Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Julia Moreno relata historias del barrio chino de Palma en 'Mis amigas las putas': "Hay chicas que de verdad salieron y están muy bien situadas"

La escritora ha recuperado con este libro de relatos las confesiones que las prostitutas hacían en la peluquería de su madre en la década de los 70

Julia Moreno relata historias del barrio chino de Palma en 'Mis amigas las putas'.

B. Ramon

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Montse Terrasa

Montse Terrasa

Palma

Julia Moreno creció en el antiguo barrio chino de Palma. En la peluquería de su madre, siendo una niña de 11 años ya escuchaba las historias de mujeres que se dedicaban a la prostitución, eran las clientas y en ese local encontraban un confesionario. Aquellos recuerdos y aquellas personas están recogidos en el libro Mis amigas las putas (Diversidad Literaria).

De ese barrio chino que recuerda Julia Moreno casi nada queda, aunque la prostitución sigue en la calle. Las historias que ella cuenta se remontan a los años 70 y asegura que "todo es real", aunque ha cambiado los nombres de sus protagonistas. La calle Socorro abre y cierra esta serie de relatos, en las que hay marginalidad, pero también finales felices. “Todo corresponde a lo que yo viví”, reitera la escritora.

Fue su amigo el pintor Joan Gibert quien la convenció para que publicara esos recuerdos como relatos y quien le dio el título de Mis amigas las putas. Y ellas son la Bombón, la Mari, la Piadosa (su historia preferida y con final feliz), la Lupe, Manuela, Xisca, la rata… Algunas se apartaron de la prostitución, otras acabaron mal sus días. De esos casos que acaban bien, Julia Moreno asegura que no ha edulcorado nada. “Hay chicas que de verdad salieron y están muy bien situadas. Es que existe el ‘pretty woman’. Por ejemplo, el ‘pretty woman’ característico sería el de la Mari, que se casó con un propietario de un hotel muy conocido en Palma. Era una mujer que decía palabrotas, una tabernera, pero era tan simpática... te hacía reír mucho. Y este hombre se enamoró de ella, ya no era muy jovencito, y se casaron. Y durante una temporada le puso a una persona que la ilustró, que la educó, que le daba clases de buenas maneras”, rememora la escritora.

Julia Moreno dedica Mis amigas las putas a su madre, una mujer que describe como adelantada a su tiempo. “Era muy abierta, escuchaba estas historias, no se escandalizaba, no juzgaba... Yo creo que encajaría más en la sociedad de ahora que no en la de antes. Y, además, tenía esa espontaneidad, que le podías contar tus cosas, que te escucha, que te aconseja sinceramente, que le sale del alma escucharte, que no lo hace por quedar bien, lo hace con sinceridad. Era una persona, como yo digo, muy agradable para ellas, que se sentían a veces muy solas, y con problemas que no podían contar a otra puta, porque la otra puta estaba igual que ella, tenían que buscar a una persona más neutral y mi madre era esa persona neutral, imparcial”. Era en su peluquería, en la que la escritora también trabajó hasta los 23 años, adonde iban a diario estas mujeres. “Cada día, cada día, venían a repeinarse, iban bien maquilladas, bien vestidas, o sea, que había clases. Después había la vulgar, la hortera, la de callejón, ese era otro nivel, esa no podía venir tanto a la peluquería, pero las que trabajaban en bares de alterne, que son las que solía tener mi madre, pues además ganaban mucho dinero, y aunque querían irse, salir de la prostitución, pues también había ese otro anclaje que las tenía allí, porque ganaban dinero y sabían que en ningún otro sitio ganarían lo mismo”, recuerda de aquella época. “Había pocas que tuvieran un chulo, eran unas putas muy adelantadas, se manejaban por ellas mismas. Las que tenían chulo lo pasaban muy mal porque tenían que trabajar o lo que se les presentara, y después el chulo que también les pedía que se acostaran con él, y si no, una paliza”, añade sobre esas mujeres.

Moreno dejó el barrio, pero muchos años después volvió a frecuentarlo como voluntaria de la organización Médicos del Mundo, repartiendo preservativos y material sanitario. “Y entonces ya conocí otro tipo de prostitución, muy diferente, muchas latinas, muchas marroquíes…”, explica.

Además de algunas litografías de Joan Girbent, Julia Moreno ha incluido en sus relatos poemas de Juan Rodríguez y de Jaime Medina, fotografías de Milena Zapata y un desnudo pintado por Ada. Presentó el libro en Palma hace unas semanas y el próximo día 5 de junio por la tarde lo hará en Lloret de Vistalegre. Allí hablará de estas historias, entre las que también hay un alegato por los derechos LGTBI en el relato Donde arde la libertad, uno de los más extensos del libro y escrito en primera persona, en la piel de un hombre homosexual que sufre la represión y la persecución en su juventud, en esas décadas de finales del siglo XX, hasta lograr vivir libremente con su pareja en Mallorca.

Tras publicar Mis amigas las putas, Julia Moreno ha comenzado a escribir otro libro, esta vez con personajes gitanos, como lo era una de sus abuelas. “Yo, que soy una gran lectora, busco algo diferente siempre, algo con lo que aprenda, una historia no contada mil veces de manera diferente. Y cuando escribo, busco un poco ese mundo de curiosidad”, comenta de su afán por contar algo diferente.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • Palma
  • prostitución
  • Cultura
  • relatos
  • mujeres
  • barrios de Palma
  • Libros
Tracking Pixel Contents