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La última canción del Mobofest

El festival escribió este fin de semana su último capítulo después de diez años de historia y lo hizo fiel a sí mismo: con excelente música, un ambiente irrepetible y una carga emocional que, en más de una ocasión, hizo imposible contener las lágrimas

Los integrantes de Antònia Font recordaron al fallecido Joan Roca

Los integrantes de Antònia Font recordaron al fallecido Joan Roca / MANU MIELNIEZUK

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Pere Estelrich i Massutí

Pere Estelrich i Massutí

Palma

Las despedidas rara vez son alegres. Incluso cuando llegan entre aplausos, escenarios iluminados y miles de personas cantando al unísono, siempre dejan ese poso de nostalgia reservado para los momentos que pasan a formar parte de la memoria colectiva. El Mobofest escribió este fin de semana su último capítulo después de diez años de historia y lo hizo fiel a sí mismo: con excelente música, un ambiente irrepetible y una carga emocional que, en más de una ocasión, hizo imposible contener las lágrimas.

La décima edición no fue únicamente un festival. Fue una celebración de todo lo construido durante una década, un homenaje a una manera de entender la música hecha en Mallorca y el agradecimiento de un público que ha acompañado el proyecto desde sus inicios. Las jornadas del viernes y del sábado ofrecieron un recorrido por algunas de las propuestas más interesantes de la escena balear, confirmando que el Mobofest ha sido mucho más que un ciclo de conciertos: ha sido un punto de encuentro para artistas y espectadores unidos por una misma sensibilidad.

Entre las actuaciones más sobresalientes brilló Ànimos Parrec, impecable de principio a fin. Su concierto fue una lección de buen hacer, con un sonido cuidado, que combina el estilo rock con el country, siempre con las ideas del gran Johnny Cash muy presentes, añadidas a algunos homenajes a amigos y compañeros de viaje. En un registro completamente distinto, Mar Grimalt volvió a demostrar que posee una de las personalidades artísticas más singulares del panorama actual. Su propuesta, delicada, sincera y alejada de cualquier convencionalismo, encontró un complemento perfecto en el saxofón de Carles Medina, cuya elegancia y sensibilidad enriquecieron una actuación de enorme belleza.

Uno de los momentos más espectaculares llegó con Maria Jaume, que convirtió su concierto en una auténtica fiesta popular al compartir escenario con los Dimonis de Sant Joan. La combinación de música y tradición ofreció una imagen poderosa, de esas que resumen el espíritu del festival: creatividad, raíces y complicidad con un público entregado.

Sin embargo, durante todo el fin de semana hubo una ausencia que estuvo más presente que nunca. La reciente muerte de Joan Roca, bajista de Antònia Font, envolvió el festival en un clima de emoción compartida. La actuación del grupo, entre lágrimas de recuerdo, se transformó inevitablemente en un homenaje a quien durante tantos años había sostenido su sonido con discreción y talento. No fueron los únicos. Diversos artistas quisieron dedicarle unas palabras o un recuerdo desde el escenario, conscientes de que la música mallorquina acababa de perder a uno de sus nombres más queridos.

Aquella emoción terminó por fundirse con la propia despedida del Mobofest. Hubo sonrisas, abrazos y muchas lágrimas, provocadas por el final de un proyecto que ha marcado una época en la cultura del Pla y de Mallorca.

Cuando sonó la última nota no solo terminaba un concierto. Se cerraba una década de compromiso con la música, de apoyo al talento de las Islas y de una forma de hacer cultura que siempre puso a las personas en el centro. El Mobofest baja el telón, pero deja un legado que permanecerá mucho tiempo. Porque algunos festivales concluyen cuando se apagan los focos; otros, como este, empiezan a convertirse en historia precisamente en el instante en que interpretan su última canción.

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