Ángel Baldovino, un pintor plenamente activo y "feliz" con 96 años
El artista inaugurará la exposición 'La luz viene de arriba', el próximo 3 de junio, en Cansalas Gallery & Art House de Palma, donde mostrará 23 obras de reciente creación

B. Ramon

Ángel Baldovino cumplirá 97 años dentro de poco. Nacido en Buenos Aires y asentado en Mallorca desde hace décadas, es un pintor abstracto, conversador ameno, recitador de citas célebres, lector de autores clásicos y admirador de Leonardo da Vinci, pero también de Georgia O'Keeffe. Ahora prepara una nueva exposición, la primera desde que, en 2006, ses Voltes acogiera una retrospectiva de su pintura. La luz viene de arriba reúne 23 obras de muy reciente creación y se inaugurará el 3 de junio, de 18 a 20 horas, en el espacio Es Garatge de Cansalas Gallery & Art House de Palma, algo que le tiene “feliz”.
Baldovino no hace caso de los achaques propios de su edad, dice que la pintura le ayuda a olvidarse de ellos. “Pintar me aporta todo, me aporta salud, me aporta diafanidad mental, porque se ve que no estoy divagando, digo cosas concretas que le pueden servir a un ser humano, ¿no?”, plantea durante un encuentro en la galería, donde ya están colgados sus cuadros, la gran mayoría de colores alegres, vivos, inspirados en elementos de la naturaleza, como los pájaros, que le han acompañado siempre. Cuenta que desde su casa en Alaró contempla el paisaje y pinta, desde primerísima hora: “A las 4 de la mañana, que me levanto, a las 5 a lo más tardar, me miro al espejo y digo, gilipollas, no te hagas tonto. Hacete el listo. Me reprendo a mí mismo. Y digo, los pinceles, que están ahí muertos, ¡eh!, tenés que empezar a darle vida, como decía Leonardo, que los pinceles eran sus soldados”, explica. Durante la charla, también comenta que solo ve por un ojo, pero que eso no le impide ni leer (utiliza una gran lupa) ni pintar. “Al contrario, me hace concentrar, me concentro y no pierdo el asombro de las cosas”, dice.
El pintor Ángel Baldovino, que con 96 años inaugura exposición en Cansalas Gallery & Art House / B. Ramon
Este argentino pisó tierra mallorquina por invitación del también pintor Cándido Ballester en 1977 y ahora es la hija de su amigo, María Isabel Ballester, quien ha posibilitado esta nueva exposición en la galería de Ann Wikström Mogliani. “Al llegar a Mallorca vi que era un paraíso y he tratado de pintar la belleza que tiene esta isla, que muchos no la ven”, recuerda sobre cómo el nuevo destino le influyó. Ha pintado sus calas, el mar que le “une a la eternidad”, sus árboles, animales...
Ángel Baldovino muestra un carácter jovial y no se recrea en los episodios más duros que ha vivido y que, algunos, han marcado también su pintura, que ha evolucionado desde lo figurativo a lo abstracto. Su padre murió cuando él solo tenía un año y, junto a sus hermanos, pasó parte de su infancia en un orfanato. De adulto, estuvo al borde de la muerte y en coma durante 24 horas, experiencia que le hizo mirar lo que le rodeaba de otra manera. En 1988, tras dejar Mallorca, acaba viviendo de la caridad, hasta que regresa a la isla. A su Argentina natal no ha vuelto desde que murió su madre y descarta hacerlo. “No podría subir a un avión ahora con esta edad, porque al bajar yo podría tener algún problema cardíaco, claro, de la emoción o de viejo… Más de viejo que de la emoción, porque la emoción la tengo controlada”, comenta con humor.
Estos 20 años desde su última exposición parecen no haberle pesado. “Hoy soy más audaz en recrear lo que estoy mirando”, reflexiona. En otros momentos de la charla da muestra de la espiritualidad que le guía: “Hay que amar a la gente, hay que ser respetuoso con el ser humano, no se puede vivir de otra manera. De soberbio, yo no voy a ningún lado. Yo prefiero no tener nada y ser digno de mis amigos y ser sincero”, declara.
Baldovino aspira a llegar a los 101 años que vivió su abuela, la que le enseñó a montar a caballo, y aunque transmite que no tiene ninguna prisa por dejar este mundo, también dice que, cuando llegue ese momento, lo hará con alegría: “El día que desaparezca me voy muy contento de todo lo que he dejado para la humanidad, me voy contento, feliz”. Y comparte la clave para serlo: “Uno logra la felicidad si sabe quién es. Si no sabe quién es, si no tiene amor por los demás, ¿cómo puede ser feliz si los demás no son felices?”.
También explica que vive muy desconectado de todo lo que impone el mundo digital y por ello tiene la ilusión de reencontrarse con viejos amigos en la inauguración de La luz viene de arriba.
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