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Miguel Sánchez Cuenca: «Trabajar para el Luna Rossa es como si me hubiera llamado Ferrari»

El meteorólogo mallorquín Miguel Sánchez Cuenca inicia mañana con el equipo italiano la final de la Copa América en Nueva Zelanda

El mallorquín Miguel Sánchez Cuenca posa ante el Luna Rossa Pirelli Prada en el puerto de Auckland en Nueva Zelanda.

El mallorquín Miguel Sánchez Cuenca posa ante el Luna Rossa Pirelli Prada en el puerto de Auckland en Nueva Zelanda. LUNA ROSSA PIRELLI PRADA

«No soy Rafel Nadal», se apresura a aclarar con humildad y una sonrisa Miguel Sánchez Cuenca cuando descuelga el teléfono para atender la llamada de este diario. Cierto, no lo es, pero este prestigioso meteorólogo mallorquín inicia mañana en Auckland (Nueva Zelanda), como miembro del Luna Rossa Pirelli Prada, la lucha por tocar el cielo de la vela. «Es un sueño ganar la Copa del América», explica ilusionado el también regatista del Club Nàutic s’Arenal (CNA), que es consciente que la lucha contra los anfitriones del Team New Zealand se antoja apasionante. «Tenemos posibilidades, aunque prefiero no pensarlo mucho porque sería una pasada, no me quiero meter más presión de la que toca», confiesa acerca de lo que supondría conquistar la regata más antigua y prestigiosa del mundo.

Y no será porque ‘Capi’, como le conocen en su deporte, no tenga experiencia al más alto nivel. Licenciado en Físicas -Meteorología-, ha ganado como tripulante regatas nacionales e internacionales -campeón de Europa juvenil de 420, el Princesa Sofía, Copa del Rey ¾ ton-. Además, fue entrenador olímpico de 470 en los Juegos de Sídney en 2000 y fue el responsable de la previsión meteorológica de navegación en la Copa América de Valencia en 2007 con el Mascalzone Latino -fueron quintos- y en cuatro Juegos Olímpicos con la selección española.

Sin embargo, ahora afronta la oportunidad de su vida ganada tras superar al American Magic estadounidense y al Ineos británico en la Copa Prada para plantarse en este desafío ante los ‘kiwis’. «Trabajar para el Luna Rossa es como si en la Fórmula Uno me hubiera llamado Ferrari, dije que sí sin pensármelo mucho», desvela. Su papel es clave para sacar el máximo rendimiento a un barco diseñado para hacer historia. Lo explica con un ejemplo. «La decisión de ir a buscar un sitio en el que no haya mucho viento para entrenar supone que se levanten a las cinco de la mañana unas ciento veinte personas. Si después no lo hay, está claro que se acordarán de mí», cuenta entre risas. «Mi tarea principal es la elección de las velas en función de las condiciones que nos encontraremos. Eso es una parte importante del juego y esta información la filtro con el entrenador, Vasco Vascotto, que se la sirve al equipo. Lo más difícil, pero también lo más bonito, es ayudar al equipo los días de regata aportando información», agrega.

Sánchez Cuenca tiene claro qué sería lo mejor para su equipo. «Tenemos muchas posibilidades si el rango de viento es flojo, somos fuertes en las salidas», desliza esperanzado. Acertar con la previsión meteorológica es una parte fundamental de su labor en Auckland, ciudad en la que lleva desde el 1 de noviembre. «Solo he librado cuatro días desde entonces», confiesa. «No hay mucho tiempo para distraerse, estoy en un esprint y vienes sabiendo a lo que vienes. Sabes que te van a exprimir y que vas a trabajar como un burro, por eso está bien pagado», señala. Al menos tuvo la compañía, en varias ocasiones, de los también mallorquines Jordi Calafat y Elvira Llabrés, miembros del American Magic al que el Luna Rossa apeó. «Agradecí ver a gente conocida porque al final aquí estás siempre en un mundo anglosajón e italiano. Hablamos sobre las regatas, aunque sin contar detalles porque hay mucho secretismo en estos barcos», afirma.

Sánchez Cuenca tiene la misma rutina haya entrenamiento o competición. «Me quedo en tierra, hago mejor mi trabajo. Estos barcos van muy rápido y no es cuestión de ir con una lancha detrás, ya lo probé, también para conocer mejor los campos de regatas, pero ahora ya no hace falta. Me pierdo las mangas como público, pero hago mejor mi labor», reitera. ‘Capi’, que en verano trabajará con el equipo italiano en los Juegos de Tokio, recibe un mensaje claro desde su casa. «Me dicen que no regrese a Mallorca sin la Jarra de las Cien Guineas», revela. Está claro que lo intentará.

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