30 de noviembre de 2009
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Historias del mallorquinismo

Historias del Mallorquinismo. En cuerpo y alma (II)

Allí cantaron Alejandro Sanz, en agosto del 2001, y Julio Iglesias en el verano de 1983 ante 26.000 espectadores. ¡Qué tremendo contrasentido que el mayor lleno de la historia del recinto se haya dado en un concierto y no durante un partido!

30.11.2009 | 00:30
Nunca fue un estadio, sino el campo de fútbol que el Mallorca ahora echa de menos. Aún así, las viejas piedras del Lluís Sitjar, mil veces horadadas, las que subyacen casi a ras de tierra pisoteadas por anclajes de hierro que sostienen esos desvencijados, contaminantes e indestructibles asientos de plástico, vieron acontecimientos inusuales.
Allí cantaron Alejandro Sanz en agosto del 2001 y Julio Iglesias en el verano de 1983 ante 26.000 personas. ¡Qué tremendo contrasentido que el mayor lleno de la historia del recinto se haya dado en un concierto y no durante un partido! Y allí en la década de los sesenta, en plena dictadura, se celebraron varias demostraciones gimnásticas matinales coincidiendo con el 1 de mayo, organizadas por el sindicato vertical y en las que participaban alumnos de bachillerato de los principales colegios de Palma.
Cemento que ha sido testigo mudo de una época que no volverá. Sería imposible hoy día, como se hizo entonces, colocar dos hileras de bancos de madera al borde del terreno de juego para aumentar la capacidad y atender la demenda de localidades para ver al Real Madrid de 1960, sin mayor vigilancia ni separación que la trazada por los efectivos de la policía nacional o armada, los famosos ´grises´, entre los aficionados y las líneas de banda. Frío hormigón que formó parte del escenario en el que España disputó dos encuentros amistosos: contra Irlanda en 1985 y contra Islandia en 1997.
Enemigos eternos, como el Constancia de Inca, ofendido por el "robo" de un partido perpetrado por el árbitro catalán Cruellas en el ancestral Bons Aires. Una afrenta imborrable que, sin embargo, no impidó que lo cortés venciera a lo valiente y el Mallorca cediera el Lluís Sitjar para un partido de Segunda División contra el Espanyol para que los de Inca lograran mejor cargo en taquilla.
En el túnel de vestuarios, ya trasladados a los bajos de la grada de preferencia, fue agredido el mítico colegiado José Emilio Guruceta Muro, de cuyo soborno se jactaba, fuera o no cierto, un delegado del Sevilla tras el atraco de un colega catalán, Enríquez Negreira, en partido de Copa. La misma suerte corrió el actual entrenador del Almería y ex jugador del Real Madrid, Hugo Sánchez, abofeteado por un espectador que saltó al maltrecho césped, siempre mimado por ´l´amo en Toni es jardiner´ y cuyo substrato inicial de turba y la mejor tierra negra fue sugerido por Satur Grech.
Más fortuna tuvieron los heridos leves caídos al foso de seguridad que circundaba el rectángulo durante un partido contra el Valladolid en el que, tras el gol del empate castellano obtenido con la mano por Da Silva, el murete de contención cedió a la avalancha de los espectadores.
Cuando el Mallorca, de forma inesperada y harto sorprendente, llegó a Europa de la mano de Héctor Cúper, los inspectores de la UEFA torcieron el bigote al contemplar tanta aluminosis. Fue años después de que en enero del 96 se rompiera una portería en pleno Mallorca-Lleida que obligó a suspender el partido durante una hora mientras se traía otra desde el Miquel Nadal. En octubre de 1997, una fuerte tormenta dejó el Lluís Sitjar a oscuras en dos inoportunos apagones con el Madrid de visitante y empate a cero final. Más sospechoso había resultado el registrado en 1968, ante el Betis, que obligó a suspender el lance cuando ganaban los visitantes. ¡Qué tiempos aquellos!
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