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El gallinero

Locuras

Imagen de Sa varietat en sa locura, de Iguana Teatre.

Imagen de Sa varietat en sa locura, de Iguana Teatre.

Rafa Gallego

Rafa Gallego

Sigue celebrando Iguana sus primeros 40 años de teatro. Recuperó Twist & Txèkhov hace unos meses y el fin de semana pasado, en coproducción con el Principal de Palma, estrenó el remake de Sa varietat en sa locura, uno de sus montajes más icónicos, y arriesgados también. Recuerdo disfrutar aquella obra en la plaza de la Part Forana, diría que en el marco de las verbenas de verano y apuesto a que hoy sería difícil esa exhibición comunitaria donde el público respetaba al artista, sin interferencias ni móviles grabando o sonando, ni reels de Instagram dando fe del hecho cultural. No ha cambiado los textos –del siglo XVII– Pere Fullana (dramaturgo y director), ni Jordi Banal la innovadora escenografía; se ha adaptado lo justo el artefacto lingüístico (el mismo Fullana y Carme Planells) quizá para adecuar alguna expresión y se ha sustituido tres cuartos del elenco, eso sí. Repite Carles Molinet –en 1994 compartía escena con Joan Carles Bellviure, Apol·lònia Serra y Miquel de Marchi– y se incorporan Alícia Garau, Salvador Oliva y Rodo Gener (es complicado reunir tanta vis cómica y tanto talento en una sola ficha artística), para poner el verbo y la rima a cinco entremeses que transitan temas mundanos, universales, urgentes: el hambre, la infidelidad, la envidia, la locura... Patrones bufonescos, mezcla de teatro costumbrista, cervantino, de la Commedia dell'arte, del Grand Siècle francés para componer unos cuadros divertidos, surrealistas, hilarantes. Teatro bien hecho, sin complejos, popular, rara avis en los días que corren.

De la apuesta continua de la Sala Beckett por la autoría contemporánea, rescatamos una pieza contundente, demoledora en su planteamiento, impactante desde el inicio hasta el fundido en negro. Escrita por la valenciana Guadalupe Sáez, voz que brilla en la dramaturgia actual, y dirigida por Alicia Gorina –ha sabido llevar un texto-bomba al terreno de una oscuridad tan bella como dolorosa– Tinc un bosc al cervell es un viaje al borde el abismo, y sin cinturón de seguridad, que te recuerda que la incertidumbre es peor que la pérdida, y más si se trata de los más preciado que suele habitar una vida. Soberbia Rosa Boladeras, más que convincentes los niños (Lila Sina, Alejandra Cid y Pau Monserrat en mi función). Si vais a Barcelona, allí estará hasta el 10 de mayo, pero esperemos que gire, mucho, y que recale en nuestras salas.

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