Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Aniversario

El Círculo Mallorquín, el club de la clase alta que sí tuvo a Juan March de socio

La entidad dedicada al ocio de la burguesía y la aristocracia nació hace 175 años y el libro del historiador Jaume Munar publicado con motivo de la efeméride desmonta la leyenda sobre el conocido empresario

Celebración de una puesta de largo en la sala de las Cariátides, actual sala de plenos del Parlament balear

Celebración de una puesta de largo en la sala de las Cariátides, actual sala de plenos del Parlament balear / Torrelló

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Raquel Galán

Raquel Galán

Palma

Cuenta la leyenda que el hombre con la tercera mayor fortuna del mundo en su época, el empresario y contrabandista mallorquín Juan March Ordinas, no fue admitido en el selecto club de la clase alta local, el Círculo Mallorquín. Despechado, el también financiero se construyó un palacio justo al lado de la sede de la entidad de la alta burguesía y aristocracia isleñas.

Y como toda leyenda crece con el tiempo, este inmueble debía ser más amplio y de mayor altura que el lindante. Sin embargo, el historiador Jaume Munar Arrom la desmonta con documentación, en concreto con el acta de la junta general del 16 de junio de 1916, donde Juan March «es admitido por unanimidad».

Es una de las muchas anécdotas que recoge en su libro Aquell Círculo Mallorquín. Història, organització i activitats, publicado con motivo del 175 aniversario de la creación del club dedicado al entretenimiento de la alta sociedad.

Puestas de largo y bailes

«Sí fue socio e incluso ayudó económicamente a la entidad; y su hijo mayor, Juan March Servera, conoció a su futura mujer, Carmen Delgado, en una fiesta del Círculo, donde celebraron el aperitivo de la boda», remata el experto.

«Una de las actividades más importantes que tenían lugar en este espacio privado eran las puestas de largo y bailes, que servían para acordar matrimonios de conveniencia, ya que únicamente accedían los que consideraban ‘suyos’, es decir, quienes tenían el mismo estrato social», en palabras de Munar.

El elitismo de este modelo asociativo denominado casino fue importado de los clubes italianos e ingleses, y en Palma hubo diversos ejemplos antes de ser constituido el Círculo el 25 de agosto de 1851.

Baile en una de las puestas de largo del Círculo Mallorquín

Baile en una de las puestas de largo del Círculo Mallorquín / Torrelló

«El primero fue el Casino dels Cavallers o Casino Palmesano, que se creó en 1840 y estaba formado por la aristocracia. Ese mismo año la burguesía fundó el Casino Balear y en 1847 nace el Liceo Mallorquín, también de la burguesía, por lo que finalmente decidieron fusionarse como Círculo Mallorquín», según resume sobre el proceso detallado en los primeros capítulos del libro, que tiene 367 páginas.

En sus 15 capítulos, Munar Arrom desgrana por una parte la historia y por otra la estructura organizativa, todas las actividades que desarrollaban y el tipo de socios, que en el siglo XIX pagaban de cuota inicial 200 reales (50 pesetas / 0,30 euros) y cada mes 16 reales. Las mujeres tenían prohibido ser socias y solo podían acceder mediante el carnet de la familia.

«Su papel era nulo en la estructura del Círculo, aunque su presencia era esencial en ciertos acontecimientos celebrados para ellas, como las puestas de largo y las reuniones de té, y su labor era muy importante para preparar los grandes eventos, como la visita del rey Alfonso XIII», resalta.

La inscripción 'Círculo Mallorquín' perdura en la fachada del Parlament balear

La inscripción 'Círculo Mallorquín' perdura en la fachada del Parlament balear / DM

Actual Parlament

Las mujeres «no pudieron ser socias hasta 1981, o sea, 130 años después de la fundación del club, y fue por una cuestión económica, ya que vivía un momento de gran declive y necesitaban dinero. De hecho, a los dos años vendieron la sede de la calle Palau Reial para que acogiese el Parlament», tal como recuerda el historiador y responsable de las Relaciones Institucionales del organismo legislativo autonómico.

Tras casi cuatro décadas entre sus paredes, conoce casi todos los secretos desde que el edificio fue construido donde estaba el convento de Santo Domingo, y por eso quiso investigar sobre el club elitista que albergó y que aún continúa existiendo con otra sede y cerca de 400 socios, ahora abierto a toda la sociedad mallorquina.

Para Jaume Munar Arrom, «es encomiable lo respetuoso que ha sido el Parlament con el patrimonio histórico-artístico heredado del Círculo. Ahora es un inmueble declarado Bien de Interés Cultural (BIC), pero cuando fue adquirido no lo era, y así como en otras adaptaciones de edificios públicos se han hecho desastres, aquí se ha sido fiel a la estructura y se ha conservado el mobiliario y buena parte de las pinturas, como las de Ankerman y Montenegro», argumenta, sin olvidar la inscripción en la fachada que recuerda que fue la sede del Círculo Mallorquín.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • Patrimonio
Tracking Pixel Contents