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Bibliomúsica-9

Confusiones varias

Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro, de Oliver Sacks

Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro, de Oliver Sacks / .

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Una orquesta interpreta una obra ante unos visitantes llegados de otro mundo. Los alienígenas escuchan con atención y, al terminar, felicitan cortésmente al compositor. Sin embargo, no han entendido nada. La música no les ha provocado placer ni desagrado, ni emoción ni rechazo: para ellos ha sido un fenómeno rigurosamente neutro. Arthur C. Clarke imaginó esta escena en El fin de la infancia, una novela de ciencia ficción -no podía ser de otro modo tratándose del escritor británico- publicada en España por Minotauro.

La escena resulta inquietante porque no hace falta abandonar la Tierra para encontrar algo parecido. Existen personas a quienes la música no les produce ninguna sensación especial, que no se emocionan ante una voz, ni ante una melodía inspirada ni ante una sucesión de acordes capaz de conmover a casi todos los demás. Son pocas, ciertamente, pero existen, de hecho, he conocido a alguna de ellas. Ahora bien, frente a ellas se sitúa (nos situamos) una inmensa mayoría que, con formación musical o sin ella, disfruta de alguna clase de música, que es capaz de sentir algo cuando suena una melodía. La indiferencia absoluta, afortunadamente, constituye la excepción.

Oliver Sacks, uno de los médicos escritores más fascinantes de las últimas décadas, llevó la cuestión mucho más lejos. En Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro, publicado por Anagrama, estudia no solo nuestra capacidad para gozar de la música, sino también las extrañas maneras en que esta puede apoderarse del cerebro. Hay personas incapaces de expulsar una melodía de la cabeza; otras reaccionan de forma insólita cada vez que escuchan determinado tema; algunas pierden la capacidad de reconocer los ritmos.

Entre estas últimas aparece el Che Guevara. Sacks recuerda que podía vérsele bailando un mambo mientras la orquesta tocaba un tango. La anécdota tiene algo de cómico, pero resume con precisión uno de los asuntos centrales del libro: escuchamos con los oídos, aunque es el cerebro quien construye aquello que llamamos música. Y no todos los cerebros lo hacen de la misma manera.

Musicofilia es un libro delicioso, lleno de historias sorprendentes, algunas entrañables y otras verdaderamente desconcertantes. Sacks escribe con rigor científico, curiosidad y una humanidad que nunca convierte a sus pacientes en simples casos clínicos. Cada relato abre una pequeña ventana a los misterios de la memoria, la percepción y la identidad, y confirma que una misma sinfonía o una canción popular pueden habitar de forma muy distinta en cada uno de nosotros.

Del mismo autor sigue siendo igualmente recomendable El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, otra magnífica demostración de que la neurología, bien contada, también puede convertirse en literatura. De hecho he estado tentado de publicar esta reseña de otra manera: El hombre que confundió un tango con un mambo, pero me ha parecido demasiado personalizada en el político y guerrillero, quien por cierto, también era médico, como Sacks.

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