Fue más fácil de lo esperado. La última vez que se vieron las caras fue el pasado 19 de mayo, en las semifinales de Hamburgo, y Nadal se impuso a Hewitt con muchos apuros por 2/6, 6/3 y 7/5. Sin saberlo, ese partido le sirvió de lección al mallorquín para no cometer algunos errores que igualaron las fuerzas. Ayer, Nadal no abusó del revés abierto, que dejaba pelotas francas a Hewitt para emplear su mejor arma, el golpe de derecha. Ahí le hizo mucho daño el australiano a su rival, que llegaba a la penúltima ronda de Hamburgo agotado física y mentalmente por sus sucesivas victorias en Montecarlo, Barcelona y Roma.

Ayer la historia fue muy diferente. Nadal, que estudia los partidos como nadie, sabía que la única forma de pasar una tarde tranquila era llevando la iniciativa. Dicho y hecho. Los dos primeros sets fueron casi un visto y no visto, con 6/3 y 6/1 para el mallorquín. Faltaba el remate. Pero Hewitt, que ha resurgido de sus cenizas en este 2007, es una presa difícil de atrapar. Nadal sabía que no se daría por vencido. Con todo perdido, el de Adelaida empezó a servir mucho mejor, le entraron los primeros servicios que se le negaron en los dos primeros sets, y complicó la existencia a un Nadal que esperaba su momento. Y, como siempre ocurre en sus partidos, ese momento llegó.

Que no quería un cuarto set lo demostró Nadal en el décimo juego del tercero. Perdía 5-4 y 0-15 en contra. Lo resolvió como los grandes campeones, con dos puntos en los que exhibió su amplia gama de golpes, un drive descomunal y un ace para igualar a cinco.

Se llegó a la muerte súbita y, por momentos, parecía que el partido iba a un cuarto set. Hewitt se puso 2-0 y 4-2, pero Nadal reaccionó y no dejó escapar en el marcador a su rival. Con empate a cinco, el bicampeón de Roland Garros, que ayer sumó su decimooctava victoria consecutiva en París -a una de igualar a Sergi Bruguera-, conservó su servicio y, al resto, logró el punto definitivo, el que le daba el pase a cuartos de final. El punto lo consiguió gracias a un revés fallido de Hewitt, la forma de acabar que mejor resume la impotencia de un jugador que lucha desesperadamente por volver a ser el que fue.

Nadal jugó su mejor partido en el torneo. Impuso su ley, la del más fuerte. Va a más, lanzado hacia su tercera final consecutiva, con permiso de Moyá.