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En contra

Pedro Martorell: «Soy el autor del cartel homófobo y racista de Felanitx, quería sacudir las conciencias»

PERE MARTORELL.

PERE MARTORELL. / Redacción

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Matías Vallés

Matías Vallés

Pedro Martorell (Palma, 1954) es un artista con medio siglo de trayectoria, con galería y taller en el Carrer Major de Felanitx desde hace dos años. «Contestatario, no convencional, no decorativo, alejado del glamour», ha conmocionado a Mallorca con un cartel que su propio autor define como racista y homófobo.

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Es usted el autor del cartel homófobo y racista de Felanitx?».

Sí, soy el autor del cartel homófobo y racista, lo escribí para conmover a la gente y sacudir las conciencias. No soy convencional, funciono a nivel artístico y el texto es la manifestación de una forma de ver las cosas descarnada, desde la barbarie.

El pasado martes colocó este texto en su taller de la Calle Major: «Si quieres que tus tomateras no le peguen los bichos y estén esplendorosa como soles rocialas con sangre de un inmigrante o de un activista LGTBI».

En el texto se insulta a unos colectivos. Solo indica una ofensa, enfocada a un pensamiento totalmente contrario a la expresión. He querido agitar las mentes de forma un tanto insultante. Soy muy instintivo y espontáneo, fue dicho y hecho.

Con ese texto, es comprensible que no se aprecie su sentido de la transgresión.

Es perfectamente comprensible, por eso tengo que explicar que mis valores están en las antípodas del texto, según demuestra mi trabajo de décadas. Lo que sucede es que no mido demasiado las consecuencias de mi expresión, no soy precavido ni prudente.

¿Su cartel es una obra de arte?

No, qué coño ha de ser una obra de arte. No tiene nada que ver, nada.

¿Buscaba entonces publicidad?

No, no sé lo que buscaba. No sé si es bueno ser una persona como yo, pero así soy. Qué le voy a hacer.

¿Quería llamar la atención de los felanitxers porque no le hacen caso?

Le he dicho a la alcaldesa que llevo dos años en Felanitx, adonde vine con toda la ilusión del mundo, y que en este tiempo no he encontrado a un solo felanitxer en mi taller. No me dicen ni ase ni bèstia. Y conste que el arte no es negocio salvo que seas Barceló, pero me encuentro en dificultades económicas.

Felanitx es un municipio rompedor que aprecia la provocación.

No la aprecia, para nada. Voy a bares o escucho por la calle una forma de expresarse muy ultraderechista. Me quedo un poco traspuesto.

Pues regrese a Palma, la ciudad muerta.

Es que Felanitx me gusta mucho, me encanta.

Por la calle Major pasan niños.

Me da más miedo que vean pornografía o los efectos de la Inteligencia Artificial, que sufran películas sanguinarias o con tiros y asesinatos. Eso es asqueroso.

Y encima, no pidió usted perdón.

Considero que no debo pedir perdón. En realidad, he conseguido lo que quería y no con premeditación, sino por las circunstancias, por descabellado que parezca el cartel.

Al retirar el cartel, reconoció que era excesivo.

Vino la Policía Local y me aconsejó que lo quitara. No voy a meterme en un asunto legal por esto, ya había cumplido la función que le di.

¿La Policía Local formalizó una denuncia?

Se limitaron a decirme que lo retirara, y les repliqué que «no os preocupéis». Me entendieron a la perfección, simplemente, no lo vieron conveniente.

El cartel fue sustituido por otro: «El arte puede ser para ricos o para pobres, pero nunca para palurdos». ¿Señalaba a sus críticos?

No he querido ofender, no va más allá de lo que dice, que un miserable no se entera de nada.

¿Qué es lo peor que le han dicho?

La gente no habla conmigo ni estoy en redes, pero he escuchado desde que «esto es una mierda» a que «esto es libertad de expresión».

¿Qué piensa usted realmente de los inmigrantes y del movimiento LGTBI?

Me he casado con una mujer negra, he convivido con otras dos y tengo muchos amigos gays. Todo al contrario que el texto.

Miquel Barceló se autorretrató desnudo en la Catedral, y no se montó ningún jaleo.

En realidad, el Cristo no es Barceló, es un monigote que puedes manejar a tu gusto. Pero el mensaje visual no es lo mismo que el oral, fácil de entender por todo el mundo.

No era su primer cartel problemático.

A raíz de Irán puse «Sí a la guerra», o «Sí a destruir hospitales, a violar a mujeres y a matar a niños». Y remataba con la palabra ‘Miseria’. También vino la Policía Local, y también se llevó los carteles.

Tiene que haber formas menos provocadoras de llamar la atención.

Soy un hombre muy suave, noble, amable y conciliador, pero a veces me reboto. No soy exactamente provocador, pero sí un poco cañero, doy ‘matadura’.

¿Cuál será su próxima provocación?

Creo que me tomaré un descanso, aunque no unas vacaciones porque soy una máquina de imaginar. Ojalá pudiera desarrollarlo todo.

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