No es lo mismo anunciar el fichaje de un delantero centro que el de un directivo, aunque dadas las vicisitudes del Mallorca en estos últimos años quizás se hayan invertido los papeles.

No deja de llamar la atención que, con las dificultades que tiene el club para enraizar en la part forana, la mayor parte de su accionariado se haya dividido entre Sa Pobla, Manacor y, ahora, un ejecutivo alemán con casa en Canyamel. Desde luego sólo es un dato curioso sin mayor importancia o quizás si la tenga. No lo sé. En cambio coincidiremos casi todos en que encontrar un inversor en los tiempos que corren es una tarea reservada a la fortuna o la casualidad, pero que esta dificultad no nos invite a recibir al doctor Claassen como un nuevo Mr.Marshall de paso por un pueblo español de la posguerra. Valentía se le reconoce. Meter dinero hoy día en alguna empresa española ya constituye una osadía, según observamos y padecemos cada día, pero además hacerlo en un negocio tan ruinoso como el del fútbol actual supera el mismísimo atrevimiento. No es nuestra labor valorar el currículum del nuevo tripulante de la nave accionarial mallorquinista, por otra parte intachable. Mateu Alemany respira un poco más tranquilo en su vuelo de regreso a nunca jamás.