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Oblicuidad

El mundo se rinde a los matemáticos

El Papa que ha humillado silogísticamente a Trump y el entrenador que ganó la Copa del Rey son titulados universitarios en números

León XIV ha desarbolado a Trump con un sermón en ecuaciones.

León XIV ha desarbolado a Trump con un sermón en ecuaciones. / DM

Matías Vallés

Matías Vallés

El mundo está un poco harto de abogados o economistas convencionales. Para aliviar la congestión, se rinde últimamente a los matemáticos imprevisibles. Sin caer en la estridencia, se les atribuye un vértice de locura contenida, la capacidad de sorprender. Desentonan, pero el lector letrado o numerado querrá recordar que no se describe aquí una novedad en la esfera pública, al contar con precedentes como Pitágoras y Arquímedes. Dominaron cuando no había diferencia entre ciencia y poder, como ahora mismo.

Dos ejemplos de la nueva tendencia. El Papa que ha humillado silogísticamente a Trump y el entrenador que ganó la Copa del Rey de fútbol para la Real Sociedad son titulados universitarios en Matemáticas. Si León XIV se graduó en la prestigiosa universidad católica norteamericana de Vilanova, el también estadounidense Pellegrino Matarazzo se tituló en Columbia, integrada en la elitista Ivy League además de fabricante de cuatro presidentes estadounidenses y de 84 premios Nobel. Descender de estas alturas empíreas a pastorear futbolistas equivale a una caída libre, quede para los investigadores el teorema irresoluble de que el vestuario comprenda a este Menotti de ciencias, aunque circunscriba su discurso a la tabla de clasificación.

Se intentará demostrar que el Papa y el Mister han asombrado echando mano de su formación. Trump predicaba que el cónclave vaticano no había alumbrado a un pontífice estadounidense porque fuera matemático, sino para congraciarse con la nueva Casa Blanca. De ahí la sorpresa cuando Pope Bob, como conocen en Estados Unidos a Robert Francis Cardinal, salió respondón y derrotó dialécticamente en su terreno al mejor comunicador del planeta. Todo ello gracias a un sermón en ecuaciones. Secante, sin salirse por la tangente, austero, irrefutable. Solo le faltó tener una pizarra a mano para trazar la curva mediante la que desarbolaba a su rival, pese a no concederle ese título.

Trump buscó un clinch con León XIV y se encontró a Luis XIV, el Papa Sol. Así que nos vamos al fútbol. Cuando empieza a rodar la final de Copa, solo Matarazzo en toda la Cartuja sabe medir una victoria que siempre surge del azar, variante fundamental de la probabilística que por fuerza domina un titulado en Matemática Aplicada.

Matarazzo se impuso porque dominaba las mil maneras en que podía y casi debía caer derrotado. De hecho, ganó al Atlético de Madrid en varias ocasiones durante el encuentro. Le adornaba un conocimiento ajustado de los márgenes, frente a la brutalidad frontal de Simeone. El fútbol de las supercherías quedó asombrado ante el matemático, ahora ilustrado de oficio junto a fórmulas y ejes de coordenadas. Le ha otorgado la condición de hechicero, cima de la ciencia balompédica. Había recreado Moneyball, la traducción del pelotazo a un diluvio estadístico que inundó al deporte estadounidense, hasta crear maravillas como los Golden State Warriors de Stephen Curry.

Para rematar la exaltación con unas gotas de acíbar, otro extravagante profesor de Matemáticas que fascina al mundo se llamaba Jeffrey Epstein. Claro que el gran amigo de Trump logró colocarse como docente en un colegio de postín después de haber falsificado incluso su título de licenciado por la New York University, al igual que manipuló el resto de su existencia.

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