Bostezos al margen, el partido contra el Deportivo volvió a dejar al descubierto las graves carencias que tiene el Mallorca en la punta del ataque. La nómina de hombres de segunda línea está más que cubierta con futbolistas como Castro, Pereira, Nsue o De Guzmán. Los problemas están unos metros más arriba, donde Webó, Cavenaghi, Víctor y Sergi Enrich están fracasando a la hora de asumir el rol de referente en el ataque. Tampoco se han ganado la confianza de Laudrup, como lo demuestra el caudal de cambios que sufre esa parcela cada semana.

Nsue y Pereira, ¿hasta cuándo? La inexperiencia de Nsue o Pereira va dejando paso a un talento natural para el fútbol. Pero inquieta pensar que algunos de estos futbolistas están casi de prestado en un club que necesitará imperiosamente hacer caja el próximo verano. No hay que olvidar que mientras el Mallorca esté bajo la Ley concursal los criterios económicos pasarán siempre por encima de los deportivos. Está en juego nada menos que la supervivencia del club.

Se empieza por el derribo. El Ayuntamiento ha fallado en las formas, pero la decisión de derribar el Lluís Sitjar es de sentido común. Palma se librará de un cadáver de cemento y quizás la demolición sea un primer paso para que las tres partes interesadas lleguen a un acuerdo de una vez sobre el precio de los terrenos y los usos que se le deberán dar en un futuro. Porque si de lo que se trata es de cambiar una ruina inútil por un solar inútil no avanzamos nada.

Mourinho, de carne y hueso. José Mourinho se ha convertido en el gran animador de una Liga que sufre un exceso de técnicos y futbolistas de cartón piedra. El portugués puede ser un provocador y un prepotente, pero al menos es de carne de hueso.

Adiós a un tenista histórico A los 34 años Carlos Moyá se retira del tenis. El mallorquín cuelga la raqueta después de una carrera profesional brillante e irregular a partes iguales, en declive desde que se apuntara los mayores éxitos en sus inicios. El mallorquín apuntaló su feliz irrupción en el tenis de elite con un título de Roland Garros, una Copa Davis y una final del Abierto de Australia, además de convertirse en el primer español que alcanzaba el número 1 de la ATP. Nadie duda de que tenis que atesoraba le podría haber catapultado a la consecución de otros muchos éxitos, pero seguramente le faltó ambición. A Moyá le dio tiempo para abandonar una generación de tenistas españoles brillantes, hasta que otro mallorquín cogió el relevo.

No ha ganado, pero está vivo. Sebastian Vettel es un digno campeón del Mundo, como lo hubiera sido Fernando Alonso si Ferrari no se hubiera equivocado en la estrategia de la carrera. El asturiano ha fracasado en su primer intento por coronarse desde que viste el mono rojo, pero a nadie se le escapa que ha resucitado para este deporte después de dos años sin ningún protagonismo en Renault. Alonso no ha ganado, pero ha prometido muchas cosas para el año que viene. Seguro que cumplirá.

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