Oblicuidad
El libro sobre las falsedades de la IA basado en citas creadas por la IA
El autor de un ensayo sobre los efectos letales de la Inteligencia Artificial se nutrió de enunciados alucinados por el ‘chatbot’

Maria Ressa, Nobel por defender la verdad y prologuista de su maltrato. | / EFE
Mientras la parroquia se distrae con Zapatero, en mayo ha culminado la inversión intelectual, el ser humano ha sido engullido por la Inteligencia Artificial. La víctima o culpable, según se mire, responde por Steven Rosenbaum. Acaba de lanzar uno de los ensayos más jaleados del año, El futuro de la verdad, cómo la IA reforma la realidad. Es innecesario precisar que cuestiona la pervivencia de los criterios factuales, en el imperio de las máquinas independizadas.
Para iluminar a los lectores sobre la perversión de la realidad, el autor apuntala sus tesis con numerosas citas sesudas. Y aquí empezaron los problemas, cuando el maldito New York Times descubrió que varios entrecomillados sobre la falsificación a cargo de la IA habían sido creados por la misma IA que se pretendía combatir. O dicho en román paladino, eran invenciones que en tiempos antiguos se descargarían sobre el autor del libro.
Abrumado por las evidencias, al denunciador de «la reforma de la realidad» a cargo de la IA no le quedó más remedio que confesar que había deformado esa misma realidad. El desarbolado Rosenbaum confesó pomposo que su libro «contiene un manojo de citas sintéticas o atribuidas de modo impropio», vulgo nunca emitidas. En el lenguaje tramposo de la propia IA, propuestas «alucinadas» por el ingenio digital.
Así rodaba por los suelos el prestigio de Simon and Schuster, la editorial que no supo detectar las patrañas. Peor todavía, el prólogo de El futuro de la verdad está firmado por Maria Ressa. La valerosa periodista filipina obtuvo el Nobel de la Paz por su defensa de la verdad en terreno enemigo, contra las amenazas y procesamientos instados por Rodrigo Duterte. La campeona de los medios digitales se convertía ahora en avalista de un ensayo que maltrataba la mínima exigencia de rigor, por recurrir a otro término trasnochado.
Es fácil describir gráficamente el comportamiento de Rosenbaum, y de quienes vendrán después. En la atmósfera de una viñeta de Gary Larson, un profesor con prisas debe asistir a una mesa redonda donde se aguardan sus invectivas contra la Inteligencia Artificial, que no ha tenido tiempo de preparar. Al igual que un alumno pillado en falta, le lanza un prompt a su IA de cabecera:
-Dame argumentos poderosos para refutar la Inteligencia Artificial.
Sería compasivo afirmar que El futuro de la verdad se ha saltado los controles de calidad que merece un ensayo con voluntad de superventas. En realidad, las barreras han desaparecido. La verificación, que es la exaltación de la razón, se reduce a una ilusión. ¿O alguien no ha entendido el significado literal de una inteligencia «alucinada»? No se trata de que el mentiroso reciba el crédito, sino de que monopolice la autoridad.
No conviene preocuparse en exceso por Rosenbaum, que se ha limitado a galopar al ritmo de los tiempos. En la fase primitiva, el afamado Bernard-Henri Lévy fue acusado de basarse en exceso en la Wikipedia para escribir uno de sus ensayos, reducido a una suma de extractos. Ahí sigue el pensador, la imagen por encima del contenido. De hecho, el autor de El futuro de la verdad considera que «estos errores no disminuyen el impacto de las cuestiones que aborda el libro sobre la verdad, la confianza y la IA, con su impacto sobre la sociedad y la democracia».
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