14 de julio de 2018
14.07.2018

Una espera interminable

Nadal y Djokovic contemplaron en el vestuario el final del Isner-Anderson resignados a no acabar

14.07.2018 | 01:20
Isner y Anderson se abrazan agotados tras el maratoniano partido de ayer en Wimbledon.

Un partido insufrible. El duelo entre el norteamericano John Isner y el sudafricano Kevin Anderson se resolvió a favor del segundo en cinco sets (el quinto 26-24) y tras seis horas y 35 minutos de partido, lo que llegó a poner en peligro el inicio del encuentro entre Nadal y Djokovic

Rafel Nadal y Novak Djokovic no veían la hora de empezar su partido, previsto para no antes de las cuatro de la tarde, hora inglesa. El maratoniano encuentro que disputaron el sudafricano Kevin Anderson y el norteamericano John Isner, con más de seis horas en la pista, convirtió en interminable la espera en el vestuario. Ambos jugadores calentaban, miraban de reojo el primer duelo de semifinales y Nadal, como acostumbra, escuchaba música para relajarse y hacer más llevadera la espera.

La preocupación aumentaba a medida que se alargaba el encuentro entre Anderson e Isner, con un quinto set agónico, resuelto, a quince minutos de las nueve de la noche en España, a favor del sudafricano por 26-24. Precisamente, Isner ha pasado a la historia del tenis al protagonizar aquí, en 2010, el partido más largo de todos los tiempos de este deporte. Se impuso tras once horas y cinco minutos al francés Nicolás Mahut por 70-68 en el quinto y definitivo set. La televisón, temiéndose algo parecido, ya se encargó de mostrar una placa que luce en el recinto de Wimbledon recordando esa efeméride.

La falta de luz natural podía poner en peligro la finalización del partido entre Nadal y Djokovic, y más si, como era de prever, se alargaba más de la cuenta. Sebastià, el padre del campeón de Manacor, calmaba la espera, y los nervios, fumando en los exteriores de la central, y poniendo muy en duda de que el partido se acabara ayer. La hora tope para finalizar, con una pizca de luz natural y ya con la artificial en marcha, son las once de la noche, hora inglesa. Nadal ya sabe lo que es jugar a esas horas en Wimbledon. En la edición de 2014, en su partido de segunda ronda ante el checo Lukas Rosol, uno de los muchos cañoneros que se ha encontrado en su camino en la hierba del All England Club, el encuentro finalizó al filo de las diez de la noche, con luz artificial. El mallorquín se impuso por 4/6, 7/6(6), 6/4, 6/4 en dos horas y 44 minutos, un partido no exageradamente largo pero que también pagó las consecuencias de la larga duración del encuentro anterior. Fue el año en que Nadal fue eliminado en octavos por un Nick Kyrgios por aquel entonces de 19 años, como el año anterior se fue en primera ronda ante el belga Steve Darcis y en 2015 en segunda ante el alemán de origen jamaicano Dustin Brown.

Los aficionados congregados en la central, al igual que Nadal y Djokovic, también tenían ganas de que el encuentro finalizara. Es innegable que hubo emoción por lo ajustado del marcador, pero el partido, salvo algún punto inspirado de los protagonistas, no era ni mucho menos espectacular. Se vio lo que se podía esperar de un partido entre dos consumados sacadores. Anderson acabó con el tormento tras 6 horas 36 minutos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine