Entrevista
La escritora Empar Moliner: "La vida es una fiesta y espero marcharme de ella sin que se note"
La autora catalana, que se dio a conocer literariamente con el relato, protagonizó este sábado la última jornada del festival La Coma, organizado por la Fundació Mallorca Literària. Conversó con la periodista Montse Virgili sobre ‘El relat com a petjada’

La escritora catalana Empar Moliner, este sábado en el jardín de la Casa Museu Llorenç Villalonga, en Binissalem / R.G.

¿El relato es el género previo antes de dar el salto a la novela?
Hay veces en las que un relato largo es una novela corta y otras donde una novela es un relato más extenso. Hoy día, en la literatura, hay una gran mezcla de géneros, que practicamos constantemente. Es como plantar juntos diferentes tipos de lechuga, que las semillas acaban contaminándose unas de otras, en el buen sentido, y surgen nuevos tipos de lechuga que sobreviven al verano. Yo acostumbro a imbricar los géneros cuando hago periodismo, como nos enseñaron los americanos, ya que en realidad todo es literatura. De todos modos, habría que distinguir entre el relato y el cuento. Este es una pequeña historia que termina con un final, mientras que el relato es lo que los franceses llaman un trozo de vida. Comienza y acaba en un punto, aunque podría hacerlo un tiempo antes o después, como por ejemplo los que escribe Raymond Carver. Cuando los lees, piensas «pero este tío qué me ha explicado, no me ha contado nada». Y al cabo de un rato eres consciente de que te ha dicho absolutamente todo.
¿Qué huella deja la literatura en sus autores?
En los demás no sé. En mi caso, publiqué un libro titulado Desitja guardar els canvis? Como cuando el ordenador te lo pregunta al cerrar un documento. Sería interesante poner que no, que no te quedase ninguna huella de todo lo que has escrito en la vida. La literatura no tendría que servir a los escritores, pese a que sí sirve, no debería ser un ejercicio psicológico para nosotros, aunque sí lo es, sin pretenderlo. Me refiero a la literatura profesional, porque el simple hecho de escribir para uno mismo es muy positivo para cualquier persona, provoca cambios que van muy bien y yo lo aconsejo a todo el mundo siempre que tengo la oportunidad.
En sus relatos no tiene piedad con los personajes y tampoco con el marido de la protagonista de su reciente novela, Instruccions per viure sense ella.
A la protagonista, Clàudia Pruna, sí le tengo una cierta piedad como autora, al contrario que al resto de personajes. En un momento dado, ella le explica al joven aprendiz que para desnudar a alguien, antes que nada debes tener piedad. Además, para desnudarlo, tú también tienes que hacerlo contigo mismo. Esta frase explica el sentimiento de la protagonista hacia la literatura, que es el mío como autora. No obstante, siempre es mejor no tener piedad de nadie cuando estás escribiendo. Mira las películas de los hermanos Cohen, por ejemplo, que tienen unos guiones extraordinarios. Si te fijas, todos sus personajes tienen una parte disfuncional. Esta es la gracia, que no hay protagonistas con todas las virtudes ni desastres absolutos entre los antagonistas porque la gente real no es así.
Clàudia Pruna se parece a usted en el ámbito profesional, pero ¿Empar Moliner llegaría a seguir publicando tras su muerte?
Ahora podríamos decir que esta entrevista la hemos realizado por correo electrónico, que no me has visto, que en realidad hace mucho tiempo que no estoy entre los vivos y como sabía que me preguntarías eso, tenía la respuesta preparada. La novela puede ser leída en clave de autoparodia porque comparto profesión con la protagonista. Ella está a punto de morir y organiza su marcha de forma muy pragmática, económica, de la manera menos romántica imaginable. Podría dar la sensación de ser un libro pesimista y en realidad es muy vitalista. Yo cuando voy a una fiesta, lo que más me cuesta es despedirme antes de marcharme. No me gusta nada, por lo que acostumbro a irme sin decir adiós. Para mí la vida también es una fiesta y espero marcharme de ella sin que se note.

La portada de su nueva novela / .
El trasfondo de la novela es una crítica a la carga mental que sufren las mujeres como cuidadoras y ahora también como proveedoras. ¿Qué huella deja esta situación en la sociedad?
Esta es una de las lecturas que pueden extraerse del libro, aunque la crítica también es extrapolable a todas las personas cuidadoras y proveedoras, no solo las mujeres. Mi personaje en concreto, Clàudia, está enganchada a cuidar, quiere cuidar, pero en el fondo lo que le gustaría realmente es que también la cuidasen a ella.
Otro tema que trata es la crisis del periodismo, aunque usted no es pesimista. ¿Qué esperanza ve?
Cuando empecé a publicar, ya hace muchos años, auguraban que tanto el catalán como el periodismo se morirían. Yo sigo escribiendo en catalán y haciendo periodismo, dos actitudes vitales que me encantan. No creo que el periodismo muera porque la curiosidad para mí es el máximo signo de inteligencia y es una virtud que se entrena. El pasaje de La Biblia que más me gusta es el de la huida de Sodoma y Gomorra, cuando Dios le dice a Lot que si se marchan, les salvará, pero si miran hacia atrás, les convertirá en sal. La mujer de Lot mira hacia atrás. Esa es la buena actitud, la curiosidad por lo que había atrás, aunque te conviertas en sal.
En Cataluña parece triunfar la literatura originaria de Mallorca, ya que los isleños Carles Rebassa y Biel Mesquida se han llevado este año los premios más prestigiosos en catalán. ¿Lo ven así allí o somos un poco chauvinistas?
Tanto Mesquida como Rebassa son dos escritores buenísimos, por lo que no es que hayan galardonado a dos autores mallorquines, sino a dos excelentes literatos, a lo que se añade la suerte de que escriben en nuestra lengua. Además, en el caso de Biel Mesquida, el premio es un reconocimiento a su extensísima trayectoria, que ha abierto camino a otros muchos, sin olvidar que es un gran divulgador. Yo creo que si fuese francés le hubiesen otorgado el Nobel de Literatura.
¿El independentismo continúa latente o ha quedado olvidado?
De momento está olvidado, no sé si latente. Yo ya hice todo lo que tocaba aquel 1 de octubre y ahora lo miro desde la barrera. Intentamos conseguir la independencia y no fue posible. Creo que ahora la lucha que deben abordar los que nos siguen en los Països Catalans, nuestros descendientes, es la de salvar la lengua catalana.
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