Opinión
Dos junios: cuando el modelo importa
Este mes de junio, Mallorca está protagonizando sin proponérselo un experimento involuntario sobre cómo las instituciones culturales se relacionan con los artistas. No en abstracto, no en un informe, sino en tiempo real: dos eventos del mismo formato, en la misma isla, en el mismo mes, con resultados radicalmente distintos.
Por un lado, el 13 de junio se celebra la Nit de l’Art de Son Servera 2026 —NASS 2026— con un modelo que, en el contexto de los eventos culturales nocturnos de Mallorca, constituye una novedad documentada: los artistas seleccionados cobran 250 euros por su participación, con factura tramitada a través de la sede electrónica del ayuntamiento. No es un gesto discrecional. Es un procedimiento administrativo normalizado que reconoce el trabajo artístico como lo que es: una actividad profesional con un coste real.
El modelo completo de la NASS 2026 va más allá del pago. Las bases establecen un jurado profesional de cuatro personas —entre ellas, la directora de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca— que selecciona las propuestas según criterios explícitos de calidad artística, adecuación al espacio y viabilidad técnica. El evento se celebra en las capillas de la Església Nova, patrimonio vivo que dialoga con la creación contemporánea. Hay comisaria, ayuda técnica, seguridad nocturna. Y hay identidad propia: una cuenta de Instagram creada específicamente para el evento, diseño coherente, comunicación cuidada. Una institución que invierte en la imagen de lo que organiza está diciendo que lo considera relevante.
Por otro lado, en estas mismas semanas, un grupo de artistas mallorquines ha empezado a organizar acciones de protesta y llamadas públicas a no participar en determinados eventos culturales de la isla que no remuneran a los creadores. No es un fenómeno nuevo, pero sí es nuevo que se articule de forma organizada, con convocatorias explícitas y presencia en redes. Que esto ocurra simultáneamente al modelo de Son Servera no es una coincidencia: es el síntoma de un sector que ha llegado a un punto de inflexión.
Desde la Unió de Creadors de Mallorca llevamos meses documentando lo que los artistas de la isla ya saben de primera mano: que la no remuneración no es una excepción ni una limitación presupuestaria circunstancial, sino un modelo estructural que se ha ido formalizando progresivamente en las convocatorias públicas. En nuestra encuesta entre 171 artistas, el 65,3% declaró no recibir ningún tipo de compensación económica por sus participaciones en exposiciones públicas. Ese dato, recogido antes del verano pasado, sigue siendo válido hoy.
Lo que hace relevante el caso de Son Servera no es únicamente que pague. Es que paga dentro de un modelo coherente, replicable, con presupuesto municipal y voluntad política. Esto desmonta el argumento más frecuente con que se justifica la no remuneración: que no hay margen, que el formato no lo permite, que es lo que hay. Son Servera demuestra que hay otra manera de hacer las cosas, y lo demuestra con un documento público, unas bases firmadas y un procedimiento administrativo.
La pregunta que queda, y que corresponde hacerse ahora, antes de que se abran las próximas convocatorias de otoño, es cuántos ayuntamientos de la isla van a tomar nota. El precedente existe. Ya no es posible decir que no se sabe cómo se hace.
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