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Màrius Serra: «La ignorancia cotiza al alza, lo que dice muy poco sobre nuestra sociedad»

El escritor Màrius Serra. |

El escritor Màrius Serra. | / PERE ESTELRICH I MASSUTÍ

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De Antonia Font y su verso Plans de futur a Camus y su Le Malentendu.

(Sonríe) Cierto, aunque matizaría que tanto el grupo como el escritor francés son totalmente compatibles.

¿Jugar con las palabras es hacer literatura o es al revés?

Escribir siempre es poner en juego las palabras, sea cual sea la intención final. Escribir implica una combinatoria creativa, lo que pasa es que si solamente lo consideramos un juego podemos entrar en un bucle autocomplaciente, por eso hago mío el verso de Carles Riba en el que habla «del juego y el fuego», dos palabras en las que se puede incluir toda la historia de la literatura, pues implica el acto de poner palabras intentado ir hacia el fuego del alma humana.

Y en ese contexto, ¿dónde situamos a Joan Brossa, que en vez de palabras usa conceptos gráficos?

Brossa tuvo la virtud de reivindicar el juego en un momento en el que el fuego era el de la dictadura. Brossa salvó las palabras, salivándolas, transgrediéndolas y explorándolas.

El título de la novela es El mal entès. ¿Podría haberse titulado El malentès?

La novela está llena de malentendidos que provocan situaciones en las que el azar plantea nuevos caminos a los protagonistas. Así que sea junto (malentès) o separado (mal entès), todo es parte de un juego. Aunque sí quiero remarcar que entender el mal es tarea algo menos que imposible, como la de cuadrar el círculo. La idea roussoniana sobre la posibilidad de llegar al bien universal es equivocada. La bondad total y absoluta es una falacia, aunque son buenas esas creencias utópicas sobre la fraternidad universal propuestas por grandes maestros, como Beethoven, por ejemplo, que nos han permitido como especia sobrevivir y llegar hasta aquí.

¿Y si en lugar de intentar entender el mal hiciéramos lo contrario, entender en bien?

El bien y el mal son dos caras de la misma moneda, entendiendo uno llegaremos al otro. Eso ya pasa en las novelas de género negro, en las que el policía intenta entender el mal del asesino en serie para llegar al bien y capturarlo. Hablamos a menudo del mal porque el bien suele tener mala prensa, el mal nos atrae.

Volvamos a la novela: en ella el azar es parte importante de la trama.

El azar es omnipresente en nuestras vidas, pues nos permite ser humildes y no creer que tenemos la capacidad de dominar el mundo. Somos una especie depredadora, entre nosotros mismos y hacia nuestro entorno y muchas veces creemos que lo podemos controlar todo y eso no es posible, el riesgo cero no existe, el azar puede trastocar cualquier plan que hayamos trazado y eso es lo que les pasa a los personajes de la novela, que viven muchas situaciones determinadas por el azar. El azar puede condicionar nuestro destino, cosa que nos debería ayudar a ser conscientes de nuestra fragilidad. Hasta los gobernantes deberían tener claro que la vida es una enfermedad mortal de transmisión sexual. Todos hemos nacido a partir de un hecho azaroso y todos llegaremos a la tumba. La única certeza es que el tiempo es lineal e igual para todos.

El azar conduce al concepto matemático de probabilidad.

La matemática es una de las visiones culturales del mundo más fascinantes de entre las que nos ayudan a explicarlo. A la vez, la matemática tiene un punto de creación abstracta que la acerca a la poesía y a la música. Me siento próximo a las ideas del grupo Oulipo que propone que la literatura puede generarse a partir de restricciones formales como reglas matemàtiques y combinaciones lingüísticas.

Siguiendo con las matemáticas le diré que las gráficas hermosas suelen tener fórmulas o ecuaciones sencillas que las definen.

En otras novelas mías anteriores he utilizado la idea de que, normalmente, las reglas más sencillas son las que dan más juego narrativo. La simplicidad es un valor que añade belleza y potencia a la narrativa. La literatura y el arte que me interesan se corresponden con esa idea de simplicidad. Algunas obras de arte quedan a veces lastradas por una ampulosidad innecesaria.

Novela extensa y formada por dieciséis capítulos, cada uno auto concluyente. ¿Eso es literatura fractal?

(Sonríe). Y eso sin ninguna premeditación. Es verdad que, sin pretenderlo, cada capítulo se cierra, empezando y cerrándose. Cosa que me ha permitido añadir personajes y tramas que inicialmente no tenía previstos. Si bien el concepto matemático de fractal tiene algo de seductor para los escritores, en mi caso ha aparecido sin pretenderlo.

Si, resumiendo, decimos que la matemática busca patrones, ¿qué busca la literatura?

Nuevos patrones para explicar las mismas historias de siempre.

¿Qué le preocupa más, el analfabetismo o el anumerismo?

Ambos conceptos van en paralelo, aunque los dos juegan al alza. Hoy no se lleva el entender conceptos abstractos, cosa que me entristece y preocupa, pues reducir la capacidad de razonar lleva al fanatismo puro y duro, a creer en el dualismo: o conmigo o contra mí. El fanatismo lleva a un mundo sin matices, sin las múltiples variaciones Goldberg que nos propone la vida. Y eso empobrece la sociedad y la lleva al totalitarismo. Y en todo ese tema de no querer entender la cultura, parece que tiene más prestigio la literatura que la ciencia: no poder citar una obra de Shakespeare no mola, en cambio no conocer las leyes de Newton o de la termodinámica no importa. Y aquí debemos recurrir a la etimología de la palabra prestigio, que proviene del verbo fingir, así que ante los demás no te hace más ignorante no conocer algo de ciencia que no poder citar una obra literaria. Fingir no saber de ciencias incluso queda bien, frivolizar sobre ello es muy normal, cuando realmente lo que vienes a decir es que eres ignorante y además nada preocupado por el conocimiento. La ignorancia cotiza al alza, lo que dice muy poco sobre nuestra sociedad. En otras zonas, en Sudamérica, por ejemplo, tener cultura puede ser un elemento de salvación para salir de un entorno complicado y conflictivo. En occidente eso no suele pasar.

¿Ciencias, Letras o la Tercera vía?

Cultura. No polaricemos. Yo mismo cursé bachillerato de ciencias y empecé medicina, carrera que después y por un tema burocrático abandoné para pasar a la música y la literatura. La división está entre las personas curiosas y las que no lo son.

El protagonista de su última obra ejerce de traductor literario.

He querido reivindicar esa figura, sin ellos, sin los traductores, no podríamos acercarnos a muchas obra de la literatura universal.

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