Música
La primera directora de orquesta mallorquina, Gemma Camps, debuta en la ópera con ‘La voix humaine’
La batuta isleña es una de las pocas de España y el mundo, y también fue pionera como 'blaveta' de la Escolanía de Lluc
Se estrenará en la lírica el 24 y 25 de abril en el Teatre Principal de Palma, en cuyo coro cantó durante cinco años

La primera y única directora de orquesta de la isla, en la platea del Teatre Principal de Palma / B. Ramon

Fue pionera con diez años como una de las tres niñas blavetes de la Escolanía de Lluc tras cinco siglos de coro de niños; solo tenía siete cuando entró en el Conservatori y eligió la especialidad de percusión, «tremendamente masculinizada y poco valorada»; y ahora es una de las escasas directoras de orquesta que hay en España, «en torno a una decena», y en todo el mundo.
Gemma Camps Galmés es además la primera batuta de Mallorca y la próxima semana se estrenará al frente de una ópera. Lo hará en el Teatre Principal de Palma con el desgarrador monólogo de Poulenc La voix humaine, dirigiendo a una veintena de instrumentistas de una orquesta de cámara específica para esta nueva producción, que se representará los días 24 y 25 en la 40 Temporada de Ópera.
La joven mallorquina conoce bien la sala pública palmesana, en la que no solo ha sido directora asistente de las obras La Traviata y Turandot con la Simfònica, sino también miembro del coro de los 16 a los 21 años, cuando se mudó a Madrid para estudiar dirección de orquesta.
En ese periodo cantó en Aida, Rigoletto, Eugenio Oneguin, Cavalleria Rusticana y Turandot en dos ocasiones, entre otras muchas óperas, mientras estudiaba piano, percusión y composición en el Conservatori de Ciutat.
Su pasión por la música nació cantando y sin ningún antecedente en la familia. «Mis padres vieron que desde muy pequeña tenía esta inclinación y con cuatro años me apuntaron al coro infantil de la Universitat, ya que ellos trabajan allí. Como crecía mi interés, me llevaron a clases de piano a la escuela Ireneu Segarra, muy valorada en Mallorca y donde también estaba mi hermana», tal como recuerda de sus inicios.

Gemma Camps ha estudiado piano, percusión, composición y dirección de orquesta / B. Ramon
Lenguaje musical
«Durante las clases de lenguaje musical, que normalmente es lo que menos gusta a los niños, yo disfrutaba mucho y pedía que me enseñasen más cosas, ya que tenía una enorme curiosidad, según me han contado. Quería comprender por qué la música me producía tanta emoción, más que tocar un instrumento, pero la formación musical no se entiende sin saber interpretar. Es imprescindible que los directores de orquesta hayan estado en el otro lado», afirma.
Los profesores animaron a sus padres a llevarla al Conservatori pese a su corta edad y los docentes de allí, «grandes profesionales», constataron que aquella niña rubia tan apasionada por el lenguaje musical iba encaminada hacia la dirección de orquesta.
«Pusieron palabras a lo que yo no sabía cómo expresar, ya que no tenía ningún referente, por lo que a partir de ese momento, con unos 13 o 14 años, empecé a seguir los mismos pasos formativos que habían dado los grandes directores, como estudiar composición», rememora.
Esta carrera pudo hacerla en Palma, a diferencia de dirección de orquesta, que realizó en Madrid tras lograr superar «unas intensas y durísimas pruebas de acceso que son como unas oposiciones, ya que solo había seis plazas», tal como destaca.
Gemma Camps comenzó con otra alumna (los demás eran chicos), pero no continuó con las clases, por lo que se quedó sola. Además, «todos eran bastante mayores que yo -cuenta- porque son unos estudios para los que se necesita mucha preparación».
Ella finalizó a los 24 años (tiene 31) y durante esa etapa , «entre todos los cursos, éramos unas cuatro o cinco alumnas», un número muy reducido que crece lentamente sin apenas referentes femeninos con la batuta al frente. «Yo empecé a conocer a mujeres profesionales cuando estaba acabando la carrera y porque tuve interés, aunque no son nada conocidas ni es algo que esté normalizado», lamenta.
Situaciones incómodas
En su trayectoria profesional, ha soportado «algunas situaciones incómodas debido a la estructura machista que continúa vigente e incluso algún momento violento, como agresiones verbales en un ensayo. Hay hombres que no son capaces de aceptar la autoridad de una mujer, lo que te obliga a tener una posición aún más autoritaria de la que querrías, pero la tónica general no es esta, sino de total compañerismo», se congratula la directora de orquesta.
Gemma Camps ha roto moldes desde que se convirtió en blaveta de Lluc y siempre ha contado con el apoyo incondicional de su familia, que le decía: «Si no hay ninguna mujer directora de orquesta, tú serás la primera». Y así ha sido.
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