La quiebra generalizada que recorre el universo futbolístico español tiene en el Zaragoza a un ejemplo de manual. Durante los años de bonanza el club maño dilapidó su patrimonio financiero pagando fichas millonarias, comprando mediocridades a precio de crack y vendiendo mal. Y como trasfondo, una operación inmobiliaria en La Romareda que no cuajó. La fiesta acabó y a día de hoy la factura asciende a 110 millones de euros. Una cifra desorbitada incluso para una Liga arruinada. En comparación, el Real Mallorca solo debe setenta millones.

La amenaza del concurso de acreedores persigue al Zaragoza desde hace mucho tiempo, pero el presidente y propietarios de la entidad, Agapito Iglesias, rechaza de plano tal posibilidad. El acceso de tres administradores concursales a los documentos contables de la entidad, dicen en Zaragoza, pondría de manifiesto una gestión deficiente y que además podría haber incurrido en alguna ilegalidad. Iglesias asegura que la salvación para un club que compró en 2006 a Alfonso Solans por diez millones de euros pasa por cumplir con un plan de viabilidad de seis años de duración que consiste en aplazar pagos, no gastar e ingresar al menos ocho millones de euros al final de cada temporada por la venta de futbolistas. Pero nada de eso hubo el pasado verano. El máximo accionista fracasó en su intento por traspasar a Ander Herrera –la joya de la corona del club– al que tasó en doce millones de euros. Tampoco pudo hacer caja por ningún otro futbolista de una plantilla muy devaluada.

Agapito Iglesias ha puesto el club a la venta, aunque sería más exacto decir que lo regala a quien se comprometiera a hacerse cargo de una gigantesca deuda que empieza a ser fuente de numerosos conflictos. Los futbolistas sufren numerosos retrasos en los cobros de sus salarios y se avecina tormenta en diciembre, cuando el club debe hacer frente al pago de una importante parte de la ficha de la plantilla. A día de hoy no hay liquidez y no existe ninguna garantía de pago.

Ilustres futbolistas que ya no visten la camiseta zaragocista –Ayala, Aimar– también reclaman cantidades millonarias. Iglesias ofreció al argentino pagarle en propiedades inmobiliarias, pero se encontró con una rotunda negativa.

El cerco se estrecha en torno a un club que no tiene patrimonio –salvo la Ciudad Deportiva–?y que ve cómo la lista de acreedores engorda cada día que pasa.