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Pedro Coll, fotógrafo: "Yo no hago fotografías, cuento historias"

Ha esperado casi medio siglo para culminar un proyecto que nació cuando la fotografía todavía era analógica. Con Caballos, hombres y mitos. El triángulo fascinante, Pedro Coll reúne imágenes tomadas en Menorca, Galicia y Jerez para construir mucho más que un libro sobre el mundo ecuestre

El fotógrafo, Pedro Coll

El fotógrafo, Pedro Coll / Manu Mielniezuk / .

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Pere Estelrich i Massutí

Pere Estelrich i Massutí

Palma

¿El caballo como excusa o como objetivo?

Me interesaba reflexionar sobre la memoria, la identidad y las personas que habitan esas tradiciones, así que el caballo ha sido una excusa, pues la imagen solo adquiere sentido cuando es capaz de narrar una historia.

Durante muchos años, ejerció la abogacía antes de dedicarse por completo a la fotografía. ¿Fue una decisión difícil?

Muchísimo. A principios de los años setenta no existían las oportunidades que hay ahora. Vivir de la fotografía parecía una quimera y, por circunstancias familiares, estudié Derecho. Pero nunca me sentí cómodo. Después de cuatro o cinco años, decidí dar un salto al vacío. Visto con perspectiva, no fue tan arriesgado porque era el único camino que realmente quería seguir.

Ese salto desemboca ahora en ‘Caballos, hombres y mitos. El triángulo fascinante’, un libro que ha necesitado casi medio siglo para completarse.

Sí. Es un proyecto nacido hace cuarenta años. Comencé fotografiando las fiestas ecuestres de Menorca, después viajé a Galicia para documentar la Rapa das Bestas y, más tarde, a Jerez de la Frontera. Siempre pensé en esas tres tradiciones como un único relato. Entonces no encontré editor y el proyecto quedó dormido. Hace dos años decidí recuperarlo, revisar todo el material y completar la parte de Jerez con una mirada completamente nueva.

¿Qué encontró en ese regreso?

Descubrí que ya no quería hacer un libro sobre caballos. Quería hablar de las personas que viven alrededor de ellos. El caballo es el hilo conductor, pero el verdadero protagonista es el ser humano, sus costumbres, sus rituales y su manera de relacionarse con los animales. Por eso digo que este es un libro de antropología contado a través de la fotografía.

‘Ciutadella’, una de las fotografías que sale en el libro.

‘Ciutadella’, una de las fotografías que sale en el libro. / @pedrocoll

Incluso el director de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre definió así el proyecto.

Exactamente. Me pareció una definición perfecta. La fotografía también sirve para conservar la memoria de una sociedad. Dentro de cincuenta años, muchas de estas imágenes tendrán un valor documental que hoy quizá no apreciamos.

El título definitivo también cambió.

Al principio, el proyecto tuvo otros títulos que no nos convencieron, ni a mí ni al editor. Después de muchas vueltas apareció El triángulo fascinante, un subtítulo que resume mucho mejor la relación entre los caballos, las personas y los mitos que los rodean.

¿Qué resulta más fotogénico: una persona o un caballo?

No creo que exista una respuesta. Puede ser igual de fotogénico un caballo, una persona o incluso una simple butaca. Todo depende de la luz, del momento y del carácter que desprenda aquello que tienes delante. La fotografía siempre nace del encuentro entre el fotógrafo y la realidad.

El libro une fotografías analógicas con imágenes digitales. ¿Ha cambiado su manera de entender la fotografía?

Ha cambiado la tecnología, pero no la esencia. Lo importante nunca ha sido si trabajas con película o con un sensor digital, sino qué quieres contar. La cámara es únicamente una herramienta. La fotografía sigue siendo fotografía.

Siempre ha defendido que no existe una realidad completamente objetiva.

Exacto. Cada fotógrafo interpreta lo que ve. Basta cambiar un objetivo para modificar la percepción de una escena. Un gran angular exagera las proporciones, un teleobjetivo comprime el espacio. Eso también es interpretar. La objetividad absoluta no existe. Lo importante es ser honesto con aquello que quieres explicar.

La mayor parte de su obra personal está en blanco y negro.

Porque el blanco y negro elimina distracciones. Es más narrativo y, para mí, más poético. El color tiene una enorme fuerza y lo he utilizado mucho en fotografía publicitaria y en otros proyectos, como mi revisión del libro sobre La Habana, donde era imprescindible. Pero cuando quiero centrarme en la emoción y en la historia, casi siempre regreso al blanco y negro.

¿Fotografía narrativa o fotografía documental?

La fotografía documental reproduce una realidad. La fotografía narrativa la interpreta y construye un relato. Me gusta decir que yo no hago fotografías, cuento historias. Esa diferencia me parece fundamental.

En esa época de la inmediatez y de la velocidad, ¿la fotografía sirve para detener el tiempo?

Más que detenerlo, lo conserva. El fotógrafo decide qué instante merece permanecer. Esa elección ya forma parte del relato. Con el paso de los años, esas imágenes adquieren otro significado y terminan convirtiéndose en memoria colectiva.

¿Qué aporta hoy la tecnología digital?

Libertad. Antes, un carrete de treinta y seis exposiciones te obligaba a trabajar con muchas limitaciones. Ahora, puedes profundizar mucho más en una historia. La técnica deja de ser un obstáculo y pasa a convertirse en una ayuda. Eso sí, la tecnología nunca sustituye a la mirada.

¿Cómo se ve el mundo a través de un objetivo?

Yo nunca voy de caza con la cámara. Primero, necesito una historia. Después, me dedico a ella con intensidad. No soy un fotógrafo de imágenes aisladas, sino de series y proyectos. Lo importante siempre es el conjunto.

¿Por qué eligió publicar este libro con La Fábrica?

Porque es una editorial de referencia en el mundo de la fotografía. Era el lugar donde siempre había imaginado este proyecto. Cuando les presenté el trabajo entendieron perfectamente lo que quería hacer y apostaron por él. Para mí, era el editor ideal.

¿Qué consejo daría a un joven que quiera dedicarse a la fotografía?

Que encuentre aquello que realmente le interese y que sea muy perseverante. La técnica se aprende. Lo verdaderamente difícil es desarrollar una mirada propia y tener algo que contar.

¿Y en qué trabaja ahora?

Tengo terminadas unas memorias y una selección de artículos publicados en Diario de Mallorca. Además, preparo un nuevo libro fotográfico con un enfoque antropológico y mucho más universal. Todavía está en construcción, pero vuelve a girar alrededor de aquello que más me interesa: las personas y las historias que compartimos, por diferentes que parezcan, nuestras culturas.

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