Elettra Wiedemann en Mallorca: «Si cuidas el tejido que te rodea, ese tejido te sostiene»
Hija de Isabella Rossellini y nieta de Ingrid Bergman, la emprendedora y fundadora de ‘Mama Farm’ participa en XTANT Mallorca con una reflexión sobre sostenibilidad, privilegio, comunidad y responsabilidad cultural

Elettra Wiedemann en Mallorca: «Si cuidas el tejido que te rodea, ese tejido te sostiene» / GUILLEM BOSCH
Mañana domingo, 10 de mayo, Elettra Wiedemann participará en XTANT Mallorca junto al futurista Philip Fimmano en Our Footprint: a conversation around privilege and responsibility, un encuentro que tendrá lugar en Can Vivot y que abordará cuestiones como la sostenibilidad, la artesanía, la ecología y la responsabilidad cultural desde la experiencia de Mama Farm.
Wiedemann forma parte de XTANT Mallorca, fundado por la diseñadora y comisaria Kavita Parmar, una de las plataformas internacionales más reconocidas dedicadas a la artesanía, los textiles, la sostenibilidad y el intercambio cultural. Reuniendo a artesanos, pensadores y creativos de todo el mundo, el evento explora la relación entre patrimonio, ecología, comunidad y cultura contemporánea.
Viene de una familia con una enorme herencia artística y, sin embargo, su trabajo se siente profundamente propio. ¿Cómo conviven en usted la herencia y la construcción de su propia identidad?
No creo que este proceso haya sido muy distinto para mí de lo que lo es para cualquier otra persona. Simplemente seguí aquello que sentía verdadero e importante. Amo profundamente a mi familia y me siento orgullosa de todo lo que han construido. Si algo une a ambos lados de mi familia es una forma de pensar fuerte e independiente. Eso me dio la libertad de seguir mi propio camino sin sentir que debía replicar nada ni rebelarme contra ello. Mi recorrido —la moda, el triatlón, los estudios internacionales, la granja o la meditación— probablemente parezca incoherente desde fuera. Pero desde dentro se siente como una aventura que no ha dejado de crecer.
¿Qué despierta XTANT en su manera de pensar y entender su propia práctica?
Estoy emocionadísima de formar parte de XTANT este año. Lo que Kavita ha construido es realmente extraordinario. Y lo que más me interesa es que en el centro de todo hay una pregunta muy sencilla: ¿qué entendemos realmente por valor? Existe el valor que aparece en una hoja de cálculo. Pero también existe valor en la belleza, en el placer, en la salud, en la conexión humana o en las historias que compartimos. Estar aquí, en Mallorca, en un espacio donde artesanía, ecología y cultura dialogan constantemente, amplía muchísimo mi manera de entender todo eso.
¿Cómo entiende hoy la idea de ‘huella’ dentro de la práctica creativa
Para mí, la huella es todo aquello que dejamos atrás dentro de los sistemas vivos que tocamos: el suelo, las especies, las relaciones, el conocimiento o la comunidad. Cada vez más, intento invertir mis recursos en personas y proyectos que fortalecen el tejido que tienen a su alrededor. Creo profundamente en la idea de que, si cuidas el tejido que te rodea, ese tejido acaba sosteniéndote también a ti. Y eso no tiene que ver únicamente con economía o sostenibilidad, sino también con vínculos, comunidad y responsabilidad compartida.
¿Hasta qué punto su mirada ha estado condicionada por el privilegio y cómo lo gestiona de forma consciente?
Nací en un entorno marcado por el acceso, la visibilidad y ciertos privilegios. Soy plenamente consciente de ello y no intento negarlo. Lo que siempre me pregunto es: ¿qué responsabilidad implica ese privilegio? Y la respuesta a la que vuelvo constantemente es la democratización; es decir, cómo utilizar aquello a lo que yo he tenido acceso para ampliar el círculo y generar más oportunidades para otros. Ese hilo atraviesa todo lo que he hecho como adulta. Goodness Pop-Up intentó llevar la sostenibilidad al mundo de la moda desde un lugar deseable y atractivo, no moralizante. Impatient Foodie nació de la sensación de que el movimiento Slow Food tenía valores extraordinarios, pero muy poca accesibilidad para gente joven con menos tiempo y menos recursos. En Mama Farm, lo más importante para mí no son las imágenes bonitas. Son las relaciones que hemos construido con escuelas, organizaciones sociales y comunidades locales.
¿Cuál cree que es hoy el uso más engañoso de conceptos como ‘sostenibilidad’ o ‘responsabilidad’?
El más engañoso es cuando se presentan como una meta alcanzada en lugar de como una práctica constante. Una marca obtiene una certificación, publica un informe o anuncia un objetivo… y eso se convierte automáticamente en el relato. Pero la sostenibilidad es algo vivo, en permanente transformación. Además, muchas veces prioriza lo que puede medirse o auditarse por encima de todo el entramado humano, cultural y ecológico que hace posible realmente un objeto.
¿Existe el riesgo de romantizar la artesanía para una audiencia global sin mostrar las realidades que existen detrás?
Absolutamente. La romantización de la artesanía se vuelve problemática cuando la admiración termina convirtiéndose en una forma de infravalorar el trabajo. Crear cosas —cultivar, producir o trabajar con materias primas— es físicamente exigente, complejo y emocionalmente duro. Una fotografía bonita de un alimento o de un tejido no muestra el desgaste físico, el riesgo económico ni los años de conocimiento acumulado que existen detrás. Por eso valoro tanto lo que consigue XTANT: conectar a las personas con la artesanía de una forma que les permita comprender realmente en qué están invirtiendo.
¿Dónde traza la línea entre inspiración y apropiación?
Para mí existe una diferencia muy clara entre tomar una idea y darle una nueva dimensión —eso sería inspiración— y simplemente copiarla o explotarla —eso sería apropiación—. La clave está en si tu relación con aquello fortalece el tejido del que proviene: si genera vínculos económicos reales, amplifica voces y crea oportunidades de colaboración. La apropiación toma la estética, vacía de contenido el sistema que la sostiene y desaparece. Una actitud colabora; la otra devora.
¿Cuál fue el punto de partida de Mama Farm?
Creo que muchos hemos tenido la sensación de mirar el mundo y preguntarnos dónde podemos tener realmente un impacto. Con poco más de veinte años entendí que no podía cambiar de la noche a la mañana las cadenas globales de suministro ni las políticas agrícolas. Tuve que abandonar esa idea gigantesca y concentrarme en algo más cercano e inmediato. Poco a poco comprendí que tanto la alimentación como los textiles son puertas de entrada a esa red invisible de relaciones, conocimiento, tierra y trabajo que nos sostiene. Y esa comprensión acabó llevándome a Mama Farm.
¿Cómo está influyendo Mallorca en su manera de pensar el lugar, la identidad y la responsabilidad cultural?
Es mi primera vez en Mallorca y estoy absolutamente feliz de estar aquí. Creo que necesitaré vivir esta experiencia y descubrirla poco a poco durante mi tiempo en XTANT.
¿Qué contradicción no resuelta reconoce dentro de su propia práctica?
Creo profundamente en la misión de Mama Farm, pero también vivimos dentro de una sociedad capitalista. Y esa tensión aparece constantemente. Gestionar una granja —el equipo, los animales o unos fenómenos climáticos cada vez más extremos— tiene un impacto económico muy real. No existe una versión perfecta o completamente limpia de este trabajo. Simplemente intentamos tomar decisiones de las que podamos sentirnos orgullosos hoy, mientras construimos algo que también pueda servir a quienes vengan después de nosotros.
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