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CRÍTICA

‘Verdi runner’

La obra maestra de Verdi Rigoletto sube al escenario del Teatro Principal de Palma

La obra maestra de Verdi Rigoletto sube al escenario del Teatro Principal de Palma / Teatre Principal de Palma

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Lleno en el Teatre Principal de Palma para una de esas óperas que nunca pasan de moda. Rigoletto sigue siendo uno de los títulos más populares de Verdi porque reúne todos los ingredientes que el aficionado busca cuando acude al teatro: melodías inolvidables, drama, pasión, venganza y una historia capaz de conmover más de siglo y medio después de su estreno.

‘Verdi runner’

‘Verdi runner’

La nueva producción firmada escénicamente por Elena Barbalich apuesta por una lectura futurista que sitúa la acción en un universo dominado por prismas transparentes, estructuras geométricas y espacios que remiten inevitablemente a la estética de Blade Runner, Star Wars o Star Trek. El trabajo escenográfico de Tommaso Lagattolla construye un mundo de cristal, reflejos y neones en el que el duque parece gobernar una metrópolis galáctica más que una corte renacentista.

La propuesta posee personalidad y coherencia visual, con esos prismas permitiendo diferentes lecturas, aunque los cambios de escena pecan de falta de fluidez. El vestuario acompaña adecuadamente esa visión futurista, aunque resulta llamativo que los personajes femeninos mantengan una apariencia mucho más tradicional que la masculina. La iluminación de Simone De Angelis, con algunas extrañas sombras sobre las caras de los protagonistas en las escenas íntimas, cumple su función, aunque sin llegar a convertirse en un elemento decisivo dentro del discurso escénico.

Si el apartado visual fue un tanto peliculero, el musical resultó convincente. Desde el foso, Oliver Díaz condujo con seguridad y criterio a la Orquestra Simfònica Illes Balears, obteniendo un sonido compacto y equilibrado. La cuerda respondió con solvencia, pero fueron especialmente destacables los instrumentos de viento, de gran refinamiento durante toda la velada. Su intervención en el acompañamiento de Caro nome constituyó uno de los momentos más delicados y elegantes de la noche.

Vocalmente, la función alcanzó un nivel de conjunto notable. No hubo puntos débiles significativos, aunque tampoco apareció esa voz extraordinaria que eleva una representación desde el muy buen nivel hasta la excelencia.

La soprano Génesis Moreno fue, probablemente, quien dejó una impresión más favorable. Su Gilda resultó fresca, musical y expresiva. Cantó con delicadeza las páginas más líricas del personaje y supo transmitir la evolución dramática de una joven que pasa de la inocencia al sacrificio.

El barítono Damiano Salerno compuso un Rigoletto sólido vocalmente, aunque un tanto plano teatralmente. Por su parte, el tenor Filip Filipovic defendió de manera correcta al Duque de Mantua, aunque con algunas mínimas deficiencias en el fraseo, sobre todo en esos momentos en los que la voz debe pasar del piano al forte; pensemos que el personaje, siempre difícil, se ve sometido a una exposición constante por parte de Verdi.

También cumplieron con eficacia Niall Anderson como Sparafucile y Begoña Gómez como Maddalena, dentro de un reparto homogéneo y bien ensamblado. El Cor del Teatre Principal respondió con corrección y buen empaste, afrontando con solvencia sus numerosas intervenciones.

Los mallorquines, Irene Mas (sobradísima en un papel que bien podría haber cantado alguien menos solvente) y Cristòfol Romaguera, muy bien, así como los secundarios, todos sin fisuras.

En definitiva, un Rigoletto bajo neones, al estilo de la película de Ridley Scott. Una producción visualmente atractiva, con una dirección musical muy bien conducida y un reparto vocal notable en su conjunto. Quizá faltó esa chispa artística que transforma una buena representación en una noche memorable, pero el resultado final fue más que satisfactorio. Porque, al fin y al cabo, ni los prismas transparentes, ni los mundos futuristas, ni las luces de neón pueden alterar la esencia de la tragedia verdiana: la historia de un padre que intenta proteger aquello que más ama y termina perdiéndolo todo.

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