta. Es un ganador nato y nunca se rinde. Las declaraciones de un abatido Tsitsipas al término del partido no difieren de las de otras muchas víctimas del mallorquín a lo largo de su carrera: “Ante Nadal siempre juegas una bola más”. Y es que, cuando parece que está a tu merced, siempre se saca de la chistera esta pelota imposible que le devuelve al partido. Y es cuando el rival se agarrota y le entra el miedo al tener delante a una figura única en el tenis y en el deporte mundial.

Nadal ha sabido reinventarse con la edad. Muchas de las virtudes que le adornaron en su mejor etapa las ha suplido con sapiencia y saber cómo moverse en cada momento. A las órdenes de Carlos Moyá ha mejorado mucho el servicio -aunque francamente mejorable en este Godó- y el juego de revés. Eliminado en los cuartos de Montecarlo por el ruso Andrei Rublev, dejando muchas dudas en su juego, en Barcelona ha ido de menos a más. Demostró una gran mejoría en semifinales ante Pablo Carreño, pero faltaba comprobar si le sería suficiente ante Tsitsipas. Y vaya si lo fue.

Con el Masters 1.000 de Madrid a la vuelta de la esquina y con la duda de su participación en Roma, Nadal ha presentado de nuevo su candidatura a Roland Garros, su torneo fetiche, donde solo ha fallado dos veces. Primer aspirante a su decimocuarto título, que se dice rápido, el rey de la tierra buscará, además, romper el desempate con Roger Federer en la carrera por ser el jugador con más títulos de Grand Slam de la historia. Si gana en el Bois de Boulogne serán 21 grandes títulos y dejaría a tres de distancia a su gran rival, Novak Djokovic, que con su sorprendente eliminación en Belgrado está dejando muchas dudas en esta temporada de tierra.

Nadal, que conquistó el domingo su título 61 sobre tierra y su victoria 452 en esta superficie, ha vuelto a demostrar que está dispuesto a dar mucha guerra todavía. Insaciable, disfruta casi tanto de competir como de ganar. De ahí su explosión de alegría tras su victoria ante el griego, más propia de haber ganado un grande que de un torneo que has ganado once veces. En este tipo de situaciones hay que encontrar algunas de las claves de su grandeza. Se toma con el mismo interés un Grand Slam que un 500 y compite igual en un entrenamiento que en un partido. Por eso se hace imposible ponerle una fecha de caducidad, ejercicio en el que tantos están volcados desde hace mucho tiempo. Mientras dé el nivel, hay Nadal para rato, para suerte de los amantes del tenis, al que el mallorquín, Djokovic y Federer entre otros muchos han contribuido a engrandecer.

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