El grupo mallorquín Ossifar graba su nueva canción tras 30 años: “Está quedando muy bien, procuraremos estropearla lo menos posible”
El popular grupo mallorquín graba estos días un tema, el primero en 30 años, con el que quiere agradecer la lealtad de su público
"Siempre nos preguntaremos si merecemos un público como el que tenemos. Siempre ha sido especialmente participativo y es el generador de nuestro auténtico set list", reflexionan Llàtzer Méndez y Luis Arboledas a tres meses del concierto que ofrecerán en Son Fusteret (Palma)

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Manu Mielniezuk / B. Ramon
¿Qué tal se ha llevado Ossifar con los estudios de grabación a lo largo de su historia?
Llàtzer Méndez: Si Brian Epstein se ganó el apodo del ‘quinto Beatle’, nosotros siempre consideramos a Toni Fernández el octavo Ossifar. Era una relación mucho más allá de la de ingeniero de sonido. Todos los discos los grabamos con él.
Luis Arboledas: Ahora con Toni Noguera nos pasa igual, la relación es muy estrecha.
Ll. M.: Quizá sea por nuestra ‘indiosingracia’ pero todos nuestros acercamientos con la periferia del mundo de la actuación en directo y las grabaciones siempre han sido cojonudos. Yo no recuerdo ningún marrón.
¿Recuerdan la primera vez que se entregaron a una grabación?
Ll. M.: En 1986, para una maqueta en el primer estudio de Toni Fernández, en su casa, en Son Serra-La Vileta (barrio de Palma). Le llamábamos ‘S’estudi dels indiots’, porque había unos pavos que cuando entrábamos nos saludaban con un ‘gluglú’. Aquella fue la famosa maqueta que rodó por ahí hasta 1990, cuando hicimos nuestro primer disco [Cansiones de amor amb los calsones baixos], de nuevo con Fernández pero ya en su estudio de Cas Català.
¿Qué es lo más gamberro que han hecho en un lugar tan serio como un estudio?
L. A.: Es imposible decir solo una gamberrada. Se me vienen a la cabeza tal cantidad de barbaridades… Y no está bien contarlas. Toni Fernández, con su semblante serio, nos dijo un par de veces: “Señores, esteim per feina”. Mira, por contarte una anécdota muy tonta, comparada con las barbaridades que omitiremos: grabando ‘En Gori Cúper té morenes’ teníamos la idea de que sonasen los mugidos de algunas vacas y toros antes de empezar. El mugido en cuestión, de esos de efectos especiales, no nos acababa de gustar, así que decidimos ponerlo nosotros. Diría que son las tomas que más nos ha costado meter, porque el primero que mugía era Biel [Mesquida], y cuando lo hacía, Llàtzer y yo nos doblábamos de la risa.
Ll. M.: Biel, con su voz tan profunda, grave, mugía como un toro castrado. “Señores, esteim per feina. Llevamos 20 minutos intentando grabar esto”, insistía Toni Fernández.

Luis Arboledas y Llàtzer Méndez, en el estudio de grabación de Antoni Noguera / B.RAMON
“Será una canción para dar nuestro corazón a todo el público”, han adelantado de su esperada nueva canción. ¿No estarán pensando en pasarse a baladistas?
L.A.: No, ni tampoco pasarnos a boleristas o raperos. Nosotros hemos hecho de todo pero te puedo asegurar que no será una balada.
Ll. M.: En todo caso es una ‘palada’, de agradecimiento, crítica y reivindicación. Diríamos que la nueva canción tiene estas tres patas. Tampoco podemos desvelar mucho más. Sí comentaré que tener a Carlos Lambertini es toda una suerte, aunque esté distante. Reside en Canarias pero le silbamos algo al oído y te devuelve un temazo. Y eso es un lujo impagable. Añádele que Sergio Llopis hará un arreglo de cuerda y…
L. A.: Ya le has dicho que habrá un arreglo de cuerda. ¡Yo soy el bocas!
¿Qué les ha enseñado su público?
L. A.: Más que enseñarnos, que también, nos ha hecho ser consciente de la inmensa suerte que hemos tenido. Que la gente se lo pase muy bien con nosotros es algo que nos toca el corazoncito. Eso siempre lo apreciamos, desde el primer bolo que dimos, que fue en Pollença. Lo que nos tocó bien la patata fue lo de Inca, en el Quarter General Luque. Aquello fue un auténtico espectáculo.
Ll. M.: Siempre nos preguntaremos si merecemos un público como el que tenemos. Siempre ha sido especialmente participativo y es el generador de nuestro auténtico set list. Eso se veía claramente, los temas se disparaban de manera automática. Siempre ha sido un público muy expresivo.
¿Aquel primer bolo de Pollença ha sido el más loco de cuantos han ofrecido?
L. A.: No fue el más loco pero como todos tuvo anécdota, bueno como todos, hubo alguno que fue hasta serio, sin barbaridades. En aquel de Pollença estábamos probando sonido con ciertas letras que no eran del disco. Era en la plaza, donde justo detrás está la iglesia, y de pronto salió el sacristán diciendo que, por favor, que cantásemos más flojo, sobre todo lo que estábamos cantando, que lo hiciéramos con un poco de decoro y bajásemos el volumen.

Luis Arboledas y Llàtzer Méndez, en el estudio de grabación de Antoni Noguera / B.RAMON
Ll. M.: Nuestro amateurismo, en contraste con la banda de musicazos que, por suerte, siempre tuvimos detrás y seguimos teniendo, hacía que Ossifar emitiese una onda distinta. Nosotros no éramos músicos profesionales, cantábamos como podíamos, y seguimos cantando como podemos. Y creo que ahí había frescura, una especie de normalidad en la irreverencia. Estamos para disfrutar, el que quiera escuchar gente que cante bien que se vaya a otro sitio. Éramos insolentes, si se puede decir así, pero sin quererlo generar, de manera total y absolutamente transparente. Y eso yo creo que el público lo pillaba rápidamente.
L. A.: Seguramente existan muchos grupos, muy reconocidos, que probablemente en sus ensayos hagan esas irreverencias y sean insolentes, y en los conciertos se comporten de manera seria. Nosotros las hacíamos cuando ensayábamos y cuando subíamos al escenario, no nos cortábamos, no teníamos ningún freno, o muy poquito freno.
Han asegurado que el nuevo tema “generará muchas lágrimas”...
L. A.: Eso es una gilipollez que dije yo, una ‘hipórbole’ (risas), porque Lázaro dijo que era una canción que tenía un punto emotivo y entonces yo, como siempre, le corté cuando habla y solté lo de “muchas lágrimas”.
¿Ya le han puesto nombre a la criatura?
Ll. M.: Sí, y además vas a estar de acuerdo.
¿Por qué?
Ll. M.: Porque sí, porque lo sabemos.
L. A.: Hay títulos con los que uno no tiene por qué estar de acuerdo. Por ejemplo, Dos gardenias.
¿Le cambiaríais el nombre a alguna canción vuestra?
Ll. M.: Yo siempre tendré la sensación de, en algunos aspectos, habernos quedado cortos. Yo creo que nosotros disfrutamos de un estatus, especialmente en 1992 y 1993, que fue a raíz de El Sheriff Ripoll. Ahí perdimos oportunidades porque hubiésemos podido ser el triple de punzantes. Fuimos cómicos graciosos pero quizá dejamos pasar oportunidades de disfrutar a tope de la situación en que estábamos. No éramos conscientes, lo vemos ahora. Hace unas semanas una mujer nos dijo: “no tenéis ni idea de quiénes sois vosotros. No os hacéis una idea de lo que generáis, de lo que movéis”. Pues es verdad. No nos dábamos cuenta por muchos motivos.

Los dos músicos, con el productor Antoni Noguera / B.RAMON
L. A.: Nadábamos en la ambulancia (risas). Tanto tú como yo estábamos bastante liados con el curro habitual. A mis amistades siempre les digo que mi profesión es la de músico y la medicina es un hobby. Tengo una profesión muy mal pagada y un hobby bien pagado. Que el Señor me perdone por compararnos con los Beatles, iban a trabajar al estudio, ahí se ponían y estaban todo el puto día, que si la guitarrita, que si el piano, apuntando letras, y así todos los días les salió lo que les salió. Nosotros había veces que Miquel Àngel Sancho [el dueño de la discográfica Blau] nos decía: “bueno, ¿ya tenéis algo?”. Y mentíamos: “sí, sí, ya lo tenemos”. A la semana y media nos decía: “dentro de un mes y medio entráis en el estudio”. Y cundía la alarma porque no teníamos nada.
Ll. M.: Yo os hacía sufrir porque yo sí tenía.
¿Saben que suenan como candidatos a la Medalla de Oro de la Comunidad para 2027?
L. A.: ¡Qué tonto eres! No creo que se atrevan.
Ll. M.: No, y nos lo van a dar. Hay dos premios que nos dieron y por los que tenemos respeto pese a que la gente no nos conoce. Uno es el Eructo de Plata. El que nos ganó sigue entubado (risas). Y el otro es la famosa, reconocida y premiada tesis Afinar es elitista.
L. A.: Son dos premios que han perdido el conocimiento.
Se olvidan del Premi d’Honor que les concedió Enderrock en 2024.
Ll. M.: Un premio que valoramos especialmente, por el significado que tiene.
L. A.: Y porque es el único premio que tenemos, junto a un Siurell de plata.
¿Cómo saben que estamos ante un nuevo éxito en su repertorio?
Ll. M.: No nos lo planteamos así, es decir, no debe ser así. Esta nueva canción es una aportación, modo agradecimiento, es como saldar una deuda, y de paso metemos dos puntillitas con dos cosillas graciosas, cómicas... El mensaje, gracioso, va al hilo del sentimiento de muchísima gente vinculada a la música, y hay un guiño a las cosas chungas que pasan en el mundo, pero solo es un guiño. Yo creo que estará guay. Pero esta canción no nace del mismo modo que si estuviésemos en fase disco, que es completamente distinto. No tiene absolutamente nada que ver. Está quedando muy bien porque intervienen, como siempre, manos expertas y gente con muy buen gusto. Luis y yo procuraremos estropearlo lo menos posible, pero no nace con este objetivo. Creemos que va a gustar porque ya hemos dejado nuestra impronta pero no va en esa línea. Tampoco sabemos si será recordada.
L. A.: Será una gracia. Realmente esta canción proviene del concierto de Inca. Aquel concierto nos impactó, “la que hemos liado”, nos dijimos. Queremos agradecer a la gente lo que ha hecho.
Hay quien piensa que Ossifar ya trabaja en un nuevo disco.
L. A.: De ningún modo hay que pensar que vamos a volver a grabar. Que nadie espere un disco nuevo de Ossifar. Yo no lo espero.
Ll. M.: Yo tampoco.
30 años sin grabar una nueva canción. Son ustedes el claro ejemplo de que en la música también se puede vivir de rentas.
L. A.: Esto no se debe decir porque habrá músicos que lo crean. De las rentas de la música se puede vivir si tienes mucha suerte. Nosotros, habiendo tenido el éxito que hemos tenido en Mallorca, no hubiéramos podido vivir de la música.
Ll. M.:Bueno, a ver...
L. A.: Bueno, tú sí, pero yo no. Yo soy muy exigente.
Ll. M.: Lo que quería decir es que hay que reconocer que Ossifar siempre estuvo muy bien pagado.
¿Ossifar les ha hecho millonarios?
L. A.: ¿Millonarios?Si hablamos de céntimos de pesetas, sí.
Ll. M.: Ossifar nunca ha estado por la pasta. En sus orígenes no era así. pero es verdad que después se profesionalizó mucho. Ahí había detrás mucha historia, discos, etcétera y tal. Nosotros hemos tenido todas las recompensas posibles que se pueden tener. Yo siempre he dicho, y creo que es cierto, que si al subir a un escenario en cualquier población de Mallorca donde íbamos a tocar aquella noche, se hubiese acercado el concejal de turno y nos hubiese dicho, oye, perdonad un momento, mejor que no subáis porque no os vamos a poder pagar, pues lo más probable es que hubiéramos seguido subiendo la escalera. Porque había una gran parte de disfrute.
Triunfaron en Inca, ante 4.500 espectadores, con el cartel de “todo vendido”, y van camino de repetirlo en Son Fusteret.
L. A.: Nuestro plan inicial para el concierto de Inca era, tras la rueda de prensa que ofrecimos, ir haciendo promoción a lo largo de dos meses para poder vender entradas. Y de pronto nos encontramos con que a los cinco días se había vendido todo. “¿Y ahora qué hacemos?”, nos dijimos. Los primeros sorprendidos éramos nosotros, no lo esperábamos. Nos sorprendió muchísimo.
Ll. M.: Cuando planteamos todo lo del concierto de Inca surgieron todas las opiniones posibles, desde el más optimista al menos, porque realmente no había pesimismo. Nosotros ya hubiéramos estado totalmente felices con 2.000 o 2.500 personas. Y al quinto día de ponerse las entradas a la venta, ya sabíamos que aquello iba a estar petado. Sin embargo, la sensación, al menos la que tuve yo, cuando subimos, tirando de los váteres correspondientes, y ves aquello... fue algo realmente complicado de describir. Fue un subidón, un impacto grande, grande, grande.
L. A.: Y eso que por culpa de los pinganillos no oíamos al público, solo un poquito.
Ll. M.: Nos dimos cuenta de todo cuando fuimos al estudio de Rafa Rigo, para cortar los espacios entre canción y canción, de cara a IB3 Televisió. “¿Pero esto qué es?”, comentamos cuando oímos el concierto entero. ¡El público cantaba más alto que nosotros! Será muy complicado repetir la atmósfera que se logró en Inca. Lo de Son Fusteret es más espacioso, será más cómodo para el público… El aforo creo que está alrededor de 8.000 personas. Hay zonas Vip, premium, de grada… Las zonas más cómoda ya están ‘sold out’ desde hace tiempo. Jamás en la vida pensé que íbamos a tener una acogida como la de Inca. Hay cosas que juegan un poquito en nuestra contra, que dan más valor a lo que ha pasado. Nosotros movemos personas de 80 años, de 70, gente que no está acostumbrada a comprar tickets por internet, personas que no están en la ‘pomada’, en la movida. Hay que saber a qué universo te diriges.
L. A.: Por eso se ha vendido más en la zona premium, Vip y grada, porque la gente quiere estar sentada.
¿Me está diciendo que el público de Ossifar también hace cardio, pilates, yoga y meditación, como ustedes?
L. A.: Sí, por supuesto, y tactos rectales.
¿Cuántas ofertas han recibido desde su regreso, para festivales, verbenas y otros saraos?
Ll. M.: Directamente ninguna, pero sí sabemos que si chasqueamos los dedos podríamos hacer 25 galas y muy bien pagadas. De hecho la mayoría de la gente pensaba que íbamos a hacer eso, pero fuimos serios y no dimos opción, ni hemos dado ni daremos. Creemos que no toca. A mí me da una pereza brutal.
L. A.: Para hacer una gira, lo honesto es hacerlo al hilo de un nuevo disco, y eso, como te hemos dicho, no va a pasar.

Grabadas las voces de referencia, los músicos de Ossifar entrarán en el estudio los próximos días / B.RAMON
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