Albert Pinya: «Me cautiva la capacidad transformadora del muralismo en el tejido social»
El artista estrena dos murales, en Inca y Madrid, y una gran intervención en un hotel de El Terreno, en Palma
"Ebrio de tanto pintar, algún instante sentí desprenderme de la conciencia, de la carne y del cuerpo, y transformarme en un ser fluido y lisérgico. Como una especie de trapecista de la pintura", afirma
Albert Pinya: «Me cautiva la capacidad transformadora del muralismo en el tejido social» / DMA_Externas
Estrena dos murales, en Inca y Madrid, y una gran intervención en Palma, resultado de un extenuante trabajo de cerca de dos meses.
Desde finales de 2025 he trabajado, principalmente, en los preparativos de estos proyectos. La producción final se ha concentrado en los últimos meses de mayo y junio. De hecho, desde el día 13 de mayo hasta el 28 de junio tan sólo he estado 48 horas, literalmente, sin dejar de pintar. La jornada mínima diaria era de unas 10-12 horas. Siempre sucio y contento. Subido a una grúa, a un andamio o a una escalera. Ebrio de tanto pintar, algún instante sentí desprenderme de la conciencia, de la carne y del cuerpo, y transformarme en un ser fluído y lisérgico. Como una especie de trapecista de la pintura.
¿Qué sentimientos le invaden ante ejercicios artísticos tan duros como estos, física y mentalmente?
Al principio, pienso que estaría mucho más cómodo pintando en mi taller. Pero como ya sabemos que la comodidad puede matar, suelo estar atento a no caer en sus redes. Excitación y frenesí, reto y superación, crecimiento y aprendizaje, suelen ser los motores que me impulsan a embarcarme en estos arduos proyectos.
¿Por qué considera el mural de Inca como una de las mejores obras que ha realizado en estos 20 años de trayectoria?
Tanto la conceptualización como la ejecución gozan de un justo equilibrio. Nada es excesivo y todo es conciso. Se respira armonía y vida en el paisaje. La ubicación y la arquitectura le dan una presencia y una autonomía muy rica y rotunda a la obra. Una riqueza que también pude percibir desde la cercanía y el afecto con el que me recibió todo el pueblo. Y que, en cierta manera, permanece todavía vivo junto a mis grafismos.
El mural de Madrid, en el edificio Madnum, ha sido un trabajo participativo.
Sí. En ciertas fases del proceso, con la ayuda de mi galerista, Enrique García, implicamos a los alumnos, de 4ª de ESO, del IES Antonio Fraguas “Forges”. En este caso, desde diciembre del pasado año, planteamos unos cuestionarios para los estudiantes en el que nos hablaban de sus motivaciones, inquietudes, sueños… Todo este material se recopiló, en un archivo, y me ha servido para tratar todo el contenido de la obra. Es decir, las palabras clave que he usado, los mensajes y las referencias nacen de sus visiones. Además, en la primera jornada también estuvieron pintando conmigo las primeras formas. Por lo que les considero coautores de esta pieza. Arte-Educación-Comunidad, todo unido.
Nos queda el tercer mural, encargo del estudio de arquitectura OHLAB, con quienes ya colaboró en 2017.
Tuve la suerte de realizar un mural para ellos cuando estaban construyendo el edificio ‘Paseo Mallorca 15’. Por el que recibieron el Premio Ciutat de Palma en 2024. En aquel momento, mi función era la de comunicar la filosofía del estilo de arquitectura -sostenible- que estaban generando. Conocida como “Passiv Haus”. A partir de ahí planteé toda una representación gráfica y didáctica, vinculada con este tema, que ayudó a reforzar y a consolidar su propuesta. En este reciente caso, para el Terreno Barrio Hotel, la colaboración que hemos planteado consiste en una serie de intervenciones murales en las habitaciones y en el restaurante, y la instalación de dos esculturas, realizadas en fibra y resina, en la entrada. El estilo del edificio sigue manteniendo la filosofía “Passiv Haus”, con una conciencia y respeto absoluto hacia el planeta. Siendo eficiente energéticamente y reduciendo, al máximo, la contaminación que puede generar un espacio de estas características.
Este último trabajo podrá contemplarse en un hotel. ¿Participará el 26 de julio en la macromanifestación contra la masificación turística?
Efectivamente, podrá contemplarse en un hotel. Pero no en un hotel cualquiera. Un hotel que ha apostado por la proximidad y el talento local, en todos los niveles, y el respeto al territorio y al medioambiente. Sirva este modelo como referente para los futuros establecimientos hoteleros de la isla. Cualquiera con sentido común conoce los problemas que sufrimos por la masificación turística. Es fundamental reivindicar nuestros derechos como locales. Acuda o no día 26, la sensibilización con la causa es total.
¿Qué le cautiva de un lenguaje como el muralismo?
En este caso, el tamaño sí que importa. La envergadura y la escala monumental que llega a tener una obra, de esta magnitud, puede eclipsarme por unos segundos. Después ya está. Me encierro en el taller a dibujar, en formatos más íntimos y pequeños, con la misma intensidad y motivación que subido en un andamio. Más allá de este delirio, lo realmente cautivador del muralismo es la capacidad transformadora que puede llegar a tener en las comunidades, en los barrios, en las personas y, en definitiva, en el tejido social. Siendo un verdadero instrumento catalizador de conocimiento, educación y sensibilidad.
¿Le interesa el arte del graffiti?
Sí. Tanto el graffiti estilo “old school”, como el arte urbano más sofisticado, como las pinturas rupestres (el origen del graffiti). En general, me interesan todo tipo de manifestaciones artísticas. Desde las más sagradas a las más profanas. Hay que tener el ojo entrenado porque las cosas suceden cuando uno menos las espera. De todos modos, nunca me he considerado un “graffitero”. Aunque, durante los inicios de mi etapa de formación, hayan podido etiquetarme así. El contacto directo que tienen con el público las dinámicas del graffiti y del arte urbano dotan de otra dimensión/pulsión, no tan elitista y más próxima al espectador, a la que se respira en los espacios y circuitos más oficiales. La interacción es más cálida, personal y sincera, frente a todo aquello tan institucionalizado y politizado. La calle siempre será nuestra trinchera.
¿Cuándo y cómo se le despertó su pasión por los murales?
Como tantas otras cosas que han propiciado el desarrollo de mi carrera, todo nació por pura supervivencia y necesidad. En el año 2008, Ramón Caimari me encargó pintar las paredes del primer CulturaClub que instaló en el Paseo Marítimo. Meses antes había pintado los probadores de Piel de Gallina. Se podría considerar que fue ahí la primera toma de contacto que tuve con este medio. No había pintado nunca antes en un muro. El desconocimiento y la falta de prejuicios me han convertido, en bastantes ocasiones, en un artista algo temerario. Sin embargo, lo que siempre me ha obsesionado ha sido la construcción de un lenguaje que pueda aplicarse a todos los canales, formatos y soportes posibles. (Hay quien a esto, técnicamente, lo llama “pintura expandida” o algo así…) Empecé a sentirme cómodo, trabajando en estas dimensiones, y a introducirlo, con cierta frecuencia, en mi práctica artística. Ya en 2011 realicé el primer mural para Ca Na Toneta, donde aprendí mucho, y así hasta ahora.
En 2019 ya presentó otro mural, en Matadero (Madrid), también gigantesco.
Sí, ese mural fue a finales de 2019, poco antes de que llegase la covid-19. ‘Pinyin Exercise’ era el título de la propuesta. La pieza medía 45metros de largo por 4metros de alto. Y la temática estaba relacionada con el libro “Discurso acerca de la pintura por el monje calabaza amarga”, de Shitao.
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