Cúper insiste y Luxemburgo, al parecer, también. Todo, claro está, si ambos cumplen con el guión preeestablecido y no se sacan de la manga, a última hora, un as imprevisible y oculto durante toda la semana.

Dicen que el fútbol que impone el brasileño, con la plantilla que tiene, es mezquino. Otros aseguran que el argentino no es más que un esclavo del resultado. Vidas cruzadas cuando el primero ha encandenado tres victorias consecutivas -Athlétic, Alavés, Olympiacos- y el segundo todavía busca, sin hallarla, la identidad de su equipo.

Así que, erre que errre, Guti tiene todos los números para comenzar el encuentro en el banquillo, lo mismo que Zidane, pese a su recuperación. Y, en el bando opuesto, solamente Cortés ha sido llamado a recoger los platos rotos por Maciel, única víctima a la vista de la debacle ante el Málaga. 4-2-3-1 los locales, 4-1-3-2 los visitantes, aunque el dibujo sea lo de menos y, en versión del de Chabas, cinco o seis metros arriba o abajo no significan mucho.

No parece que la más reciente experiencia en Son Moix le haya servido a Cúper para sacar demasiadas conclusiones. A vuela plomo no veo cómo Farinós, aún con la ayuda de Arango, puede neutralizar el juego local en segunda línea de ataque, ni a Peralta un freno seguro ante las internadas de Michel Salgado. Tampoco me imagino a Yordi triunfando sobre Helguera o Sergio Ramos y quién pueda salir al paso de Baptista. La noche huele a samba, con permiso de la cucaracha.

Pero dejemos la futurología para esta noche. La realidad previa al choque nos dibuja a dos hombres con las ideas fijas, inamovibles ante la crítica, los defectos presentes y las virtudes ausentes. En otras circunstancias podrían haber representado el encuentro de dos filosofías futbolísticas, Brasil-Argentina, pero hoy más bien esperamos una representación de David contra Goliath.