Luis Olivera, autor del libro 'Peter Ustinov en Mallorca': "Consideraba la isla la tierra de sus antepasados y afirmaba ser medio mallorquín"
El escritor y periodista publica una obra que quiere ser un primer relato biográfico de los casi 40 años que el actor pasó sus vacaciones en la isla, entre 1965 y 2003

Luis Olivera Marañón, autor del libro 'Peter Ustinov en Mallorca' / MANU MIELNIEZUK
El escritor y periodista Luis Olivera Marañón ha publicado Peter Ustinov en Mallorca, un retrato humano, cercano y sorprendente de un genio irrepetible, “una historia de amor que duró más de cuarenta años” entre la isla y el polifacético artista ruso-británico, quien presumía de sangre mallorquina en sus venas y advirtió con antelación de la masificación que hoy padece Mallorca.
“Peter Ustinov es el visitante ilustre que más tiempo ha estado vinculado con Mallorca, casi 40 años, entre 1965 y 2003; y no existe ninguna obra que haya estudiado y tratado sistematizadamente este tema ahora ahora. Hay un vacío histórico y bibliográfico que alguien, en algún momento, tenía que llenar”, señala Olivera, que se ha entregado los últimos años a profundizar sobre la figura y la huella de Ustinov en la isla.
Como cuenta en su libro, el ganador de dos Oscars al mejor actor de reparto, por Espartaco y Topkapi, vino por primera vez a Mallorca en 1965 con la intención de “dar sin prisas la vuelta a la isla” en ocho o nueve días. “Se quedó enamorado del lugar”, y finalmente adquirió una casa en el Port d’Andratx. Desde mucho antes, en 1956, también tenía un barco, “un magnífico velero antiguo, de 18 metros de eslora, que le acompañó en sus visitas a la isla: el Nitchevo”, del que diría: “Ha sido mi inspiración en los buenos tiempos, mi salvación en los malos”.
El día en que 'Nerón' llegó a Porto Cristo
Sobre su primera visita a Mallorca, cuando desembarcó en Porto Cristo, Olivera cuenta una divertida anécdota: “Cuando la Guardia Civil de turno dio por terminado su trabajo ritual, don Martín Bonet, que había presenciado el amarre desde La Lonja, llamó a uno de los guardias y le pidió que le dejara ver los papeles. A los cinco minutos me llamaba por teléfono. ‘Rafel, vine a n’es mollet que ha arribat en Nerón’. ‘Ara que diu, don Martí?’ Lo que sents; que hi ha en Nerón en persona’”.
El legendario actor, un gran trabajador durante toda su larga vida profesional, con 106 películas, la elaboración del guion de 43 producciones, la escritura de once novelas y dos autobiografías, la dirección de una decena de óperas y conciertos en los escenarios más renombrados, y la autoría de trece obras de teatro, además de sus ejercicios como rector en las Universidades de Dundee (Escocia) y Durham (Sudáfrica), encontró en Mallorca un refugio único, su hogar espiritual, su puerto de inspiración, “la paz”, subraya Olivera.
Desde 1965 al año anterior de su muerte, en enero de 2004, Ustinov no dejó de descansar y navegar en la isla. Casi todos los veranos acudía a ella durante la segunda quincena del mes de agosto. Así se convirtió en un veraneante de “toda la vida”, primero en el Port d’Andratx, luego con su goleta, y en una tercera etapa como huesped del Hotel Formentor (Pollença), donde sus empleados le llamaban cariñosamente “don Pedro” y en el que había una suite que llevaba su nombre.
Mallorca, la tierra de sus antepasados
A través de testimonios, recuerdos, documentos, entrevistas con la prensa local -“siempre estuvo disponible para los medios de comunicación”- y altas dosis de humor, el libro ahonda en la amistad que mantuvo con Robert Graves, su participación desinteresada en la vida cultural de la isla o el vínculo entrañable del artista con la tierra de sus ancestros. “Siempre guardo buenos recuerdos de Mallorca, tierra de mis antepasados”, le confesó a un reportero en 1995. En otra ocasión afirmó: “¿Sabe usted que soy medio mallorquín? Mi madre era veneciana, pero su familia había llegado hasta allí desde Mallorca. Su apellido era Cabós, aunque puede haberse deformado con el tiempo”.
Protagonista de filmes célebres como Quo Vadis, Robin Hood o Billy Bud (en español, La fragata infernal), mantuvo una intensa relación con Mallorca: en 1970 participó en el Rastrillo del Pueblo Español para recaudar fondos para UNICEF, con un cuarto de hora de discurso y la entrega de cien dólares de su bolsillo a la causa; en 1972 una compañía amateur de teatro le ofreció un acto de homenaje, que aceptó y en el que improvisó un buen número de imitaciones y números humorísticos; y en 1981 actuó en Muerte bajo el sol, bajo de la dirección de Guy Hamilton, película que rodó sus exteriores en Formentor, Cala Monjo, Cala Blanca, Cala Feliu, Bunyola y la finca de Raixa.
También visionario, ya advirtió en su momento de la masificación que ahora sufre Mallorca, su epitafio puede extraerse de un comentario suyo: “Soy un ciudadano internacional concebido en Rusia, nacido en Inglaterra, trabajo en Hollywood, vivo en Suiza y estoy de gira por el mundo”.
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