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Minuto 91 | Luka Romero se suma al recuerdo a Maradona

El artista Raffo Art finaliza el mural en homenaje a Maradona en Nápoles.

El artista Raffo Art finaliza el mural en homenaje a Maradona en Nápoles.

Qué cosas tan curiosas tiene el fútbol. Cuatro días después de morir Diego Armando Maradona, el futbolista que más se le ha acercado en calidad y trascendencia, Leo Messi, marca el 4-0 del Barcelona al Osasuna, un golazo marca de la casa, con dedicatoria incluida y mostrando la camiseta de Newell’s con el 10 que le regaló Diego. Y, el mismo día, pocas horas más tarde, Luka Romero, mexicano de nacimiento pero sentimentalmente argentino, también zurdo como el de Villa Fiorito y el de Rosario, cerró la goleada del Mallorca con otra diana de bandera. Luka, que con 16 años y 11 días se convierte en el goleador más joven en la historia del Mallorca en partido oficial, con lágrimas en los ojos, como Messi ayer, le dedicó su tanto a su abuela y al héroe del Mundial de México. Ni el guionista más clarividente hubiera escrito una historia tan redonda.

El Mallorca está pendiente de presentar un contrato profesional a la mayor perla de Son Bibiloni que probablemente haya salido nunca. No podía hacerlo el club hasta que no cumpliera 16 años. Ya los tiene desde el pasado día 18, por lo que ya está tardando el club en hacérselo suyo si no quiere perderlo a las primeras de cambio. Vicente Moreno le dio la oportunidad de debutar y Luis García, como tiene que ser, lo trata con mimo. Cuentan quienes le tratan en el día a día que tiene la cabeza muy bien amueblada, que asume su papel de aprendizaje acelerado al lado de los mayores y que su tiempo, más pronto que tarde, llegará. Ayer dio un gran paso. Toda la España futbolística pudo ver la calidad de su gol, una maravilla de colocación, control, giro y remate. Y todo con solo 16 años. El Mallorca no debe dejar escapar a Luka Romero, al menos no tan temprano, y disfrutar de su indiscutible calidad.

Sin dejar a Maradona, desde el día de su fallecimiento se ha abierto el debate de sobre si se puede dejar de lado su azarosa vida privada con su gloriosa trayectoria como futbolista. Hay opiniones para todos los gustos, y todas respetables. Los hay que no han querido entrar en el debate, fundamentalmente los que han optado por glosar su figura como futbolista, en el terreno de juego, con la pelota, su objeto favorito. Pero también está la corriente, abundante, que no perdona al astro argentino su prepotencia, su pésima educación, sus problemas con las drogas y el alcohol, su relación con la mafia napolitana o las denuncias por maltrato. Sin olvidar todas estas manchas, todas execrables, también quedará para el recuerdo el gol que marcó a Inglaterra el 22 de junio de 1986 en el estadio Azteca, el mejor de la historia, solo cuatro años después de la derrota argentina en la guerra de las Malvinas. “Una cumbre invencible, el patrón de todos los goles que se marcaron antes y se marcarán después”, ha escrito Santiago Segurola del personaje que ya es comparado con Carlos Gardel y Eva Perón. Olvidar su ingente obra por su mala conducta fuera de los terrenos de juego sería del todo injusto. Lo cierto es que el mito se tragó a la persona, un genio que no conocía el término medio, ni en el campo ni fuera. El futbolista se retiró y dejó paso a un personaje estrambótico, perdido en su eterna melancolía. Me quedo con su recuerdo con un balón entre los pies.

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