Bibliomúsica-1
Harnoncourt: cuando la música también piensa
A los melómanos, el nombre de Nikolaus Harnoncourt nos remite, en primer lugar, a las Cantatas de Bach grabadas con criterios históricos junto al Concentus Musicus Wien. Pero Harnoncourt no significa únicamente Bach. Su figura está igualmente ligada a numerosos compositores, especialmente del Barroco, interpretados siempre desde la búsqueda de la autenticidad. El gran director austriaco fue uno de los principales referentes de la llamada música antigua, entendida como el esfuerzo por recuperar las partituras tal y como pudieron sonar en la época en que fueron concebidas.
Sin embargo, Harnoncourt fue mucho más que un director de orquesta o un investigador musical. Fue también un extraordinario pensador y divulgador. Escribía con la misma claridad y profundidad con la que hacía música. Sus artículos, de una notable belleza literaria, constituyen un ejemplo de rigor argumental y riqueza de ideas. Todos ellos merecen ser leídos.
La editorial Acantilado recuperó hace unos años un volumen cuya primera edición apareció en 2006 y que reúne una selección de sus escritos. La música como discurso sonoro ofrece una magnífica síntesis de su pensamiento y permite comprender la dimensión intelectual de quien revolucionó nuestra manera de escuchar la música.
Pese a ser considerado uno de los padres de la llamada «interpretación históricamente informada», Harnoncourt está muy lejos del purismo dogmático. Más bien al contrario. Defiende la música como una fuente de placer, pero también como una experiencia de descubrimiento. Sostiene que al concierto no se debe acudir únicamente en busca de belleza, sino con una actitud abierta a la reflexión. Para él, la música no es solo emoción: también es conocimiento.
Quien escucha debe saber qué escucha; quien interpreta debe saber qué interpreta. Por ello exige un esfuerzo al oyente, pero todavía mayor al músico. Instrumentistas, cantantes y directores no pueden limitar su formación al dominio técnico. Deben conocer el contexto histórico de la obra, las circunstancias que rodearon al compositor, las razones que motivaron su creación e incluso el espacio para el que fue escrita: una gran sala, una cámara, una celebración o un acto religioso. Solo así, sostiene Harnoncourt, el intérprete podrá transmitir con honestidad el verdadero sentido de la partitura.
Dividido en tres grandes apartados, el libro reúne conferencias, artículos y ensayos escritos entre 1954 y 1980. Pese al paso del tiempo, mantienen una sorprendente actualidad. Además, Harnoncourt reduce al mínimo la terminología técnica, lo que convierte la lectura en una experiencia accesible incluso para quienes carecen de formación musical.
Es un libro altamente recomendable para melómanos, aficionados e intérpretes. En sus páginas se encuentran nuevas maneras de entender el hecho musical (no en vano el subtítulo es Hacia una nueva comprensión de la música), reflexiones de gran calado y, sobre todo, una excelente literatura.
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