La semana que ha terminado ha servido para darnos a conocer más a Joan Mir, otro deportista mallorquín que ha conocido la gloria de ser considerado como el mejor del mundo en su especialidad. A lomos de su moto, Mir ha logrado el título mundial en la máxima categoría del motociclismo, solo tres años después de haber subido a lo más alto en la categoría de moto 3. Ha sido un ascenso meteórico, pero no fruto de la casualidad. Hemos descubierto, en lo deportivo, un trabajo de años, que ha ido quemando etapas, EN LA que se han sumado unas cualidades innatas, un saber competir y una mente análitica propia de los campeones. Todo ello en una marca familiar, con un presupuesto muy por debajo de otras grandes fábricas, como Honda, Ducati o Yamaha, que atesoran todos los títulos desde que Kenny Roberts Junior le diera el último a Suzuki.

Nada ha de empequeñecer esta gesta del mallorquín, ni la ausencia de Marc Márquez tras su lesión por las reiteradas y graves caídas, ni lo atípico que ha sido este mundial a causa de la Covid 19 y sus consecuencias para el mundo del deporte. Todos han tenido que lidiar con los mismos condicionantes y nadie ha tenido ventaja. Mir ha sido quien mejor ha sabido adaptarse a las circunstancias.

Pero además del competidor nato que es Mir, hemos descubierto a un campeón fuera de los circuitos, a años luz de los deportistas endiosados. El palmesano es una persona sensible a lo que ocurre en el mundo en el que vive, ahí están sus declaraciones previas sobre la presión en la que vivía para hacerse con el título y la que sufren otras personas con la pandemia que nos asola. Mir se sabe un privilegiado al disfrutar de hacer aquello para lo que está dotado, aunque le ha costado a veces que creyeran en él. Hoy se consolida en lista de mejores del mundo nacidos en esta isla, como Nadal, Lorenzo, Rudy, Llaneras, Alba y otros. Y solo tiene 23 años.