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Entrevista |

"Para una convivencia más sana, tenemos que dejar de ver las plantas como muebles"

Esta bióloga acaba de publicar 'El jardín de los dioses', un ensayo en el que aborda la relación entre las plantas y la espiritualidad

Aina S. Erice: "Para una convivencia más sana, tenemos que dejar de ver las plantas como muebles"

Manu Mielniezuk

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Montse Terrasa

Montse Terrasa

Palma

Aina S. Erice lleva años investigando sobre etnobotánica y más concretamente sobre la relación entre el mundo vegetal y la espiritualidad. Fruto de ese estudio y recopilación de información es su último libro, El jardín de los dioses (publicado por Ariel), en el que habla de plantas, religión, mitología y misticismo. Este jueves, 4 de junio, lo presentará en la librería La biblioteca de Babel, junto a la experta en ingeniería y paisajismo Inma Gascón. Entre muchas reflexiones, Erice invita a “cambiar el chip para ver más verde en las ciudades” y para respetar las plantas como seres vivos y no “como muebles” o meros ornamentos en la ciudad.

Fue estudiando Biología en la universidad, y gracias a uno de sus profesores, cuando Aina S. Erice empezó a descubrir las conexiones del mundo vegetal con la cultura, curiosidades y datos que ahora amplía en El jardín de los dioses, un ensayo sobre la importancia de las plantas en las tradiciones y rituales religiosos, pero también sobre cómo nos afecta y nos beneficia el contacto con el mundo vegetal.

Como pone de manifiesto, las plantas siguen presentes en nuestro día a día, aunque invisibilizadas porque no les damos importancia, aunque la tengan: desde el café que tomamos por la mañana a la ropa que vestimos o muchas de las medicinas que necesitamos, tienen un origen vegetal. Profundizando un poco más, afirma que "muchísimos elementos culturales que consideramos parte incluso de nuestro identitario tienen un componente vegetal".

A lo largo del libro, la autora expone que en tiempos anteriores, o en otras culturas, la vida cotidiana ha estado muy vinculada a las plantas. “Por ejemplo, el cristianismo ha estado obsesionadísimo con el hecho de que las especies de la consagración sean pan y vino. Y, por tanto, a lo largo de la historia, allí donde se han enviado misioneros, se han enviado también los esquejes de viña y trigo. Y claro, eso significa que buena parte de la viticultura en California está motivada porque las misiones necesitaban pan y vino para consagrar. Si les hubiera dado exactamente lo mismo consagrar con maíz, eso no hubiera pasado y sería diferente”.

En nuestra sociedad, dice que ha habido un resurgimiento del interés por la naturaleza y los beneficios sobre el ser humano. “Desde la pandemia eso se ha visto reforzado porque muchas personas que hasta entonces no eran conscientes se han dado cuenta de la importancia que tiene el verde y tener al alcance, aunque sean casual, contacto con plantas”, destaca.

Con el abandono de la agricultura y la evolución de la sociedad hacia otras actividades, afirma que hemos dejado de fijarnos en los cambios de estación, en el cielo, en las estrellas y en los elementos vegetales que hay en la ciudad, que, incluso, pueden llegar a suponernos un estorbo. “Muchas veces nos parece que la única planta buena o digna es la que convive con nosotros y que hace lo que nosotros queremos, la que no se mueve de su sitio o no ensucia. Pero las plantas son seres autónomos y a veces conviene negociar con ellas. Al fin y al cabo, ellas estaban en lo que hoy es Palma mucho antes que nosotros”, remarca. Por ello, “para una convivencia más sana y satisfactoria, tenemos que dejar de ver las plantas como muebles y verlas como otros ciudadanos”, añade.

El origen de El jardín de los dioses se remonta a cuando, diez años atrás, estaba escribiendo su primer libro, La invención del reino vegetal, y descubrió muchas cosas, cuestiones que después decidió abordar en su podcast La senda de las plantas perdidas. Así que durante años ha ido recopilando información hasta que surgió la oportunidad de publicarla. “Mi investigación parte de mucha bibliografía, me encanta leer, me encanta escuchar, escuchar podcasts que hoy en día te da la oportunidad de escuchar voces que hablan de experiencias en primera persona y que no son académicas, pero que son válidas porque son experiencias de gente que lo está viviendo y, por otra parte, he intentado agregar toques que sean míos, intento que cada capítulo comience con alguna experiencia mía que enganche con la temática”, explica sobre cómo se ha documentado para esta última publicación.

Acerca de cuál es la planta que le ha causado mayor fascinación por la historia que tiene asociada, la bióloga no lo duda, el loto sagrado, el Nelumbo nucifera, poco frecuente aquí pero muy presente en otros países y muy importante como símbolo dentro del budismo. “Es muy interesante porque la realidad biológica de la planta tiene un significado religioso muy importante”, comenta sobre el hecho de que este tipo de loto nace en estanques o lagos de fondo limoso y se eleva por encima del agua, dando una flor. “Desde los limos y fangos puede salir algo que es hermoso, que no se moja y no se mancha nunca y, por lo tanto, esto es algo a lo que una persona religiosa aspira o puede aspirar”, resume la escritora.

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