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CRÍTICA

B-A-C-H, el motivo inmortal

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Els matins de l’orgue

  • Miquel Bennàssar, orgue
  • Obras de Bach
  • Església de Sant Bartomeu d’Alaró
  • 01-08-24

Calificación: ****

La música de Johann Sebastian Bach posee una rara capacidad para vencer al tiempo. Doscientos setenta y seis años después de su muerte, sus obras siguen sonando con la misma fuerza espiritual y arquitectónica que maravilló a sus contemporáneos. El recital ofrecido por Miquel Bennàssar en la iglesia de Alaró quiso precisamente rendir homenaje a esa permanencia, recordando al compositor fallecido en Leipzig el 28 de julio de 1750.

La referencia a su muerte invita también a recordar uno de los episodios más desafortunados de su biografía. Pocos meses antes de fallecer, Bach había sido operado de la vista por el entonces prestigioso y hoy más que discutido oftalmólogo inglés John Taylor, un médico itinerante que intervino igualmente a Georg Friedrich Händel con resultados igualmente desastrosos. Las complicaciones derivadas de aquellas operaciones precipitaron el final de los dos compositores, aunque no pudieron impedir que sus legados se convirtieran en pilares de la historia de la música.

El programa escuchado en Alaró el pasado sábado, titulado Bach etern, estuvo concebido con inteligencia y coherencia. La Fuga sobre el Magnificat BWV 733 abrió un recital en el que Bennàssar evidenció un profundo conocimiento del lenguaje bachiano y una sólida técnica al servicio de la expresión. Desde los primeros compases quedó patente la magnífica sonoridad de la iglesia de Sant Bartomeu. El templo ofreció un equilibrio ideal entre resonancia y definición, permitiendo que el contrapunto respirara con claridad y que cada línea encontrara su espacio sin perder transparencia.

Uno de los aspectos más logrados del concierto fue el exquisito tratamiento de la registración. Bennàssar manejó los diferentes registros del órgano con criterio musical, evitando cualquier exceso efectista (quizás poco cauto en el uso de las campanillas) y buscando siempre el color adecuado para cada página. Las sonoridades más íntimas convivieron con los grandes plenos sin brusquedades, configurando una paleta tímbrica rica y variada que puso de relieve las excelentes posibilidades del instrumento.

Especial interés despertó la improvisación El nom de BACH, construida a partir del célebre motivo formado por las notas Si bemol, La, Do y Si natural, que en la notación alemana se corresponden con las letras B, A, C, H. La improvisación continúa siendo una de las disciplinas más exigentes para un organista, pues exige dominar simultáneamente la composición, la forma y el instrumento. Bennàssar supera en todas sus aportaciones ese reto, sea cual sea el motivo o tema original.

La transcripción, para órgano del Aria de la Suite número 3, hecha por el mismo organista, mostró otra faceta del intérprete: la capacidad para convertir una de las melodías más universales de Bach en un canto de gran delicadeza, sostenido por un fraseo elegante y una registración especialmente refinada.

Como culminación llegó el monumental Preludio y Fuga en Mi bemol mayor BWV 552, una de las obras cumbre del repertorio organístico. Bennàssar supo construir con firmeza la arquitectura de la partitura, primero en el largo y profundo preludio para seguir después en la enorme fuga final.

El concierto confirmó, una vez más, la excelente salud del ciclo Els Matins de l’Orgue d’Alaró, un ciclo que, el próximo sábado a las 11.30 horas, plasmará su historia en un libro escrito a diferentes manos; nunca mejor dicho hablando de instrumentos de tecla.

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