Crítica
Misa de diferentes voces

Multitudinario y sentido adiós al músico Joan Roca / Manu Mielniezuk
El título de esta crítica resume con bastante fidelidad lo que el público pudo escuchar en la iglesia de Portocolom. No se interpretó una misa escrita por un único compositor, sino una singular reconstrucción del ordinario litúrgico mediante páginas de autores diferentes. El Kyrie firmado por Bach, el Gloria de Pergolesi, el Credo perteneciente al catálogo de Vivaldi, el Sanctus de formato bachiano pero proveniente de la Missa Providentiae Caldara y el Agnus Dei de Cavalli fueron dando forma a una misa imaginaria, unificada por el espíritu del barroco y por el trabajo de Ars Antiqua bajo la dirección de Eulàlia Salbanyà. El resultado fue un programa original, bien concebido y seguido por una iglesia prácticamente llena.
La excelente acústica del templo volvió a demostrar que Portocolom es un escenario privilegiado para este repertorio. El sonido del coro se proyectó con claridad y permitió apreciar el equilibrio entre las diferentes cuerdas, mientras que el pequeño conjunto instrumental aportó el soporte necesario sin perder nunca la transparencia característica de la música barroca.
La dirección de Eulàlia Salbanyà se distinguió por un gesto claro y una lectura elegante, especialmente acertada en las páginas de Bach y Vivaldi, donde consiguió mantener la tensión musical y el dinamismo del discurso. La afinación del conjunto se movió en un nivel notable durante buena parte del concierto, aunque aparecieron algunos desajustes puntuales, inevitables en una formación amateur que afronta un repertorio de elevada exigencia técnica. Especialmente destacables las intervenciones solistas de la soprano Montse Mozo en esa joya que es el Lamento della ninfa de Monteverdi y de Joan Fiol que defendió con solvencia el protagonismo de la viola da gamba en el Concierto de Johann Pfeiffer, obra que adquirió una dimensión especial al ser dedicada a la memoria de Joan Roca, el bajista de Antònia Font fallecido hace escasos días. Un gesto que añadió un componente de gratitud artística a la velada.
Quizá el único apartado menos convincente llegó al inicio del programa con el Beatus Vir Primo en el que no se alcanzó el mismo grado de solidez interpretativa que en el resto del concierto. Sin desmerecer su calidad musical, probablemente su supresión habría dado lugar a un programa aún más compacto y homogéneo, reforzando la coherencia del recorrido barroco que se desarrolló a partir de entonces.
La respuesta del público obligó a ofrecer un bis en forma de canción de amor francesa que puso un broche de deseo a una velada que confirmó el buen momento artístico de Ars Antiqua.
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