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BIBLIOMÚSICA (7)

Melancolía cítrica

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Pere Estelrich i Massutí

Pere Estelrich i Massutí

Palma

Mozart murió el 5 de diciembre de 1791, con treinta y cinco años. Cuatro años antes había emprendido junto a su esposa Constanze un viaje a Praga para asistir a la representación de Don Giovanni. Eduard Mörike eligió este hecho para detenerse en unas pocas horas e imaginar al hombre que podía esconderse detrás del genio.

Mozart de camino a Praga, publicada en 1855, es una recreación literaria construida alrededor de un episodio imaginario situado en el otoño de 1787. Mozart y Constanze viajan hacia Praga. Durante una parada, el compositor entra en el jardín de una casa señorial y, atraído por un naranjo, arranca uno de los frutos, reservados para una celebración. El intruso es reconocido y los propietarios de la casa invitan al matrimonio a quedarse con ellos. Mozart terminará sentándose al piano e interpretando algunos fragmentos de Don Giovanni.

No hace falta mucho más para construir literatura cuando quien escribe sabe hacerlo. Y Mörike sabía.

Eduard Mörike (1804-1875) fue uno de los grandes poetas del romanticismo alemán y muchos melómanos han llegado hasta él a través de otro compositor, Hugo Wolf, quien encontró en sus versos uno de los territorios poéticos que mejor se adaptaban a su sensibilidad y puso música a más de cincuenta de sus poemas, páginas que se encuentran entre lo mejor de la historia del Lied.

En Mozart de camino a Praga, Mörike escribe sobre un músico, pero sobre todo escribe sobre un ser humano. Su Mozart es alegre, espontáneo, despistado, juguetón, capaz de dejarse seducir por una naranja como un niño y, poco después, sentarse ante un piano y abrir ante quienes le escuchan las puertas de otro mundo. El contraste resulta especialmente atractivo porque conocemos el final de la historia, pues a aquel artista le quedaban pocos años de vida. Y esa sombra recorre discretamente el libro.

La elección de Don Giovanni tampoco parece casual. Pocas obras permiten observar mejor las dos caras del compositor que Mörike quiere mostrarnos. En Don Giovanni conviven la comedia y la tragedia, la ligereza y la muerte, el juego y el abismo. Exactamente como en el Mozart de esta novela. Tal vez ahí se encuentre uno de los mayores aciertos del libro. No intenta explicarnos el genio. Aquí Mozart come, conversa, bromea, se distrae y comete pequeñas imprudencias. Pero, de repente, aparece la música. Y entonces comprendemos que aquel hombre aparentemente normal no lo era en absoluto.

La pregunta no es ¿Cuánto hay de verdad en todo ello?, pues Mörike no quiso escribir historia, sino literatura. Y a veces una buena ficción consigue acercarnos a un personaje mejor que muchas páginas cargadas de fechas y documentos.

Mozart de camino a Praga es un libro breve, pero no menor. Se lee casi con la misma facilidad con la que Mozart parece arrancar aquella naranja. Y cuando llegamos a la última página queda una inevitable sensación de melancolía cítrica, pues el lector sabe que Don Giovanni triunfará en Praga y que todavía llegarán Così fan tutte, La clemenza di Tito, La flauta mágica y el Réquiem. Pero también sabe que el camino será demasiado corto.

Mörike escribió sobre un viaje a Praga aunque estaba escribiendo también sobre el último tramo del camino de Mozart.

La obra cuenta además con una interesante edición catalana, Mozart, en el seu viatge a Praga, publicada por Edicions 62.

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