CRÍTICA
Calidad sin descanso
Obras de Beethoven, Stravinsky y Olivares
- Orquestra de Cambra de Mallorca
- Eduardo Ríos, violín
- Fernando Valcárcel, director
- Teatre d’Inca / 18-04-2026
Calificación: ****
Tener una formación como la Orquesta de Cambra de Mallorca, con sede estable en Inca, es un auténtico privilegio que conviene subrayar sin ambages. No todas las localidades pueden presumir de una actividad musical de este nivel, sostenida en el tiempo y con propuestas que combinan repertorio, riesgo y criterio. El concierto ofrecido el sábado en el Teatre Principal d’Inca volvió a poner de manifiesto esa saludable realidad.
La sesión, dirigida con solvencia y buen pulso por Fernando Valcárcel, presentó un programa atractivo en el que convivían la Suite sobre Pulcinella de Stravinski, el célebre Concierto para violín de Beethoven y el estreno de Preludio en luces de Vicente Olivares. Como curiosidad, se invirtió el orden habitual, situando el concierto beethoveniano en la segunda parte, rompiendo así con el esquema más previsible y dotando al conjunto de un aire distinto.
El estreno de Olivares resultó una propuesta de notable interés. Se trata de una obra tonal, de discurso claro y vocación melódica, que no renuncia a la comunicación directa con el oyente. Lejos de ciertos experimentalismos herméticos, Preludio en luces despliega una paleta sonora accesible, bien construida y con momentos de evidente belleza. Fue recibida con atención y calurosos aplausos por parte del público, que supo valorar la apuesta por la creación contemporánea.
La obra stravinskiana, en la que el compositor homenajea dos momentos clave de la historia del arte: el Barroco y la Italia del XVI con la Commedia dell’arte, se mostró clara, matizada, dando valor a cada una de las secciones, enfatizando sus momentos protagonistas, así como el ritmo en esos pasajes trepidantes.
En cuanto al Concierto para violín de Beethoven, el solista Eduardo Ríos ofreció una versión cuidada, de gran musicalidad y afinación siempre segura. Su lectura se distinguió por un fraseo elegante y una comprensión estilística notable, especialmente en los pasajes más líricos y evitando equilibrios técnicos en el Rondó. Quizá se echó en falta un mayor cuerpo sonoro en determinados momentos, una proyección más rotunda que permitiera que su instrumento se impusiera con mayor claridad sobre la masa orquestal, pero ello no empañó una interpretación de alto nivel, rematada con la conocida cadencia de Kreisler.
Valcárcel, por su parte, condujo a la orquesta con criterio, equilibrio y atención al detalle, logrando un acompañamiento atento y flexible, siempre al servicio del solista cuando fue necesario. La respuesta de la orquesta fue homogénea y comprometida, con intervenciones que el público premió con entusiasmo.
Cabe destacar, además, que el concierto se ofreció, acertadamente, sin intermedio, una decisión que, lejos de fatigar, contribuyó a mantener la tensión y continuidad del discurso musical, algo que se agradece.
Una velada de notable altura, con un público entregado que aplaudió tanto las intervenciones orquestales como las del solista. Un nuevo ejemplo de por qué es un valor añadido contar en Mallorca, y especialmente en Inca, con una orquesta de estas características.
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