Entrevista
Llucia Ramis publica 'Un metro cuadrado': "Los propietarios no notan la angustia constante que sufren los inquilinos"
La escritora y periodista mallorquina une memorias, crónica y reportaje de los lugares en los que ha vivido y a los que regresa para mostrar cómo se transforman las ciudades y cómo la vivienda ha pasado de ser un hogar a un activo

La escritora mallorquina Llucia Ramis, este miércoles antes de la presentación de ‘Un metro cuadrado’ en Rata Corner / Lua C.L.

¿Ha sustituido la angustia de los precios del alquiler por la nueva de la subida del Euríbor?
No porque la cuota es mucho menor que el aumento actual de los alquileres en Barcelona. Aunque la hipoteca me subiese un 4%, sería menos que lo que pagaría si fuese inquilina. Además, me he dado cuenta de una situación perversa, que angustia menos estar 30 años endeudada con un banco que no saber dónde vivirás cuando venza el contrato de alquiler, ya que no solo pierdes tu casa, sino seguramente también tu entorno, tu barrio, tu ciudad y, en el caso de Mallorca, tal vez también tu isla. Eso es lo que veo realmente aterrador, la pérdida de los vínculos con la comunidad. Esa relación de vecindad y todo lo que conforma tu día a día de ningún modo garantiza que puedas seguir ahí cuando venza el contrato.
Ahora los inquilinos viven otra preocupación: saber si la prórroga aprobada por el Gobierno decaerá en caso de que Junts vote en contra en el Congreso.
Es una medida necesaria, sobre todo ahora, en esta situación de emergencia, aunque por sí sola no solucionará el problema. Tiene que ir acompañada de otras medidas. De todos modos, hay que cambiar el foco y ponerlo en que el problema es de la vivienda, no de la propiedad. Se está generando un discurso que traspasa toda la responsabilidad a los propietarios en vez de ponerla en la administración, que es la que tendría que legislar al respecto. El libro se inicia con los artículos 33 y 47 de la Constitución, el derecho a la propiedad y el derecho a la vivienda digna. Desde el franquismo, todas las políticas de vivienda han estado dirigidas al derecho a tener una propiedad y no tanto al de disfrutar de una vivienda, que puede ser de otro modo distinto al de propiedad.
Un periodista francés frente a Casa Orsola le preguntó si existe una solución al grave problema de la vivienda. En el libro plantea la de las cooperativas. ¿Por qué parece no interesar?
Pese a que mi intención no es proponer soluciones, sino explicar la complejidad del problema, dos alternativas son las cooperativas en cesión de uso o viviendas públicas en alquiler. Sin embargo, nunca han interesado debido a que siempre se ha fomentado la propiedad, en el franquismo y todos los gobiernos democráticos. Los incentivos han ido encaminados hacia la compra, en realidad hacia la deuda con los bancos, que viven de eso. Nunca hubo incentivos al alquiler y hasta las viviendas sociales eran para comprar, que con los años se han acabado vendiendo y ese suelo ha terminado en manos privadas.

Portada de 'Un metro cuadrado' / Libros del Asteroide
El Govern balear se va a gastar 300 millones en ampliar el metro. ¿Destinarlo a vivienda pública no le daría más votos?
Hacer vivienda social es básico pero no les da votos. A diferencia de pagar impuestos para la sanidad y la educación, que son consideradas derechos universales, muchos de los votantes no quieren destinar su dinero a vivienda pública. Al final caló tanto el derecho a la propiedad que es lo que ha predominado. Sin embargo, ahora los alquileres son tan altos que la gente ni siquiera puede ahorrar para la entrada de la hipoteca. La solución al problema de la vivienda no puede depender de que puedas hipotecarte, heredar, volver a la casa familiar o, en el caso de los inquilinos sin herencias ni otras alternativas, de que tengas suerte con tu casero. Esta situación deriva en una expulsión paulatina de la comunidad, que hace que veas a los demás como un rival, como un competidor, algo que fomenta la extrema derecha, ya que potencia la individualidad.
El Inversor, el único testimonio que defiende la vivienda como un activo, dice que los políticos solo aplican «medidas estéticas que no funcionan». Corrobora su tesis.
Sí. Además, si hubiese políticas sociales sólidas y potentes a favor de la vivienda, se evitarían estos confrontamientos que surgen cada vez más entre caseros e inquilinos. Se está fomentando un recelo entre ambos difundiendo términos como ‘inquiocupas’, que provocan que los propietarios quieran inquilinos con una gran solvencia económica. Desde el inquilino hacia el casero también hay recelos al pensar que si le piden una rebaja, creerán que no son solventes y terminarán por no renovarles el contrato.
¿Habrá una nueva crisis?
Creo que habrá una crisis muy gorda, pero no como la de 2008, que impactó sobre todo en 2010. En aquella los mercados aprendieron muy bien la lección y no volverán a caer. Esta vez pienso que no habrá una burbuja inmobiliaria, sino que explotará en un sentido social. ¿Qué ocurrirá con toda la gente que no va a poder renovar el alquiler en estos próximos años? Se quedarán sin casa en la que vivir y acabarán en caravanas o chabolas, algo que ya está ocurriendo y tristemente se ha normalizado, que personas con un trabajo vivan en esa precariedad. Me alucina que la clase política no esté respondiendo a eso, es como si realmente no fueran conscientes de la gravedad del problema.
¿La sociedad sí lo es?
Tampoco todos. He conversado con gente estabilizada en materia de vivienda que me pregunta si no hay exageración en todo este tema. Cuando era inquilina también me di cuenta de que quienes no pagan un alquiler y son propietarios no notan la dimensión de la angustia, ese malestar constante, esa sensación de alerta que sufren los inquilinos por lo que pueda pasar. Tampoco son conscientes de lo que significa quedarte sin tu casa. Si no puedes permanecer en ella durante un tiempo indefinido, ¿cómo vas a sentir la estabilidad que exige un hogar donde hacer tu vida?
Además de los inversores, otro elemento desestabilizador de los precios son los portales, que los aumentan hasta un 30%. ¿Cómo se para esa bola de nieve?
En el momento en que las casas y las propias ciudades se convierten en activos, las deshumanizamos. Los algoritmos de estos portales de venta y alquiler lo que provocan es reforzar la hegemonía del mercado porque potencian el discurso de la vivienda como negocio. Los intermediarios, que cobran comisión, animan a los propietarios a ganar más y provocan esa bola de nieve tan difícil de detener.
Suscríbete para seguir leyendo
- El fallecido en el accidente de moto en Sóller era el dueño del bar del mercado
- La Reina Sofía no pudo fotografiarse junto a sus hijas en la Catedral
- Estas son las panaderías y pastelerías emblemáticas de Palma
- Panaderías que resisten en Palma: 'Si no hay continuidad, se puede convertir en un producto muy de lujo
- Chema Martínez: «Me encanta que alguien me diga que empezó a correr gracias a mí»
- Controversia vecinal por la reforma de la avenida principal de Santa Ponça: asfalto en las aceras y sin árboles
- Un trabajador que sufrió un infarto interpone una reclamación al IbSalut porque le dieron el alta en Palma sin saberlo
- Apilar piedras en Mallorca: «La gente lo olvida todo por la foto»