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El gallinero

Comedias

‘Un baül groc per en Nofre Taylor’ se estrenó en el Principal de Palma.

‘Un baül groc per en Nofre Taylor’ se estrenó en el Principal de Palma.

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Rafa Gallego

Rafa Gallego

Hay ganas de hacer reír en la dramaturgia balear, y talento, por supuesto, para conseguirlo. Ante los tiempos convulsos que corren (¿Y cuándo no lo fueron?) apelemos al humor, a la caricatura, al surrealismo que te arranca el suspiro, la mueca, la carcajada, incluso. Y además hay intérpretes especialmente dotados para exprimir esas ideas, para ejecutarlas con eficacia. Mariona Hauf, licenciada hace unos pocos años en la Escola d’Art Dramàtic de les Illes (Esadib) es una de ellas y viene de estrenar en el último mes dos producciones muy diversas –en presupuesto, intención y contenido– pero pensadas ambas para convocar la risa. El montaje modesto es Estranyes visites, una prolongación de otro que estrenaron hace años Cata Rosell y Álex Tejedor; una suerte de Teatre de Barra alargado y dirigido por Javier Matesanz. Aquí, Hauf comparte escena con otro de los buenos, Joan Manel Vadell, formando un peculiar dúo que coincide en un peculiar hogar donde ocurren cosas peculiares. Tres historias, varios giros, más o menos inesperados, y público encantado. Se representó en un hotel de Blanquerna (Palma) y va a girar por espacios no convencionales, no escénicos necesariamente, vaya.

La otra obra donde Hauf despliega sus habilidades es Un baül groc per en Nofre Taylor, una de las producciones del Principal de Palma para este año. Sobre un texto, arriesgado, avanzado a su época, también peculiar, de Alexandre Ballester, y adaptado por Joan Fullana, Marga López (a la dirección esta vez) trenzó una potente, vistosa y original propuesta. Ahí estaban (presumo) muchos de sus referentes estéticos: desde Tim Burton a Chaplin, pasando por Lynch, Wes Anderson o Bob Wilson. Y como resulta que también son algunos de los míos, a mí el envoltorio me hipnotizó. Elionor Sintes firmó la escenografía, magnífica. Miquel Àngel Torrens, Alba Flor, Sofía Muñiz, Josep Orfila, Maria Rosselló y Luca Bonadei (soberbio en ese monólogo de los últimos minutos) completan el elenco. Pedazo de cásting. La historia es la de un empresario ecléctico, con desmedida ambición y mínimos escrúpulos, y del universo que se crea a su alrededor. Personajes y gestualidad muy al límite, tres cuartos de la función que transcurren por los terrenos de la parodia y el paroxismo y un tramo final –el que más me interesa– donde el relato se oscurece, se vuelve denso, trágico. Los montajes del Principal, que me parecen muy necesarios, tienen dificultad para girar, por su dimensión, pero ocasiones para verla no van a faltar. Atentos.

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