La obra maestra de Verdi Rigoletto sube al escenario del Teatro Principal de Palma
Rigoletto: Amor, venganza y drama

Teatre Principal de Palma
Hay óperas que forman parte del repertorio. Y hay óperas que, además, forman parte de nuestra memoria. Rigoletto pertenece a ambas categorías. Quien acuda a partir de este miércoles y hasta el domingo al Teatro Principal de Palma escuchará melodías que probablemente conoce desde hace años, aunque nunca haya entrado en un teatro de ópera. La más famosa, naturalmente, es La donna è mobile, una de esas páginas que han escapado del escenario para instalarse en el imaginario colectivo.
Sin embargo, reducir Rigoletto a sus melodías sería una injusticia. Bajo esa apariencia de obra popular y accesible se esconde uno de los dramas más intensos del siglo XIX. Una historia de amor paternal, de abuso de poder, de venganza y de culpa que sigue resultando totalmente actual.
Cuando Giuseppe Verdi estrenó la obra en Venecia en 1851 tenía ya cuarenta años y había dejado atrás las dificultades de sus inicios. Pero aún no había alcanzado la madurez definitiva de títulos posteriores como La traviata, Don Carlo u Otello. Precisamente por ello, Rigoletto ocupa un lugar especial en su producción: es la obra en la que el compositor empieza a romper las convenciones heredadas y a construir un teatro musical mucho más humano y complejo.
El origen del libreto ya anunciaba problemas. La ópera está basada en Le roi s’amuse, drama de Victor Hugo que había sido prohibido en Francia por presentar a un rey libertino, inmoral y abusador. Las autoridades austríacas que gobernaban parte de Italia tampoco vieron con buenos ojos aquella historia. La censura obligó a modificar personajes y situaciones. El rey se convirtió en duque y la corte francesa pasó a ser la de Mantua. Pero la esencia permaneció intacta. Y esa esencia no es otra que la del poder utilizado sin límites.
El Duque de Mantua es uno de los personajes más fascinantes de toda la historia de la ópera. Encantador, seductor, elegante y musicalmente irresistible. También egoísta, superficial y profundamente inmoral. Verdi tuvo la inteligencia de reservar para él algunas de las melodías más atractivas de la partitura. El público cae rendido ante su música del mismo modo que sus víctimas caen rendidas ante sus palabras. Un embaucador y un encantador de serpientes, con una imagen de oveja bajo la que se esconde un lobo feroz.
Frente a él encontramos a Rigoletto, el bufón jorobado que da nombre a la obra. No es un héroe. Tampoco un villano. Se burla de los demás, participa de las crueldades de la corte y disfruta humillando a quienes sufren. Pero al mismo tiempo es un padre obsesionado por proteger a su hija Gilda de ese mundo corrupto.
Ahí reside la grandeza del personaje. Verdi no nos presenta figuras planas, sino seres humanos llenos de contradicciones. Rigoletto provoca compasión y rechazo al mismo tiempo. Es víctima y verdugo. Ama profundamente y, sin embargo, sus propios errores contribuyen a desencadenar la tragedia.
La obra maestra de Verdi Rigoletto sube al escenario del Teatro Principal de Palma / Teatre Principal de Palma
Musicalmente, la partitura está llena de momentos memorables. El aria Caro nome, con la que Gilda expresa la inocencia de su primer amor; el desgarrador Cortigiani, vil razza dannata, donde Rigoletto suplica a los cortesanos que le devuelvan a su hija; o el célebre cuarteto Bella figlia dell’amore, considerado por muchos uno de los conjuntos vocales más perfectos jamás escritos para la escena, que iguala en belleza al de Fidelio de Beethoven. .
Precisamente ese cuarteto resume la genialidad de Verdi. Cuatro personajes cantan simultáneamente emociones completamente distintas: deseo, amor, ironía y desesperación. Cada uno expresa su propia verdad, mientras la música consigue que todas convivan en un equilibrio casi milagroso.
No es casualidad que muchos estudiosos de la obra de Verdi consideren Rigoletto el comienzo de la llamada “trilogía popular” verdiana, completada poco después por Il trovatore y La traviata. En apenas dos años, Verdi produjo tres obras maestras consecutivas, algo que muy pocos compositores han conseguido en la historia.
Más de siglo y medio después de su estreno, la ópera sigue funcionando porque habla de cuestiones universales: La fragilidad de los hijos ante los errores de los padres, la corrupción de quienes ejercen el poder, la dificultad de escapar de nuestro propio destino, la ilusión de controlar aquello que en realidad se nos escapa de las manos…
Quizá por eso el público continúa emocionándose con esta historia. Porque detrás de los grandes decorados, de las voces extraordinarias y de las melodías inmortales, lo que encontramos es algo profundamente humano.
El miércoles se levantará el telón del Teatro Principal. Sonará el preludio, breve y sombrío, construido sobre el motivo de una maldición que recorrerá toda la obra como una sombra inevitable. Y durante unas horas volveremos a comprobar que Verdi no escribió únicamente una ópera de éxito. Escribió una tragedia que sigue interpelándonos más de ciento setenta años después.
Y eso, en el teatro, es siempre la mejor prueba de que estamos ante una obra maestra.
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