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Análisis

El Prado ensalza y enlaza el arte gótico de Mallorca

Diez piezas del Convento de Santa Clara, Museu de Mallorca, Santuari de Lluc, la Seu de Mallorca, Arxiu del Regne y Biblioteca de Bruselas, parte central de la muestra ‘A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo’

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Andreu Manresa

Andreu Manresa

En el Museo del Prado, en Madrid, uno de los dos primeros del mundo en su estatus, sin duda, según los expertos, Mallorca saca pecho con las maravillas de su arte gótico, a menudo olvidado, siempre colocado y ganador, como en las carreras de trote. Hasta finales del mes de septiembre se puede ver un carrusel de cuadros, libros miniados, telas, esculturas y retablos que configuran una muestra excepcional, bien narrada y organizada en las salas del nuevo edificio madrileño pegado a la portada central. Basta decir que la última obra que cierra la muestra es un pionero Fra Angélico junto a Starnina.

Tal vez, la selección realizada durante años por el conservador jefe de esta área en el Prado, el profesor Joan Molina Figueres, explica el porqué del éxito global de la presencia isleña. La mejor pintura gótica del Mediterráneo, A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo, entre 1320 y 1420, nos da el peso y la calidad singular de las obras de Mallorca, que es central. Diez piezas, retablos, imágenes talladas en mármol, libros pintados con miniaturas sobre pergamino, capillitas como las de la reina Sanxa de Nápoles, que era mallorquina, marcan el tono de la narración histórica plástica que marcará, seguro, una época.

Del hermético y fantástico convento de monjas de clausura de Santa Clara, en la Calatrava de Palma, Joan Molina ha sacado una gran imagen de la santa y una tabla miniatura que son una maravilla. De la Seu de Mallorca, el Prado muestra un enorme retablo que es una máquina narrativa de la pasión de Cristo, que data del año 1300. Del ecléctico Museu de Lluc se muestran dos exvotos de mármol o alabastro que donaron mercaderes lejanos que rezaban para llegar a buen puerto y hacer negocios, en el corazón de Mallorca, a su Mare de Déu.

Se ve —preservado y sin poder hojearlo: manejarlo— el libro de las Leyes Palatinas del Reino de Mallorca, volumen más que magnífico que se conserva en una gran biblioteca de Bruselas, del que se hizo una copia facsímil hace décadas pagada por instituciones.

Es espléndida la ilustración de la coronación del rey en Jaume del Llibre dels Reis, del Arxiu del Regne, en Palma, que Ramon Rosselló y mosén Pere Xamena usaron en sus publicaciones. Consta -y se ha dicho oficialmente- que se quiso la cesión de dos buenos retablos del Museu de Mallorca que desde 1975 forman parte de su colección y que pertenecen a la Societat Arqueològica Lul·liana.

El ojo inteligente y la discreción de los aficionados y curiosos —qué bueno es no ser estufat— son, sobre todo, de agradecer a la hora de hacer evidente la relación del arte mallorquín o de maña isleña que sale de los muros solitarios de museos y de las sombras muertas de los conventos locales. Una noticia —una exposición— cuenta, narra, explica, referencia un gran mundo. En la muestra, los carteles y guías claras enlazan autores y escuelas y se subraya aquello desconocido de la interconexión de capitales de arte y mercaderes, cultura y poder: Valencia, Aviñón, Zaragoza, Barcelona, Sicilia, Roma, Nápoles y Florencia.

El protagonismo lo tienen las obras y quienes las hacían o encargaban, los pintores, colaboradores y sus referencias e influencias internacionales de ida y vuelta. De eso va A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420). Hasta septiembre. El patrimonio habla por sí mismo, con generosidad, rigor, detalle. La escenografía de los reyes, el poder, el ritual litúrgico, la peste, las influencias, los maestros y los santos y santas, los colores del Paraíso y los demonios del infierno, el oro de la tabla y los colores sagrados tan bellos, sin rendición.

Aquí acaba la noticia. Enhorabuena al Museo del Prado y al comisario Joan Molina y, asimismo, gracias a la persona que me hizo ver el qué y su trascendencia cultural.

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