Por qué querer algo rapidito en asesoría de imagen casi nunca funciona
En imagen, como en cualquier disciplina profesional, los buenos resultados no aparecen por intuición ni por urgencia. Detrás de una imagen coherente hay siempre un proceso, aunque a veces se intente evitar

(De izquiera a derecha) 1. GEORGE Y AMAL CLOONEY: Elegancia clásica coherente. Reuters. 2. RIHANNA: Identidad fuerte y reconocible. Efe. 3. ZENDAYA: Coherencia entre elegancia y naturalidad. 4. HARRY STYLES: Estilo propio más allá de las normas. Efe. SARAH 5. JESSICA PARKER: Estilo personal definido. Reuters. / .
«Quiero algo rapidito para este fin de semana, que tengo una cena importante». Es una de esas frases que, formuladas así, parecen perfectamente razonables. De hecho, es algo que, en ocasiones, escucho en mi día a día profesional y que siempre me resulta, cuanto menos, sorprendente, porque suele venir de personas con las que no tengo ninguna relación ni he trabajado nunca.
No por la petición en sí, sino por lo que implica: la idea de que el resultado puede existir sin el proceso.
Porque la asesoría de imagen no consiste en resolver una situación puntual, sino en construir una base. Y toda base, para que funcione, necesita algo más que intuición o rapidez: necesita método y criterio.
Cuando ya conoces bien a la persona, todo cambia. Sabes cómo es, cómo se mueve, qué le funciona y qué no. Ahí sí, una recomendación puntual tiene todo el sentido. Incluso puede resolverse de forma rápida, con un mensaje o un par de indicaciones. Pero eso no es improvisar: es apoyarse en un trabajo previo.
A veces, para entenderlo mejor, basta con trasladarlo a otros ámbitos. Sería como pedirle a un arquitecto que diseñe una casa sin planos, con la idea de ya hacer bien los cimientos más adelante, cuando haya más tiempo, porque ahora, de momento, lo que se necesita es «una cosa que quede mona y aparente». O acudir a un médico con una dolencia y solicitarle un tratamiento rápido para aliviar el momento, dejando para otro día las pruebas necesarias «para no complicarse ahora». Incluso podríamos imaginar algo similar en el ámbito legal: necesitar asesoramiento para un juicio y pedirle al abogado que prepare «algo rápido», sin estudiar el caso en profundidad, porque lo importante es salir del paso y dar el pego delante del juez.
En todos estos casos, el resultado sería, como mínimo, incierto y, en la mayoría, claramente insuficiente. Precisamente por eso, cualquiera de estos profesionales, por poner solo algunos ejemplos, se negaría a realizar un trabajo planteado de ese modo.
Sin embargo, en imagen, esta forma de plantearlo se ha normalizado. Se piensa que basta con elegir un conjunto adecuado, acertar con un par de decisiones y confiar en que todo encaje. Pero la realidad es otra. La imagen personal no funciona por aciertos puntuales, sino por coherencia. Y la coherencia no aparece por casualidad: se construye.
Y es interesante observar que esa misma lógica es la que encontramos en muchas páginas web o catálogos de grandes firmas de moda, donde se presenta un estilismo completo con la posibilidad de adquirirlo tal cual.
Es una propuesta clara, visual y práctica, pensada para facilitar la decisión en un momento concreto. Algo así como «algo rapidito para este fin de semana, que tengo una cena importante». Para ese tipo de decisión, no es necesario recurrir a un asesoramiento personalizado, y me parece perfecto que exista.
De hecho, también es habitual inspirarse en referentes visuales, ya sea a través de plataformas como Pinterest o tomando como base estilismos de figuras públicas que nos gustan. Es una forma válida de explorar ideas y encontrar combinaciones que funcionan en un contexto determinado, y me parece igualmente acertado utilizarlo como punto de partida.
De la misma manera que uno puede consultar por su cuenta el apartado que le interesa del Código Civil sin necesidad de contratar a un abogado. La diferencia no está en el acceso a la información, sino en la capacidad de interpretarla y aplicarla correctamente.
Por eso, la asesoría de imagen no puede plantearse como algo rápido ni puntual. Porque requiere pensar bien antes de actuar, y eso implica tiempo, método y estructura. Y es precisamente ahí donde se marca la diferencia entre improvisar y construir.
Afortunadamente, esta diferencia existe. Porque, de no ser así, si todo pudiera resolverse con un estilismo de catálogo o una referencia de Pinterest, la figura del asesor de imagen carecería de sentido.
Y es precisamente en esa diferencia (entre elegir y construir) donde este trabajo encuentra su verdadero valor.
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