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CRÍTICA

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Marga Cloquell y Paloma Camprodon interpretan este drama.

Marga Cloquell y Paloma Camprodon interpretan este drama. / Teatre Principal de Palma

‘La Voix humaine’

  • Ópera de F. Poulenc
  • Marga Cloquell, soprano
  • Gemma Camps, directora musical
  • Teatre Principal de Palma
  • 24/04/26

La representación de La Voix humaine de Francis Poulenc en el Teatre Principal de Palma confirmó la vigencia de esta «tragedia lírica» basada en el texto de Jean Cocteau. Se trata de una obra breve —apenas tres cuartos de hora— pero de enorme densidad emocional, sostenida casi exclusivamente por la palabra, la música y la capacidad expresiva de la intérprete. La función logró conectar con esa esencia desnuda y profundamente psicológica que define la pieza.

Estamos ante una ópera-monólogo en la que todo sucede en el interior del personaje: no hay acción externa, sino un progresivo desmoronamiento emocional. Las palabras de la protagonista —las únicas que se escuchan— constituyen un recurso dramático de gran potencia. Cada silencio, interrupción o vacilación tiene un peso específico, lo que exige una precisión extrema tanto desde el foso como desde la escena.

La propuesta escénica optó por una estética visualmente rica y cargada de elementos, algunos de carácter simbólico, como el armario o la americana del amante ausente. Este planteamiento, atractivo desde el punto de vista plástico, contrastaba con la desnudez emocional del libreto. En este contexto se incorporó la figura de una bailarina (Paloma Camprodon) como alter ego de la protagonista, con la intención de exteriorizar su conflicto interno. La idea, sugerente en teoría, tuvo resultados desiguales: en ciertos momentos añadía una dimensión poética interesante, pero en otros subrayaba en exceso emociones ya claramente expresadas por la música y la interpretación, perdiendo así eficacia.

El eje de la velada fue la soprano Marga Cloquell, que asumió el reto con notable solvencia. Su interpretación destacó por la musicalidad, el cuidado del fraseo y una implicación dramática constante. Supo construir un personaje creíble y matizado, evitando el exceso melodramático y apostando por una progresión emocional bien dosificada. Sostuvo el peso teatral con naturalidad y convicción. Sin embargo, en algunos pasajes, en los susurrados o casi hablados, su voz quedó parcialmente cubierta por la orquesta, lo que dificultó apreciar plenamente ciertos matices expresivos.

La Orquesta de Cámara del Teatre Principal, dirigida por Gemma Camps, ofreció en general una lectura sólida y bien articulada de la partitura de Poulenc. Se percibió un trabajo cuidadoso en la creación de atmósferas y en el seguimiento del discurso musical, estrechamente ligado al texto. No obstante, el equilibrio entre orquesta y voz —fundamental en una obra de estas características— no siempre fue el ideal y, en algunos momentos, la masa sonora resultó excesiva para una partitura que requiere transparencia y contención.

Más allá de estos matices, la producción logró transmitir con eficacia la soledad, la dependencia emocional y la incapacidad de aceptar la pérdida. En un mundo donde la comunicación sigue mediada por dispositivos —hoy esa llamada sería un mensaje de WhatsApp—La Voix humaine continúa interpelando al espectador con sorprendente actualidad.

En conjunto, la función ofreció una lectura intensa y comprometida de esta obra singular. Es de agradecer que la temporada de ópera, en su cuadragésima edición, apueste por títulos fuera del circuito habitual, dominado por el repertorio italiano. La inclusión de esta obra, junto al reciente Holandés errante wagneriano, abre la puerta a una programación más diversa y estimulante.

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