En contra
Carles Casajuana: «Mejor que gane Magyar, pero Orbán también hubiera tenido que aceptar las normas»

Carles Casajuana. / RICARD FADRIQUE / efe
Carles Casajuana (Sant Cugat del Vallés, 1954) fue embajador en Reino Unido, Malasia y Vietnam, director de Internacional del gabinete de Zapatero, y novelista ganador del Premi Ramon Llull. El próximo viernes, este «mallorquín honorario» participa en la sesión sobre Desorden internacional y Derecho internacional en la facultad de Derecho de la UIB.
Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Irán ha ganado su guerra?».
De momento, Estados Unidos no puede con ellos y, para Irán, aguantar es ganar.
¿El Derecho es la ley del más fuerte?
No siempre es así; la capacidad de resistencia puede derrotar al más fuerte. La fuerza no lo puede todo, y olvidarlo conduce a errores graves.
¿Vivimos la era del Desorden Internacional?
El orden que se crea hace ochenta años, después de la Guerra Mundial, inaugura el concepto de una comunidad internacional y estaba necesitado de una adaptación. Entonces, surge un personaje que, consciente o inconscientemente, causa una disrupción. Espero que no se imponga, porque la revisión indispensable no consiste en caer en el puro desorden.
Desorden o no, también es el momento de más flujo comercial entre países.
Nunca ha habido tanta comunicación entre países ni tanta gente que ha salido de la miseria. Durante mi vida, los dos cambios más impresionantes son la reducción de la pobreza extrema de la mitad a un diez por ciento de la población mundial sin erradicarla aún, y la emancipación todavía no plena de la mujer.
Dos hitos con una cara B.
Sí, la reducción de la pobreza ha venido acompañada del empobrecimiento de capas de los países ricos, generando movimientos populistas. Y el rechazo al cambio de posición de la mujer alimenta a la ultraderecha.
Trump nunca pronuncia las palabras «democracia» o «Estado de Derecho».
«Estado de Derecho» me parece demasiado sofisticado para él. En cuanto a «democracia», no le favorece personalmente y lo sabe, tiene otros instintos. Trump habla para sus seguidores, mira por su clientela.
¿La derrota de Orbán es el triunfo de la Unión Europea?
No llegaría a tanto, la Unión Europea no depende de lo que vote un país miembro. Para la UE, es mejor que haya ganado Magyar, pero también Orbán hubiera tenido que aceptar las normas o pagar las consecuencias y ser apartado.
¿Orbán demuestra que a la ultraderecha también se la derrota en las urnas?
Demuestra que hay un tope, el ascenso de la ultraderecha es claro, pero tiene límites, muy claros en Orbán. Porque los populismos prometen, pero sin pagar cuota.
Tuvo usted un cargo clave con Zapatero, ¿no duda hoy de su presidente?
No tengo dudas, y siento una gran admiración por él como presidente del Gobierno. Todo se aclarará.
¿Y le ha sorprendido Ábalos?
Ni esperaba nada de esto ni lo comprendo. Es nefasto, terrible. Y me parece mal de entrada que el secretario de Organización de un partido sea ministro de Fomento, con un claro conflicto de intereses. Es una tradición que ya se daba con Álvarez Cascos.
¿La diplomacia es el arte de callar?
No siempre, depende de la situación. Callar es la posición más razonable, pero callar ahora delante de Israel no es razonable ni diplomático.
Trump no calla nunca.
Su prioridad y su obsesión es controlar el flujo informativo, y lo logra. Ahora mismo, haciendo de Jesucristo o amenazando a China. Consigue que se hable de él.
¿No estamos culpando a Trump de demasiadas cosas?
Quienes nos dedicamos al comentario público, podemos atribuir con éxito cualquier situación mundial a Trump, a la Inteligencia Artificial o a China. Alguna de las tres nos resolverá la cuestión.
Obama entró en Pakistán para ejecutar a Bin Laden.
No defiendo los asesinatos selectivos de Washington, pero había allí una legitimación ante quien se había declarado responsable de matar a 2.300 estadounidenses.
Como embajador, vio caer en directo la ‘tercera vía’ de Tony Blair.
Cuando llegué a la embajada, ya estaba Gordon Brown, pero tuve reuniones cuando Tony Blair cuando era primer ministro. Me pareció un comunicador excepcional, sencillo y muy afable, con buenas intenciones. No siempre he entendido su evolución posterior.
Para usted, Puigdemont es un «expatriado».
Porque no me parecía un exiliado, ni tampoco un fugitivo, pues permanece en la UE y a disposición de la justicia. Lo incomprensible y lamentable es que no haya podido volver a pesar de la amnistía. Una ley aprobada por el Congreso no es una broma.
¿Jubilado viene de júbilo?
No para mí. Escribo, participo, espero no jubilarme porque no dimitiré de mi vida. Como funcionario, estoy en una situación administrativa diferente, no va más allá.
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